Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Tríos Madres Insaciables Tríos Madres Insaciables

Tríos Madres Insaciables

7155 palabras

Tríos Madres Insaciables

La fiesta en la casa de los chavos estaba en su mero mole, con corridos tumbados retumbando en los parlantes y el olor a tacos al pastor flotando en el aire. Yo, Alex, había llegado con mi carnal Juan, pero desde que pisé el jardín iluminado con luces de colores, mis ojos se clavaron en ellas: Laura y Carmen, las mamás de dos de los weyes que organizaban el pedo. Ambas andaban por los cuarenta y pico, pero órale, qué ricas. Laura, con su pelo negro suelto cayéndole por la espalda, un vestido rojo ceñido que marcaba sus chichis grandes y su culo redondo. Carmen, morena clarita, con jeans ajustados y una blusa escotada que dejaba ver el valle entre sus tetas firmes. Eran amigas de toda la vida, viudas las dos, y se notaba que no les faltaba nada: reían fuerte, bailaban pegaditas con los chavos jóvenes, moviendo las caderas como si supieran exactamente lo que provocaban.

Me serví un chela fría, sintiendo el sudor en la nuca por el calor de la noche veraniega en Guadalajara.

¿Qué pedo con estas maduras? Parecen salidas de una película para adultos
, pensé, mientras las veía acercarse. Juan me dio un codazo: "Wey, ahí vienen las jefas. No seas pendejo, échales plática". Laura se paró frente a mí, su perfume dulce invadiéndome las fosas nasales, como jazmín mezclado con algo más carnal. "Hola, guapo. ¿Tú eres el Alex que tanto presume Juan? ¿Quieres bailar?", dijo con voz ronca, extendiendo la mano. Su piel tibia rozó la mía, y un chispazo me recorrió el brazo hasta la verga, que ya empezaba a despertar.

Acepté, claro. La pista improvisada en el patio era un mar de cuerpos sudados. Laura se pegó a mí, su panza suave contra mi abdomen, sus muslos rozando los míos al ritmo de la música. Sentía el calor de su coño a través de la tela delgada del vestido, y olía su sudor mezclado con ese aroma femenino que me ponía loco. Carmen se unió, bailando detrás de mí, sus tetas presionando mi espalda. "Mmm, qué chulo eres, Alex. Nosotras adoramos los tríos madres como este", susurró Carmen al oído, su aliento caliente haciendo que se me erizaran los vellos de la nuca. ¿Tríos madres? Mi mente voló: fantasías de estas dos insaciables devorándome.

El deseo creció como fuego lento. Después de unos tragos más, nos escabullimos al cuarto de huéspedes al fondo de la casa. La puerta se cerró con un clic suave, y el ruido de la fiesta se volvió un murmullo lejano. La habitación olía a sábanas frescas y a ellas dos, un perfume embriagador de mujeres maduras listas para todo. Laura me besó primero, sus labios carnosos saboreando a tequila y miel, su lengua explorando mi boca con hambre. Carmen se pegó por detrás, mordisqueándome el lóbulo de la oreja mientras sus manos bajaban por mi pecho, desabotonando mi camisa. "Te vamos a chingar rico, chavo", ronroneó Laura, y yo solo atiné a gemir.

Acto uno del desmadre: las desvestí despacio, saboreando cada centímetro. El vestido de Laura cayó al suelo con un susurro de tela, revelando lencería negra que apenas contenía sus chichis enormes, pezones oscuros ya duros como piedras. Olía a vainilla en su piel, y la probé lamiendo su cuello, sintiendo su pulso acelerado bajo la lengua. Carmen se quitó los jeans, quedando en tanga roja que se transparentaba con su humedad. Sus nalgas firmes, marcadas por el gym, me invitaban a apretarlas. Las dos se tumbaron en la cama king size, riendo pícaras. "Vente, Alex. Enséñanos qué traes", dijo Carmen, abriendo las piernas para mostrar su panocha depilada, brillando de jugos.

