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Saboreando Ejemplos de Triosas Tetrosas Pentosas Hexosas y Heptosas

6587 palabras

Saboreando Ejemplos de Triosas Tetrosas Pentosas Hexosas y Heptosas

Estaba sentado en el auditorio de la Facultad de Química de la UNAM, sudando un poco bajo el sol que se colaba por las ventanas altas. La profe, una morra bien buena con curvas que no mentían, explicaba con voz ronca sobre carbohidratos. "Ejemplos de triosas tetrosas pentosas hexosas y heptosas", dijo, garabateando en el pizarrón nombres como gliceraldehído y eritrosa. Neta, mi mente voló. Imaginé cuerpos dulces, pieles que se deshacían en la lengua como azúcar morena. Mi verga dio un brinco en los jeans. Alrededor, unas chavas del salón me miraban de reojo, riéndose bajito. La tensión empezó ahí, un cosquilleo en el estómago que pedía más.

Después de clase, mis cuates me jalaron a un antro en la Condesa, de esos con luces neón y reggaetón retumbando. "¡Órale, Alex, suelta el estrés!", gritó Marco, pasándome un chela fría. El aire olía a tequila y perfume barato, sudor fresco mezclándose con el humo de los cigarros electrónicos. Ahí las vi: cinco morras del salón de bioquímica, en una mesa apartada, vestidas con tops ajustados y faldas cortas que dejaban ver muslos tersos. La líder, una chaparrita de ojos negros como el chocolate, se presentó como Triosa. "Soy el ejemplo más simple, wey, pero dulce de a madre". Sus amigas rieron: Tetrosa, con tetas que pedían ser apretadas; Pentosa, flaca pero con caderas que hipnotizaban; Hexosa, voluptuosa, piel canela brillante; y Heptosa, la reina, alta y con labios carnosos que prometían pecados.

Me invitaron a su mesa, y la charla fluyó como miel caliente. Hablaron de la clase, de cómo los "ejemplos de triosas tetrosas pentosas hexosas y heptosas" eran como ellas: simples al principio, pero complejas en el sabor. Triosa se acercó primero, su aliento a chicle de fresa rozando mi oreja. "¿Quieres probar un ejemplo?", susurró, su mano tibia subiendo por mi muslo. El corazón me latía como tamborazo en feria. Consentí con un guiño, neta excitado por el juego. Nos fuimos a un rincón oscuro del antro, donde la música ahogaba todo.

¿Qué chingados estoy haciendo? Cinco morras queriéndome comer vivo. Pero se siente cabrón de bueno, como si mi cuerpo gritara por más.

Triosa era pura simplicidad deliciosa. Sus labios suaves como algodón de azúcar se pegaron a los míos, lengua juguetona danzando ligera. La toqué por encima de la blusa, sintiendo pezones duros como piedritas de caramelo. Olía a vainilla y deseo fresco, su piel cálida bajo mis dedos. Gemía bajito, "Así, carnal, saborea la triosa". Mi verga palpitaba, dura contra su panza plana. No pasó de besos y roces, pero dejó mi boca con sabor a promesas, el pulso acelerado como si hubiera corrido una carrera.

Volvimos a la mesa, y Tetrosa tomó el relevo. "Mi turno, pendejo juguetón". Fuera del antro, en el callejón fresco de la noche condesa, con el aroma a tacos al pastor flotando, me jaló contra la pared. Cuatro manos ahora: las suyas y las de Triosa ayudando. Desabrochó mi chamarra, lamió mi cuello con lengua áspera, saboreando sal de mi sudor. Sus tetas, pesadas y firmes, se apretaron contra mi pecho, olor a loción de coco invadiendo mis sentidos. La bajé los tirantes, chupé un pezón rosado, dulce como tetrosa pura. Ella jadeaba, "¡Ay, wey, qué rico!", mientras su mano metía en mis pantalones, apretando mi verga hinchada. El roce era eléctrico, piel contra piel, humedad creciendo en su calzón. Casi me vengo, pero paró, riendo. "Aún no, espera las complejas".

La tensión subía como fiebre. En el depa de Pentosa, a unas cuadras, el aire olía a incienso y mariguana light –nada heavy, puro relax–. Las cinco entraron conmigo, risas nerviosas rompiendo el silencio. Pentosa, atlética con piernitas fuertes, se desnudó primero, cuerpo lampiño brillando bajo la luz tenue. "Prueba esta pentosa, flexible y jugosa". Me tumbó en la cama king size, montándome la cara. Su concha rosada, húmeda y tibia, sabía a nectarina madura, jugos chorreando en mi lengua. Lamí despacio, sintiendo sus muslos temblar, olores almizclados mezclados con su perfume floral. Las otras miraban, tocándose, gemidos suaves como fondo musical. Mi verga erguida, palpitante, rogaba atención. Pentosa se corrió primero, arqueando la espalda, grito ahogado "¡Chin...!". El sabor me inundó, dulce y salado.

Hexosa no esperó. Voluptuosa, con panza suave y nalgas anchas, se sentó en mi verga despacio, envolviéndome en calor resbaloso. "Soy hexosa, completa, lléname". El slap de piel contra piel retumbaba, sudor perlando sus curvas, olor a sexo puro llenando la habitación. La embestí desde abajo, manos hundidas en su carne temblorosa, pechos botando como frutas maduras. Tetrosa y Triosa lamían mis bolas, lenguas calientes y húmedas, mientras Pentosa besaba mi boca, compartiendo sabores. Heptosa observaba, masturbándose, dedos hundiéndose en su coño depilado. El clímax se acercaba, pulsos sincronizados, respiraciones jadeantes. "Neta, esto es el paraíso químico", pensé, perdido en sensaciones: tacto aterciopelado, sonidos húmedos, vistas de cuerpos entrelazados.

Finalmente, Heptosa, la diosa. "El ejemplo más raro y exquisuto". Todas alrededor, guiándome. Su cuerpo alto, piel morena suave como seda, se abrió para mí. Entré en ella de lado, verga deslizándose en profundidad infinita, apretada y caliente. Olía a jazmín y arousal intenso, sabor de sus labios como caramelo quemado. Las otras se unieron: Triosa en mi boca, Tetrosa montando mi mano, Pentosa y Hexosa lamiendo pezones y cuello. Era un torbellino sensorial –gemidos corales, pieles resbalosas de sudor, jugos mezclados goteando, pulsos latiendo al unísono. La embestí fuerte, "¡Sí, cabrón, así!", gritó Heptosa, uñas clavándose en mi espalda. El orgasmo explotó como volcán, semen caliente llenándola, mientras ella se convulsionaba, chorro dulce mojando sábanas. Las demás llegaron en cadena, cuerpos temblando, aire espeso de placer.

Después, tumbados enredados, chelas tibias en mano, risas suaves. El cuarto olía a sexo satisfecho, pieles pegajosas enfriándose. Triosa me besó la frente. "Buen saboreador de ejemplos de triosas tetrosas pentosas hexosas y heptosas". Sentí paz, un glow profundo, como si hubiera descubierto la fórmula del éxtasis. No era solo chingazo; era conexión, dulzura compartida. Mañana, clase normal, pero esto quedaría grabado, un secreto dulce en mi sangre.

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