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Noche de Sexo Muy Duro Trio Pasional

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Noche de Sexo Muy Duro Trio Pasional

Era una noche calurosa en Cancún, de esas que te pegan el cuerpo con humedad y te hacen sudar hasta el alma. Yo, Alex, acababa de llegar de un viaje de trabajo y me hospedaba en un resort chido frente a la playa. No buscaba nada serio, solo relajarme con una chela fría y buena música. Pero la vida siempre tiene sorpresas, ¿verdad, wey?

En el bar del lobby, vi a dos morras que quitaban el hipo. Karla, con su piel morena brillante como el caramelo, curvas que desafiaban la gravedad y un vestido rojo que se pegaba a sus chichis perfectas. Al lado, Vanessa, rubia teñida con ojos verdes que te taladraban, culazo redondo y una sonrisa pícara que prometía pecados. Estaban riendo, con shots de tequila en la mano, y yo no pude evitar acercarme.

Órale, carnal, estas dos son puro fuego, pensé mientras pedía una cerveza. "Qué onda, reinas, ¿se les ofrece compañía?", les solté con mi mejor sonrisa. Karla me miró de arriba abajo, lamiéndose los labios. "Simón, guapo, siéntate. Estamos celebrando un divorcio liberador". Vanessa guiñó el ojo: "Y tú pareces el candidato perfecto para la fiesta".

La plática fluyó como el tequila: risas, anécdotas de la playa, roces casuales de manos. Sentí el calor de sus cuerpos cerca, el olor dulce de sus perfumes mezclándose con el salitre del mar que entraba por las ventanas abiertas. Karla me rozó la pierna con la suya, y un cosquilleo me subió por la verga.

"Neta, Alex, nos caes bien. ¿Qué tal si subimos a mi suite? Hay vista al mar y jacuzzi"
, propuso Vanessa, con voz ronca. Mi corazón latió fuerte. Esto va a ser épico.

Subimos al elevador, el aire cargado de tensión. Sus manos ya exploraban: Karla me besó el cuello, saboreando mi piel salada, mientras Vanessa me apretaba el paquete por encima del pantalón. "Estás listo para el sexo muy duro trio, ¿verdad?", murmuró Karla en mi oído, su aliento caliente como fuego. Asentí, la boca seca de anticipación.

La suite era un paraíso: cama king size, luces tenues, balcón con olas rompiendo abajo. Nos quitamos la ropa como animales en celo. Karla se desnudó primero, sus tetas firmes saltando libres, pezones duros como piedras. Vanessa se contoneó, quitándose el tanga despacio, revelando su concha depilada y húmeda. Yo me quedé en calzones, mi verga tiesa marcando bulto.

Mierda, esto es un sueño. Me tiré en la cama y ellas se abalanzaron. Karla me montó la cara, su coño chorreando jugos dulces sobre mi lengua. Lamí con ganas, saboreando su miel salada, mientras ella gemía "¡Ay, sí, chúpame, cabrón!". Vanessa se chupó mi verga, tragándosela hasta la garganta, babeando y haciendo ruidos obscenos. El sonido de succión, los jadeos, el olor a sexo puro llenaban la habitación.

Pero eso era solo el calentamiento. Querían sexo muy duro trio, y yo estaba para darlo todo. Las puse de rodillas, lado a lado, culos en pompa. Sus nalgas perfectas, piel suave y caliente al tacto. Escupí en mi mano, lubricando mi verga gruesa, y metí primero en Karla. Tan apretada, como un guante de terciopelo. La embestí fuerte, mis huevos chocando contra su clítoris, ella gritando "¡Más duro, pendejo, rómpeme!". El slap-slap de carne contra carne resonaba, sudor goteando por mi espalda.

Vanessa no se quedó atrás. Se metió dos dedos en la concha, masturbándose mientras veía. "Mi turno, wey", exigió. Cambié, clavándosela hasta el fondo. Su culo rebotaba con cada estocada brutal, sus gemidos agudos como sirenas. Olía a sudor mezclado con su aroma almizclado de excitación. Karla se acercó, besando a Vanessa con lengua, chichis rozándose, mientras yo las taladraba alternando.

La intensidad subía. Las puse en posición de tríada: Karla debajo, Vanessa encima en 69, yo detrás. Lamían sus coños mutuamente, lenguas chapoteando en jugos, mientras yo follaba a Vanessa por atrás. Sus paredes vaginales me ordeñaban, joder. Karla lamía mis huevos, succionando, y el placer era eléctrico, pulsos latiendo en mi polla. "¡No pares, cabrones, esto es el sexo muy duro trio que soñé!", aulló Vanessa, temblando.

Pero querían más rudeza. "¡Azótame!", pidió Karla. Le di nalgadas firmes, dejando marcas rojas en su piel morena, el sonido crack-crack mezclándose con sus chillidos de placer. Vanessa me arañó la espalda, uñas clavándose deliciosamente dolorosas. Cambiamos: yo acostado, Karla cabalgándome la verga como vaquera salvaje, tetas botando hipnóticas. Vanessa se sentó en mi cara, frotando su clítoris contra mi nariz, ahogándome en su esencia dulce y salobre.

El sudor nos unía, pieles resbalosas chocando. Sentía sus pulsos acelerados contra mi pecho, oía respiraciones entrecortadas, jadeos roncos.

Esto no es solo follar, es conexión pura, wey. Sus cuerpos me vuelven loco
. Karla aceleró, su concha contrayéndose, gritando "¡Me vengo, hijo de puta!". Su orgasmo la sacudió, jugos empapando mis huevos.

Vanessa tomó el relevo, montándome reversa, su culazo tragándose mi verga entera. Rebotaba con fuerza, manos en mis muslos, uñas hundiéndose. Karla lamía donde nos uníamos, lengua en mi escroto y su clítoris. La presión crecía, mi verga hinchada al límite. "¡Córrete adentro, lléname!", suplicó Vanessa. No aguanté más. Explosión brutal, semen caliente brotando chorros dentro de ella, mientras gritaba como loco. Ella se vino conmigo, cuerpo convulsionando, concha ordeñándome hasta la última gota.

Colapsamos en un enredo de cuerpos exhaustos, respiraciones pesadas sincronizadas. El aire olía a sexo intenso, semen y sudor. Karla me besó suave, saboreando sal en sus labios. "Neta, ese sexo muy duro trio fue legendario", susurró Vanessa, acurrucándose. Yo sonreí, acariciando sus pieles suaves, aún sensibles.

Nos quedamos así, escuchando las olas, cuerpos entrelazados. Esto no fue solo una noche, cambió algo en mí. Estas morras me mostraron el paraíso. Al amanecer, con café y risas, prometimos repetir. La playa nos esperaba, pero nada superaría esa noche pasional.

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