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MC Tríos Ardientes

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MC Tríos Ardientes

Yo soy MC, María Celeste para los papeles, pero MC para el mundo que me rodea. Tengo veintiocho tacos, vivo en la Roma de la CDMX y soy la reina de las noches locas. No manches, si hay algo que me prende es un buen trío, esos momentos donde tres cuerpos se enredan como si el mundo se acabara. Esta vez, en un resort de chupes en Cancún, el aire salado del mar Caribe me picaba la piel mientras caminaba por la playa al atardecer. El sol se hundía en el horizonte, tiñendo todo de naranja y rosa, y el sonido de las olas rompiendo suave me erizaba los vellos de los brazos.

Estaba sola, mis cuates se habían rajado de último momento por un pedo laboral, pero yo no soy de las que se queda con las manos cruzadas. Me planté en el bar de la playa con un bikini negro que me hacía ver como diosa azteca, un pareo transparente ondeando con la brisa. Pedí un michelada bien fría, el limón fresco explotando en mi lengua, la sal crujiendo entre dientes. Ahí los vi: Javier y Sofía, una pareja de tijuanenses en vacaciones. Él, alto, moreno, con músculos que se marcaban bajo la camisa de lino abierta, ojos cafés que te desnudaban con una mirada. Ella, rubia teñida, curvas de infarto en un vestido playero ceñido, risa contagiosa que llenaba el aire.

—Órale, güerita, ¿vienes a conquistar el Caribe o qué? —me soltó Javier con esa voz grave, ronca como el rugido de una moto.

Sofía se acercó, su perfume a coco y vainilla invadiendo mi espacio.

“Soy Sofía, él es mi carnal Javier. Y tú, ¿cuál es tu rollo?”
Su mano rozó mi brazo, un toque eléctrico que me hizo apretar los muslos bajo la barra.

—MC —les dije, guiñando un ojo—. Y mi rollo es divertirme sin pendejadas. ¿Y ustedes?

Charlamos un rato, las chelas fluyendo, el hielo tintineando en los vasos. Javier contaba anécdotas de sus viajes en moto por la Baja, Sofía reía y me tocaba la rodilla cada rato, como si ya supiera lo que vendría. Sentía el calor subiendo por mi pecho, el corazón latiéndome fuerte contra las costillas. Neta, estos dos son fuego puro, pensé, imaginando sus cuerpos contra el mío. La tensión crecía con cada mirada, cada roce accidental. Al final, cuando el cielo ya era un manto estrellado, Javier propuso:

—Vamos a nuestra suite, carnales. Hay jacuzzi y vista al mar. ¿Te late, MC?

—Chido —respondí, la voz ronca de anticipación—. Pero avisen si se ponen celosos, ¿eh?

Sofía soltó una carcajada.

“Celosos nosotros? Tú eres la MC perfecta para un trío de estos.”

Subimos al elevador, el aire cargado de promesas. Sus manos ya exploraban: la de Javier en mi cintura, la de Sofía en mi nalga. El ding del elevador sonó como un disparo de salida.

La suite era un paraíso: ventanales del piso al techo con el mar negro brillando afuera, luces tenues, cama king size con sábanas de mil hilos. El jacuzzi burbujeaba invitador. Nos quitamos la ropa sin prisa, pero con hambre en los ojos. Javier se desabrochó la camisa, revelando un pecho tatuado con un águila devorando serpiente, piel morena oliendo a protector solar y hombre. Sofía dejó caer su vestido, sus tetas firmes saltando libres, pezones rosados endureciéndose al aire fresco. Yo me quité el bikini lento, dejando que me miraran, sintiendo mis pezones picar, mi panocha ya húmeda palpitando.

Qué chingón se siente ser el centro, pensé mientras Javier me jalaba al jacuzzi. El agua caliente nos envolvió, burbujas masajeando mi piel como mil lenguas. Sofía se pegó a mí por detrás, sus tetas aplastándose contra mi espalda, besándome el cuello con labios suaves, húmedos. Saboreé su saliva salada, mezclada con el cloro del agua. Javier enfrente, su verga ya dura rozándome el muslo, gruesa, venosa, latiendo contra mí.

