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Trio Ardiente con Mi Amigo y Su Esposa

7608 palabras

Trio Ardiente con Mi Amigo y Su Esposa

Todo empezó una noche de viernes en la casa de Marco y Valeria, mis carnales de toda la vida. Vivían en un depa chido en Polanco, con vista al skyline de la CDMX que brillaba como diamantes bajo la luna. Yo, Alex, había llegado con una botella de tequila reposado, listo para una parrandita relajada después de una semana de puro estrés en el jale. Marco, mi compa desde la uni, siempre ha sido el rey de las fiestas, con su sonrisa pícara y ese cuerpo atlético de quien no para de ir al gym. Valeria, su esposa, es una morra de esas que te dejan boquiabierto: curvas perfectas, piel morena como chocolate, ojos negros que te tragan entero y un culo que parece esculpido por los dioses.

Estábamos en la terraza, con el viento fresco rozando la piel, el aroma de las flores de bugambilia mezclándose con el humo de la parrilla donde Marco volteaba unos cortes de arrachera. La música ranchera suave sonaba de fondo, un corrido de Los Tigres del Norte que nos ponía nostálgicos. Brindamos con shots de tequila, el líquido ardiente bajando por la garganta, calentándome el pecho. Qué chido estar aquí con ellos, pensé, mientras Valeria se recargaba en mi hombro, su perfume dulzón de vainilla invadiendo mis sentidos.

¿Y si le digo que siempre me ha gustado? No, güey, son tus amigos. No la riegues.

La plática fluyó entre anécdotas de la chamba y chismes de la banda. Marco soltó una risa ronca y dijo: "Órale, Alex, ¿sigues soltero? Todas las morras te pelan, carnal." Valeria me miró con picardía, su mano rozando mi muslo accidentalmente —o no tan accidental—. Sentí un cosquilleo eléctrico subir por mi pierna, mi verga empezando a despertar bajo los jeans. El ambiente se cargaba de algo más, una tensión jugosa que flotaba en el aire como el humo del carbón.

Entramos a la sala, luces tenues, velas parpadeando y lanzando sombras danzantes en las paredes blancas. Nos sentamos en el sofá de piel suave, Valeria en medio, sus tetas generosas presionando contra mi brazo. Hablamos de fantasías, de lo que siempre quisiéramos probar. Marco, con esa confianza de siempre, largó: "Sabes qué, compa, Valeria y yo hemos platicado de un trío con mi amigo y su esposa, pero como no tenemos eso... ¿y si lo hacemos contigo?" Mi corazón dio un brinco, el pulso latiéndome en las sienes. Valeria mordió su labio inferior, sus ojos brillando de deseo.

¿En serio? Esto no puede estar pasando. Asentí, la boca seca, el tequila dándome valor. "Si ustedes quieren, yo estoy puesto", respondí, mi voz ronca.

La cosa escaló despacio, como un fuego que se aviva con cuidado. Valeria se giró hacia mí, sus labios carnosos rozando los míos en un beso tentativo, suave como terciopelo. Sabían a tequila y miel, su lengua explorando la mía con hambre contenida. Marco nos miraba, su mano masajeando el cuello de ella, luego bajando a sus pechos. El sonido de sus respiraciones agitadas llenaba la habitación, mezclado con el zumbido lejano de la ciudad abajo.

Nos quitamos la ropa con urgencia perezosa, dedos temblorosos desabotonando camisas, jeans cayendo al piso con un thud sordo. La piel de Valeria era cálida, suave como seda bajo mis palmas, sus pezones endureciéndose al roce de mis pulgares. Marco se acercó por detrás, besando su cuello, sus manos grandes cubriendo las mías sobre esos senos perfectos. Olía a sudor limpio y loción de hombre, un aroma macho que me ponía más caliente.

Esto es una locura, pero se siente tan bien. Sus cuerpos contra el mío, piel con piel.

