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Tríada Serie Netflix Historia Real en Pasión Desnuda

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Tríada Serie Netflix Historia Real en Pasión Desnuda

Todo empezó una noche calurosa en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco y el olor a tacos de la esquina colándose por la ventana. Yo, Ana, estaba tirada en el sofá con Sofía y Carla, mis compas de toda la vida, devorando la Tríada serie Netflix historia real. Órale, qué pedo con esa serie, wey. Tres morras enredadas en un amor loco, besos que te prenden fuego y cuerpos retorcidos en éxtasis puro. La neta, mientras veíamos cómo se comían a besos, sentí un calorcito traicionero entre las piernas. Mis pezones se pusieron duros como piedras bajo la blusa ligera, y el aroma de mi propia excitación empezó a mezclarse con el perfume dulce de Sofía, que estaba a mi lado.

¿Y si nosotras...? pensé, mordiéndome el labio. Sofía, con su pelo negro largo y curvas que matan, soltó una risita nerviosa cuando la escena se puso heavy. "Neta, Ana, esto me está poniendo caliente. ¿Han visto algo así en la vida real?" Carla, la güera fitness con tetas firmes y culo de gimnasio, se recargó en mi hombro, su aliento cálido rozando mi cuello. "Historia real, ¿eh? Imagínense si nos pasa."

El deseo ya flotaba en el aire como humo de mota buena, espeso y adictivo. Apagué la tele con el control, el silencio roto solo por nuestras respiraciones agitadas. "Chingado, ¿por qué no lo intentamos nosotras? Como en la Tríada de Netflix." Mis palabras salieron roncas, y vi en sus ojos el brillo de la curiosidad mezclada con lujuria. Sofía me miró fijo, su mano temblorosa posándose en mi muslo. "Estás loca, Ana... pero ." Carla se acercó, sus labios carnosos a centímetros de los míos. "Consensuado al cien, ¿va? Nada de pendejadas."

Acto uno: la chispa. Nos paramos despacio, como en cámara lenta, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies descalzos. El cuarto olía a vainilla de las velas que prendí antes, y la luz tenue de la lámpara pintaba sombras suaves en sus pieles morenas. Sofía me jaló primero, sus labios suaves y jugosos chocando con los míos. Sabían a chicle de fresa y tequila de la chela de hace rato. Dios, qué rico, pensé mientras mi lengua exploraba su boca, húmeda y caliente. Carla observaba, tocándose el vientre por encima de la falda corta, su pecho subiendo y bajando rápido.

Levanté la blusa de Sofía, exponiendo sus tetas perfectas, pezones oscuros erguidos como invitación. Los lamí despacio, sintiendo su textura aterciopelada contra mi lengua, el sabor salado de su sudor fresco. Ella gimió bajito, un sonido gutural que me vibró en el alma. "Ay, wey... no pares." Carla se unió, besando mi cuello desde atrás, sus manos bajando por mi espalda hasta meterse en mi short. Sus dedos rozaron mi clítoris hinchado, y un jadeo se me escapó. El tacto era eléctrico, suave pero firme, como si supiera exactamente dónde tocar.

Nos quitamos la ropa en un torbellino de risas nerviosas y suspiros. Desnudas, piel contra piel, el calor de sus cuerpos me envolvía como una manta viva. Sofía olía a jazmín y deseo, Carla a coco del aceite de su gym. Me tumbaron en la cama king size, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Sus manos everywhere: Sofía masajeando mis senos, pellizcando suave hasta que dolía rico; Carla separando mis piernas, su aliento caliente en mi monte de Venus.

Esto es mejor que cualquier serie, me dije, mientras Carla hundía la cara entre mis muslos. Su lengua ávida lamió mi humedad, saboreando cada gota con chupadas lentas y profundas. El sonido era obsceno: lamidas húmedas, mis jugos chorreando, mis gemidos rebotando en las paredes. "¡Carla, sí, así, cabrona!" grité, arqueando la espalda. Sofía se sentó en mi cara, su coño depilado rozando mis labios. Lo abrí con la lengua, probando su néctar dulce y ácido, aspirando el musk almizclado de su arousal.

El medio acto ardía. La tensión subía como fiebre, nuestros cuerpos sudados resbalando uno sobre el otro. Cambiamos posiciones: yo de rodillas, Sofía debajo lamiéndome el culo mientras Carla me metía dos dedos, curvándolos justo en mi punto G. El placer era olas, building up, mis paredes contrayéndose alrededor de sus dedos. No aguanto más, pensé, pero quería más. "Fóllenme con la boca, pinches diosas," rogué, usando el slang que nos saca risas en la cama.

Sofía traía un strapon de su cajón, negro y grueso, reluciente con lubricante. "Como en la Tríada, ¿recuerdan? Historia real convertida en nuestra." Se lo puso, y yo me abrí de piernas, invitándola. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardía delicioso, su pelvis chocando contra la mía con palmadas rítmicas. Carla besaba a Sofía, sus tetas frotándose, mientras yo me tocaba el clítoris, círculos rápidos.

Los sonidos nos volvían locas: carne contra carne, jadeos entrecortados, la cama chirriando como si se fuera a romper. Sudor goteaba de Sofía a mi piel, salado en mi lengua cuando la lamí del pecho. El olor a sexo impregnaba todo, espeso y embriagador. Mi orgasmo se acercaba, un nudo apretándose en el vientre. "¡Ya vengo, chingadas!" grité, y exploté, chorros calientes salpicando el strapon, mi cuerpo convulsionando. Ellas no pararon, prolongando el éxtasis hasta que vi estrellas.

Pero no acabamos. Cambiamos: Carla en el strapon ahora, follándome por atrás mientras yo comía a Sofía. Sus gemidos se volvieron gritos: "¡Más duro, Ana, lame mi clítoris!" El culo de Carla rebotaba contra mis caderas, firme y redondo, mis manos clavándose en él. Sentí su pulso acelerado bajo mi palma, el latido sincronizado con el mío. Sofía vino primero, temblando sobre mi boca, su squirt dulce inundándome la cara.

Carla se corrió después, sacando el strapon y frotándose contra mi espalda, su calor líquido escurriendo por mi espinazo. Yo, aún sensible, me vine de nuevo solo con sus dedos en mi pelo y besos en la nuca. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco.

El final: afterglow puro. Tiradas en la cama revuelta, sábanas húmedas pegadas a la piel, el aire fresco de la noche entrando por la ventana. Sofía me acariciaba el pelo, su voz ronca: "Neta, mejor que la serie Tríada de Netflix. Nuestra historia real." Carla rio bajito, besando mi hombro. "Somos una tríada ahora, ¿no?"

, pensé, un calorcito de paz y deseo residual en el pecho. No era solo sexo; era conexión, confianza, el tipo de amor que te cambia. El sol del amanecer pintaba el cuarto de oro, y nosotras, desnudas y satisfechas, nos dormimos enredadas, sabiendo que esto era solo el principio. El pulso de la ciudad afuera, pero adentro, nuestro mundo perfecto.

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