Mi verga saltó libre cuando me bajé el pantalón, dura como fierro, venosa y palpitante. Laura la tomó en su mano suave, masturbándola lento mientras lamía la punta, saboreando el pre-semen salado.

Esto es un sueño, wey. Dos madres calientes mamándomela
, pensé, mientras Carmen se unía, sus lenguas danzando alrededor de mi tronco, chupando bolas y besándose entre ellas con mi pija de puente. El sonido de succiones húmedas llenaba la habitación, mezclado con sus gemidos guturales: "¡Ay, qué rica verga!". El tacto de sus bocas calientes, una succionando fuerte y la otra lamiendo suave, me tenía al borde, pero aguanté, queriendo más.

Escalada en el medio acto: las puse de rodillas en la cama, culo arriba. Sus anos rosados guiñándome, coños chorreando. Empecé con Laura, metiéndosela de un jalón hasta el fondo. Su concha madura era apretada, caliente, envolviéndome como terciopelo mojado. "¡Chíngame duro, cabrón!", gritó, empujando hacia atrás. El slap-slap de carne contra carne resonaba, su sudor goteando en las sábanas. Olía a sexo puro, almizcle y fluidos. Carmen se masturbaba viéndonos, dedos hundiéndose en su raja, gimiendo: "Yo también quiero ese trío madres". La cambié, embistiéndola con furia, sus paredes vaginales contrayéndose, ordeñándome. Tocaban sus clítoris mutuamente, besándose con lengua mientras yo las taladraba alternando, sintiendo sus orgasmos venir en olas: Laura primero, temblando y chorreada, luego Carmen arqueando la espalda, chillando bajito.

La tensión psicológica me mataba.

Estas jefas saben lo que quieren, no como las chavas de mi edad. Me hacen sentir rey
. Las volteé, poniéndolas a horcajadas. Laura encima, cabalgándome lento al principio, sus tetas rebotando pesadas en mi cara. Las chupé, mordí suave, saboreando leche materna imaginaria en su dulzor salado. Carmen se sentó en mi pecho, frotando su coño en mi boca. Lamí su clítoris hinchado, sorbiendo sus jugos dulces y espesos, mientras ella gemía y se mecía. El ritmo aceleró: Laura botando fuerte, mi verga golpeando su cervix, Carmen corriéndose en mi lengua con un aullido ahogado.

Intercambiaron posiciones, Carmen montándome ahora, su culo rebotando hipnótico mientras Laura me besaba, sus dedos jugando con mis huevos. Sudor por todos lados, pieles resbalosas uniéndose. Olía a orgasmo múltiple, a mujeres satisfechas pero hambrientas. "¡Córrete adentro, Alex! Lléname", suplicó Carmen, y no aguanté más. El clímax explotó: chorros calientes inundando su útero, pulsos interminables mientras gritaba. Laura lamió el exceso, compartiéndolo en un beso tresero, sabores mezclados en lenguas enredadas.

El afterglow fue puro paraíso. Nos tumbamos enredados, respiraciones jadeantes calmándose, pieles pegajosas enfriándose al aire nocturno que entraba por la ventana. Laura acariciaba mi pecho, Carmen mi muslo. "Eso fue el mejor trío madres de mi vida", murmuró Laura, besándome la frente. Carmen rio suave: "Vuelve cuando quieras, chulo. Somos insaciables". Sentí una paz profunda, el corazón latiendo tranquilo, sabiendo que esto no era un adiós. La fiesta seguía afuera, pero aquí dentro habíamos creado nuestro propio mundo de placer consensual, empoderador. Me vestí con besos de despedida, prometiendo repetir. Al salir, el aire fresco me revitalizó, pero el sabor de ellas perduraba en mi boca, un recuerdo ardiente que me acompañaría noches enteras.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.