Valeria se arrodilló entre nosotros, sus ojos subiendo con lujuria pura. Tomó mi verga en su mano, dura como piedra, la piel tensa y palpitante. La lamió desde la base hasta la punta, su lengua caliente y húmeda enviando ondas de placer por mi espina. Marco gimió cuando ella hizo lo mismo con él, alternando, succionando con maestría. El sonido húmedo de su boca, los jadeos bajos, el sabor salado en mis labios cuando la besé de nuevo... todo era un torbellino sensorial.

La llevamos al cuarto, la cama king size nos esperando con sábanas de algodón egipcio frescas. La acostamos en medio, yo besando su boca mientras Marco lamía sus pezones, chupándolos con avidez. Bajé por su vientre plano, inhalando el musk almizclado de su arousal, ese olor terroso y dulce que me volvía loco. Separé sus muslos firmes, su panocha depilada reluciendo de jugos, hinchada y lista. Mi lengua trazó su raja, saboreando su néctar salado-dulce, el clítoris endurecido palpitando bajo mis labios. Ella arqueó la espalda, gimiendo alto: "¡Ay, papi, no pares!" Sus caderas se movían al ritmo de mi boca, manos enredadas en mi pelo.

Marco se posicionó detrás de mí, su verga rozando mi espalda, pero no, esto era sobre ella primero. Nos turnamos, yo penetrándola despacio, su calor envolviéndome como un guante de terciopelo húmedo. Cada embestida profunda hacía que sus paredes internas se contrajeran, ordeñándome. Marco la besaba, sus dedos en su clítoris, acelerando el ritmo. El slap slap de piel contra piel, sus gemidos convirtiéndose en gritos ahogados, el sudor perlando nuestras frentes.

¿Cómo llegamos aquí? Mi mejor amigo y su esposa, compartiendo este placer prohibido. Se siente liberador, como si rompiéramos cadenas invisibles.

La volteamos, Valeria a cuatro patas, su culo redondo invitándome. Marco se metió en su boca, ella mamándolo con fervor mientras yo la cogía por detrás, mis bolas golpeando su clítoris con cada thrust. El cuarto olía a sexo puro: sudor, fluidos, pasión desatada. Cambiamos posiciones fluidamente, ella encima de mí, cabalgándome con gracia felina, tetas rebotando hipnóticas. Marco la penetró por detrás, un doble llenado que la hizo gritar de éxtasis. Sentí su verga a través de la delgada pared, frotando contra la mía, una fricción extra que nos volvía locos a todos.

La tensión crecía como una tormenta, pulsos acelerados sincronizándose. Valeria llegó primero, su cuerpo convulsionando, panocha apretándome como un vicio, chorros de squirt mojando las sábanas. "¡Me vengo, cabrones, no paren!" gritó, voz quebrada. Marco gruñó, eyaculando dentro de ella con un rugido animal, su semen caliente mezclándose. Yo no aguanté más, saliendo para pintarle la espalda de leche espesa, pulsos interminables de placer cegador.

Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. El aire estaba cargado de nuestro olor colectivo, íntimo y satisfactorio. Valeria se acurrucó entre nosotros, besos suaves en mejillas y labios. Marco me dio una palmada en el hombro: "Eso fue chido, carnal. Gracias por el trío con mi amigo y su esposa hecho realidad."

Nos quedamos ahí, piel pegajosa enfriándose, el corazón latiendo en un ritmo post-orgásmico. Hablamos bajito, riendo de lo intenso que había sido, prometiendo discreción pero sabiendo que esto nos unía más. Afuera, la ciudad seguía su ajetreo, pero en ese cuarto, habíamos creado nuestro propio mundo de placer compartido.

Quién diría que un simple shot de tequila llevaría a esto. Un trio con mi amigo y su esposa que me cambió la perspectiva de todo. Y ojalá se repita.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, nos despedimos con abrazos largos y promesas de más noches así. Salí de ahí con el cuerpo adolorido pero el alma plena, el sabor de ellos todavía en mi piel.

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