—Ven, MC, prueba esto —gruñó, guiando mi mano a su paquete. La piel sedosa sobre acero, caliente como brasa. La apreté, sintiendo el pulso acelerado, y él jadeó, un sonido gutural que me mojó más.

Sofía no se quedaba atrás: sus dedos bajaron por mi vientre, abriéndome las piernas bajo el agua.

“Estás chingona mojada, reina”
, murmuró al rozar mi clítoris hinchado. Gemí, el placer eléctrico subiendo por mi espina. Chupé los labios de Javier, lengua danzando con la suya, gusto a ron y deseo. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones hasta doler rico.

Salimos del jacuzzi empapados, gotas resbalando por pieles brillantes. Javier nos tiró a la cama, el colchón hundiéndose suave. Yo en medio, como la MC de este trío soñado. Sofía se montó en mi cara, su panocha depilada rozándome los labios, olor almizclado a excitación pura. La lamí despacio, lengua plana saboreando sus jugos dulces y salados, clítoris endureciéndose bajo mis vueltas. Ella se arqueó, gimiendo “¡Ay, wey, qué rica!”, sus caderas moliendo contra mi boca.

Javier se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas ancho. Sentí su aliento caliente en mi entrada, luego su lengua hundiéndose, chupando mis labios mayores, mordisqueando suave. No mames, esto es el cielo, pensé, mientras mis caderas se alzaban solas. El cuarto olía a sexo: sudor fresco, fluidos íntimos, perfume mezclado. Sonidos everywhere: lamidas chapoteantes, gemidos ahogados, pieles chocando húmedas.

La tensión subía como marea. Sofía se corrió primero, su coño contrayéndose en mi boca, chorro caliente inundándome la lengua. Gritó mi nombre, MC, como un mantra. Javier no paraba, dos dedos dentro de mí curvándose en mi punto G, lengua en el clítoris. Me vine duro, piernas temblando, visión nublada, un aullido saliendo de mi garganta mientras olas de placer me rompían.

Pero no paró ahí. Javier se puso condón rápido, lubricante brillando en su verga. Sofía me besó, compartiendo mi propio sabor en su boca.

“Ahora el plato fuerte, MC”
. Me puse a cuatro patas, Javier entrando por atrás lento, centímetro a centímetro, estirándome llena. ¡Qué madre, tan grueso! Dolor placer mezclado, su pubis chocando mis nalgas con palmadas húmedas. Sofía debajo, chupándome las tetas, dedos en mi clítoris.

Cambiábamos posiciones como en un baile salvaje: yo cabalgando a Javier, su verga golpeando profundo, Sofía sentándose en su cara. Luego, Javier de lado, yo frente a él penetrada, Sofía detrás con un strap-on que sacó de la maleta, lubricado, entrando en mi culo despacio. Doble penetración, los dos follándome al unísono, ritmos sincronizados. Sentía todo: verga pulsante en panocha, strap firme en ano, fricción loca. Sudor chorreando, pieles resbalosas pegándose, olores intensos de culo y coño, gemidos convirtiéndose en gritos.

Soy la puta dueña de este trío, rugía en mi mente, empoderada, libre. Javier gruñó primero, corriéndose dentro del condón, espasmos sacudiéndolo. Sofía aceleró, frotándose contra el strap hasta venirse de nuevo, chillando. Yo exploté última, clítoris en llamas, coño apretando, ano contrayéndose, un orgasmo que me dejó temblando, lágrimas de puro gozo en ojos.

Colapsamos en la cama, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose. El mar susurraba afuera, brisa fresca secando nuestro sudor. Javier me acarició el pelo, Sofía besó mi hombro.

“Eres inolvidable, MC. Este trío fue épico”
, dijo él.

Sonreí, saciada, el cuerpo pesado de placer residual. Estos MC tríos son mi vicio, mi libertad. Dormimos así, piel con piel, hasta el amanecer pintando el cielo de dorado. No hubo promesas, solo sonrisas cómplices al despedirnos en el lobby. Regresé a mi vida en la CDMX, con el sabor de ellos en la piel, lista para el próximo. Porque yo soy MC, y los tríos son mi pasión eterna.

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