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Ashley Alban Mi Hermanastra Prueba su Nueva Lencería

6379 palabras

Ashley Alban Mi Hermanastra Prueba su Nueva Lencería

Estás en la casa de tu papá en la colonia Roma de la CDMX, ese departamento chido con balcón que da a las calles llenas de vida. Tu viejo se casó hace un año con una morra guapísima, y con ella llegó Ashley Alban, tu hermanastra. Ashley es una chava de veinticinco, con curvas que matan, pelo negro largo y ojos que te clavan como puñales. Trabaja en modelaje, algo de contenido en línea, y siempre anda experimentando con ropa interior que te deja babeando. Hoy es sábado, el sol entra por las cortinas, y el aire huele a café de olla que tu madrastra dejó listo.

Oyes la puerta de su cuarto chirriar, y sale envuelta en una bata de seda roja, esa que se pega a su piel morena como miel. ¡Ey, carnal! te grita con esa voz juguetona, chilanga pura. ¿Me ayudas con algo? Compré lencería nueva y necesito una opinión de hombre de verdad. Mi jefazo no está, vente. Tú sientes un cosquilleo en el estómago, el corazón que late más rápido. ¿Qué pedo? Esto no es normal entre hermanastros, piensas, pero tus pies ya caminan solos hacia su habitación. El olor a su perfume, vainilla y jazmín, te invade como una niebla caliente.

Entra y cierra la puerta con un clic suave. El cuarto es un desmadre sensual: posters de viajes a la playa, velas aromáticas apagadas que huelen a coco, y en la cama, bolsas de Victoria's Secret esparcidas. Ashley se quita la bata despacio, revelando un bra de encaje negro que apenas contiene sus chichis firmes. Mira esto, ¿qué tal? dice girando, su culo redondo marcado por un tanga diminuto. Tú tragas saliva, sientes la verga endurecerse en tus jeans. Puta madre, está cañona. Está chingón, balbuceas, la voz ronca.

En mi mente pasa un flash: "Ashley Alban step sis tries on new lingerie". Como si fuera el título de uno de sus videos que vi una vez por accidente. Ella se ríe, como si leyera tus pensamientos.

¡Ja! ¿Sabes qué? Debería grabar uno así, "Ashley Alban step sis tries on new lingerie". Sería un hit en mis redes, ¿no crees, pendejo? Te guiña el ojo, y se acerca, su aliento cálido en tu cuello. El tacto de su mano en tu brazo es eléctrico, piel suave contra tu piel erizada. Prueba el siguiente set: rojo fuego, ligueros que suben por sus muslos carnosos. Camina como en pasarela, el roce de la tela susurrando, sus caderas balanceándose hipnóticas. Tú estás sentado en la orilla de la cama, el colchón hundiéndose bajo tu peso, y el calor de su cuerpo cerca te hace sudar.

La tensión crece como tormenta. ¿Te gusta o qué? Tócalo, siente la calidad, dice metiendo tu mano en la liga. Tus dedos rozan su piel tibia, suave como pétalo, y bajas hasta el borde del tanga. Ella jadea bajito, un sonido que vibra en tu pecho. No mames, esto va en serio. Sus pezones se marcan duros bajo el encaje, y el olor de su excitación empieza a flotar, almizclado y dulce. Tú la miras a los ojos, oscuros y hambrientos. Ashley, esto... somos hermanastros, murmuras, pero tu mano no se mueve.

¡Y qué! Paso no hay sangre, ¿verdad, güey? Solo dos adultos que se calientan mutuo. Se sube a horcajadas sobre ti, sus muslos apretando los tuyos, el calor de su panocha contra tu verga tiesa. Beso sus labios carnosos, sabor a menta y deseo, lenguas enredándose húmedas. Manoseas sus chichis, pesadas y elásticas, pellizcando pezones que la hacen gemir ahhh contra tu boca. La bata cae al suelo con un susurro, y ella desabrocha tu camisa, uñas raspando tu pecho, dejando rastros rojos de placer.

La volteas en la cama, el crujido de las sábanas frescas bajo sus cuerpos. Besas su cuello, salado de sudor, bajando por el valle de sus senos. Chupas un pezón rosado, duro como piedra, mientras tu mano se cuela en el tanga. Está empapada, jugos calientes cubriendo tus dedos. ¡Sí, carnal, métela! gime, arqueando la espalda. Introduces dos dedos, su coño apretado succionándolos, paredes aterciopeladas pulsando. El sonido es obsceno: chapoteo húmedo, sus jadeos roncos mezclados con ¡chinga más duro!.

Te quitas los jeans a patadas, tu verga saliendo libre, venosa y palpitante. Ella la agarra, piel contra piel ardiente, masturbándote lento, pulgar en la cabeza mojada de precum. Qué verga más rica, pa' mí nomás, murmura lamiendo labios. Se pone de rodillas, pelo cayendo como cascada, y te la chupa profunda. Boca caliente, lengua girando alrededor del glande, saliva goteando por el tronco. Tú agarras su cabeza, empujando suave, el olor de su cabello mezclándose con el almizcle de sexo. Esto es el paraíso, no mames.

La tensión sube como volcán. La recuestas, abres sus piernas, muslos temblando. Lames su panocha, clítoris hinchado salado-dulce, jugos en tu barbilla. Ella grita ¡órale, sííí!, caderas moviéndose contra tu cara, manos enredadas en tu pelo tirando. Estás al borde, verga goteando, pero aguantas. Cógeme ya, no aguanto, suplica. Te colocas, la cabeza rozando su entrada húmeda, y empujas despacio. Su coño te envuelve apretado, caliente como horno, cada centímetro un éxtasis. Empiezas a bombear, piel chocando piel con palmadas rítmicas, sudor perlando cuerpos entrelazados.

El ritmo acelera, camas rechinando, gemidos llenando el cuarto. ¡Más fuerte, pendejito! grita, uñas clavándose en tu espalda, placer punzante. Tú la penetras profundo, bolas golpeando su culo, su interior contrayéndose ordeñándote. Sientes el orgasmo venir, bolas tensas, me vengo. ¡DENTRO! ¡Lléname! ordena. Explota en chorros calientes, llenándola, su coño spasmeando en oleadas, gritando tu nombre. Cuerpos temblando pegados, pulsos latiendo al unísono.

Caen exhaustos, respiraciones agitadas calmándose. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel húmeda. El cuarto huele a sexo crudo, sábanas revueltas empapadas. Eso estuvo de puta madre, hermanastro. ¿Repetimos? susurra con risa pícara. Tú besas su frente, sabor salado. Esto cambia todo, pero qué chingón cambio. Afuera, la ciudad zumba indiferente, pero aquí, en este nido de placer, el mundo es perfecto. Ashley se acurruca, su calor envolviéndote, promesa de más noches calientes.

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