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Trio Bi Xvideos Noche de Fuego

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Trio Bi Xvideos Noche de Fuego

La noche en la playa de Cancún estaba calientita como un tamal recién salido del vapor. El aire olía a sal marina mezclada con el humo de las fogatas lejanas y el dulzor de las cervezas frías que nos pasábamos de mano en mano. Yo, Alex, estaba recargado en la hamaca de nuestra cabaña rentada, con mi novia Sofía acurrucada contra mi pecho. Su piel bronceada brillaba bajo la luna, y su perfume a coco me volvía loco. A unos metros, su carnal Marco, el wey más guapo que había visto en mi vida, preparaba unos tequilas en la mesa de madera.

Sofía y yo llevábamos meses fantaseando con esto. Una noche, mientras veíamos un trio bi xvideos en la laptop, ella me susurró al oído: "Órale, carnal, imagínate si fuéramos nosotros". Su voz ronca, su mano bajando por mi pecho hasta mi verga ya dura... neta, desde entonces no paramos de imaginarlo. Marco, el mejor amigo de Sofía desde la uni, siempre había sido abierto. Bi, sin pena, y con un cuerpo esculpido por horas en el gym. Lo invitamos a la vacas con la excusa de "relajarnos", pero todos sabíamos qué pedo.

Wey, este trago va pa'l trio bi que vimos en xvideos —dijo Marco con una sonrisa pícara, pasándonos los vasos. Sus ojos cafés me miraron directo, y sentí un cosquilleo en el estómago. Sofía se rio, su risa como campanitas, y se levantó de la hamaca, moviendo las caderas en ese bikini rojo que apenas contenía sus chichis perfectos.

Bebimos, charlamos de pendejadas: el pinche tráfico de la CDMX, las morras del antro, pero el aire se cargaba de tensión. Cada roce accidental —la mano de Sofía en mi muslo, el brazo de Marco rozando el mío— hacía que mi pulso se acelerara. Olía a su colonia masculina, a sudor fresco y a la promesa de algo prohibido pero chingón.

Entramos a la cabaña cuando la brisa se puso fresca. La luz tenue de las velas parpadeaba en las paredes de palma, y el sonido de las olas rompiendo era como un latido constante. Sofía puso música ranchera suave, de esas que te ponen romántico pero cachondo. Se paró en medio de la habitación, quitándose el pareo con lentitud, dejando ver sus nalgas redondas y firmes.

¿Listos pa'la acción, cabrones? —preguntó, mordiéndose el labio. Marco y yo nos miramos, y neta, sentí mi verga palpitar. Él se acercó primero, rodeándola por la cintura, besándola en el cuello. Yo observé, hipnotizado por cómo sus labios carnosos devoraban la piel de ella, dejando un rastro húmedo que brillaba.

¿De veras voy a hacer esto? Mierda, sí, y va a estar de huevos.

Me uní, besando la boca de Sofía mientras Marco lamía sus tetas. Su lengua chasqueaba contra los pezones duros, y ella gemía bajito, "Ay, sí, mis amores". El sabor de su boca era tequila y fresas, dulce y ardiente. Mis manos bajaron a su concha, ya mojada, resbalosa como miel caliente. Marco me miró, y sin palabras, su mano rozó mi paquete por encima del short. El toque fue eléctrico, piel contra tela, y mi corazón tronó como tambor.

Nos quitamos la ropa en un desmadre de risas y jadeos. Sofía arrodillada entre nosotros, sus manos en nuestras vergas. La mía gruesa y venosa, la de Marco larga y curva, ambas palpitando al ritmo de su caricia. "Pinche rico, las dos son mías", murmuró ella, lamiendo primero la mía, chupando la cabeza con succiones que me hacían ver estrellas. El sonido era obsceno: slurp, slurp, saliva goteando. Luego se volteó a Marco, tragándosela hasta la garganta, y él gruñó como animal.

Yo no aguanté: tomé la cara de Marco y lo besé. Sus labios ásperos, barba de tres días raspando mi piel, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila. Era crudo, macho, y me prendió como leña seca. Sofía miró, tocándose la panocha, "Qué chido verlos, weyes".

La llevamos a la cama king size, sábanas blancas oliendo a limpio y a sexo inminente. Sofía se abrió de piernas, su concha rosada y hinchada brillando de jugos. Marco se hincó primero, lamiéndola con hambre: lengua plana lamiendo clítoris, dedos adentro curvándose contra su punto G. Ella arqueaba la espalda, uñas clavándose en las sábanas, gritando "¡Sí, cabrón, así!". El aroma era intenso, almizcle femenino mezclado con su sudor.

Yo besaba sus tetas, mordisqueando pezones, mientras mi verga rozaba el muslo de Marco. Él se volteó un segundo, mamándome la verga mientras lamía a Sofía. La vista era puro fuego: su boca caliente envolviéndome, garganta apretando, bolas contra su barbilla. Gemí fuerte, "Neta, wey, qué mamada". Sofía se tocaba viéndonos, sus ojos vidriosos de placer.

Esto es mejor que cualquier xvideos, carnal. Real, sudoroso, nuestro.

Cambiamos posiciones como en esas escenas de trio bi xvideos que nos inspiraron. Sofía encima de mí, empalándose en mi verga con un plop húmedo. Su concha me apretaba como guante caliente, subiendo y bajando, chichis rebotando. Marco detrás de ella, untando lubricante en su culo —consensuado, claro, ella lo pedía a gritos—. Entró despacio, centímetro a centímetro, y los tres jadeamos. El doble llenado la hizo chillar, "¡Me están partiendo, pinches vergas!".

Sentía todo: su concha contrayéndose alrededor de mí con cada embestida de Marco, el slap-slap de piel contra piel, el olor a sexo puro impregnando el aire. Nuestros cuerpos sudados se pegaban, resbalosos. Marco me besaba sobre el hombro de ella, su verga rozando la mía separadas solo por esa pared delgada. La tensión subía, mis bolas apretadas, su aliento caliente en mi oreja: "Córrete conmigo, carnal".

Sofía se vino primero, temblando como hoja, chorros calientes mojando mi pubis. "¡Me vengo, ay Dios!" Su orgasmo nos arrastró. Marco gruñó, llenándole el culo de lefa espesa, y yo exploté adentro de su concha, chorros y chorros, visión borrosa de placer. Colapsamos en un enredo de miembros, pulsos latiendo al unísono, risas ahogadas entre besos.

Después, el afterglow fue perfecto. Nos bañamos juntos en la regadera al aire libre, agua tibia cayendo sobre pieles enrojecidas, jabón espumoso en caricias suaves. Sofía entre nosotros, lavándonos las vergas flácidas con ternura. "Esto fue lo mejor, mis reyes", dijo, besándonos alternadamente.

Secos, nos echamos en la cama con ventilador zumbando. El olor a sexo persistía, pero ahora mezclado con paz. Marco me abrazó por detrás, su erección matutina contra mi nalga —quizá para mañana—. Sofía en medio, mano en mi pecho, susurrando "Volvemos a ver trio bi xvideos y repetimos, ¿eh?".

Neta, esta noche cambió todo. No hay vuelta atrás, y qué chingón.

La luna se colaba por la ventana, olas susurrando promesas. Dormimos entrelazados, cuerpos calientes, almas saciadas. Mañana, más playa, más tequila, más nosotros. El trio bi perfecto, inspirado en xvideos pero vivido en carne propia.

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