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Que Significa El Prefijo Tri En Mi Cama

6422 palabras

Que Significa El Prefijo Tri En Mi Cama

La noche en el bar de Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que hace que la piel se sienta viva. Yo, Carla, acababa de pedir un tequila reposado cuando Raul y Diego, dos cuates que conocí en la uni hace años, se sentaron a mi lado. Sus risas roncas llenaban el aire, mezcladas con el sonido de la salsa que retumbaba desde los altavoces. Olía a limón fresco y a sudor limpio, de esos que excitan sin asquear.

"Órale, Carla, ¿qué onda? ¿Sola y tan chida?" dijo Raúl, con esa sonrisa pícara que siempre me ha puesto la piel chinita. Diego, más callado pero con ojos que devoraban, me guiñó un ojo. Hablamos de todo y nada: el pinche tráfico de la CDMX, los tacos al pastor que acabábamos de devorar en la esquina. Pero de repente, en medio de la plática, solté una curiosidad que traía de la chamba.

"Oigan, weyes, ¿qué significa el prefijo tri?" pregunté, riéndome porque sonaba a algo de maestra de español, que era mi jale. Los dos se miraron, con caras de travesura, y Raúl se acercó tanto que sentí su aliento cálido en mi oreja, oliendo a tequila y menta.

"Tri significa tres, carnala. Como triángulo, triciclo... o trío", respondió Diego, bajito, con voz grave que me erizó los vellos de la nuca. El aire se espesó. Mis pezones se endurecieron bajo la blusa ligera, y un cosquilleo húmedo empezó entre mis piernas. Neta, ¿y si...? pensé, imaginando sus manos en mí, tres cuerpos enredados.

La tensión creció con cada shot. Sus miradas se volvieron fuego, y yo no podía dejar de morder mi labio. Raúl rozó mi muslo con el dorso de su mano, un toque casual que no lo era. "¿Quieres que te enseñemos, Sofi? Tres veces más rico", murmuró. Mi corazón latía como tamborazo zacatecano.

Sí, pendeja, lánzate. Hace tiempo que no sientes tanto.
Asentí, y salimos del bar con las piernas temblando de anticipación.


En mi depa de la Roma, el aire olía a velas de vainilla que encendí rápido. La luz tenue de las lámparas hacía que sus cuerpos se vieran como esculturas morenas y firmes. Nos sentamos en la cama king size, y Diego me jaló suave por la cintura. Sus labios encontraron los míos primero: suaves, urgentes, saboreando a tequila y a mí. Raúl observaba, masturbándose lento por encima del pantalón, su respiración pesada llenando la habitación.

"Déjanos mostrarte qué significa el prefijo tri de verdad", susurró Raúl, quitándome la blusa con dedos hábiles. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Diego lamió uno, succionando con un pop húmedo que me hizo gemir. ¡Ay, cabrón, qué chingón! Su lengua era caliente, áspera, trazando círculos que mandaban chispas directo a mi clítoris palpitante.

Raúl se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas con gentileza. Olía a mi excitación, ese aroma almizclado y dulce que inunda cuando estás empapada. "Mira qué mojada estás, reina", dijo, pasando un dedo por mis labios hinchados. Metió la lengua, lamiendo lento desde el ano hasta el clítoris, saboreándome como si fuera el mejor mole del mundo. Grité bajito, arqueando la espalda. Diego chupaba mi teta izquierda mientras masajeaba la derecha, pellizcando justo lo suficiente para doler rico.

La intensidad subía. Me quitaron el calzón de encaje, y yo les arranqué las camisas, sintiendo sus pechos duros, velludos, bajo mis uñas. Sus vergas saltaron libres cuando bajaron los boxers: gruesas, venosas, goteando precum que lamí de la de Raúl primero. Sabía salado, masculino, con un toque de su sudor. La chupé profundo, garganta relajada, mientras Diego me penetraba con dos dedos, curvándolos para golpear mi punto G. ¡Virgen de Guadalupe, voy a explotar!

Pero no. Querían alargar el juego. Me pusieron de rodillas en la cama, yo en el centro del triángulo. Raúl en mi boca, embistiendo suave, su pubis rozando mi nariz con olor a hombre puro. Diego desde atrás, frotando su verga contra mi concha resbalosa antes de entrar de un empujón lento. ¡Ay, wey, qué llenadora! Llenó cada centímetro, estirándome delicioso. El slap slap de piel contra piel, mezclado con mis gemidos ahogados y sus gruñidos, era sinfonía erótica.

Tres: mi boca, mi coño, sus manos en todas partes. Tri significa esto: placer multiplicado.
Cambiaron posiciones. Ahora Diego en mi boca, su sabor más intenso, bolas pesadas contra mi barbilla. Raúl me montó como vaquera, yo rebotando en su verga, sintiendo cómo me abría más con cada bajada. Sudor corría por mi espalda, goteando en su abdomen contraído. El olor a sexo crudo, a fluidos mezclados, nos envolvía como niebla caliente.

El conflicto interno me azotaba: ¿Soy ninfómana o solo viva? Neta, esto es empoderador, yo controlo el ritmo. Les ordené cambiar otra vez. Me acosté, piernas abiertas como invitación. Raúl se hundió en mí misionero, besándome feroz, lenguas batallando. Diego se acercó, y yo lo masturbé mientras lamía sus bolas. Tres puntos de contacto: su verga en mi mano, Raúl en mi interior, mi clítoris frotando su pubis.

La tensión llegó al pico. "Vente conmigo, Carla", jadeó Raúl, acelerando. Diego gruñó, salpicando mi teta con chorros calientes, espesos, que lamí con deleite salado. Eso me llevó al borde. Mi coño se contrajo como puño alrededor de Raúl, oleadas de placer sacudiendo mi cuerpo. Grité su nombre, el de Diego, un "¡Chingado, sí!" que retumbó. Raúl se corrió dentro, caliente, inundándome, mientras yo temblaba en éxtasis puro.


Caímos enredados, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. El cuarto olía a orgasmo compartido, a semen y jugos secos. Diego me acarició el pelo, Raúl besó mi hombro. "Ya sabes qué significa el prefijo tri, ¿verdad? Tres placeres, tres cuerpos, tres almas", dijo Raúl, riendo suave.

Me acurruqué entre ellos, sintiendo sus corazones latir contra mí. No era solo sexo; era conexión, liberación. Al día siguiente, en la chamba, recordaré esto y sonreiré como pendeja. Pero esa noche, en el afterglow, solo existía el calor de sus cuerpos, el sabor residual en mi lengua, y la promesa de más tris si quisiéramos. Neta, qué chingón descubrimiento.

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