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Parece Facil la Trilerita

6230 palabras

Parece Facil la Trilerita

Tú estás en la feria del pueblo, con el olor a elotes asados y churros fritos flotando en el aire caliente de la noche. Las luces de los juegos mecánicos parpadean como estrellas chuecas, y el ruido de la música norteña retumba en tus huesos. Ahí la ves, recargada en la barra de las chelas, con una falda jeans cortita que deja ver sus piernas morenas y torneadas. Trilerita, piensas, pero no de las que dan lástima, no: esta es de las que prenden el motor con solo una mirada. Su blusa escotada deja adivinar el push-up que aprieta unas chichis firmes, y su cabello negro suelto cae como cascada sobre hombros bronceados. Parece fácil la trilerita, dices en tu cabeza, con esa sonrisa pícara que te lanza mientras tomas tu michelada.

Te acercas, el corazón latiéndote como tambor de banda. ¿Qué onda, guapo? ¿Vienes a jugar o nomás a ver? te suelta con voz ronca, ojos cafés que te clavan como aguja. Hueles su perfume barato pero adictivo, mezcla de vainilla y algo salvaje, como el viento del desierto. Pues a jugar contigo, reina, le contestas, y ella ríe, un sonido que te eriza la piel. Se llama Lupe, te dice, y vive en el parque de trailers al fondo del pueblo, pero no es de las que se quejan de la vida: neta chido, dice, bailando al ritmo de la cumbia rebajada que suena de fondo.

La invitas a la ruleta rusa del amor, como le llaman aquí a las atracciones que te revuelven el estómago, y suben juntos. Sus muslos rozan los tuyos en el carrito, piel contra piel sudada por el calor. Sientes su calor irradiando, el roce de su mano en tu rodilla como chispa eléctrica.

¿Será tan fácil como parece esta trilerita? ¿O me va a volver loco con ese meneo?
piensas mientras el carrito sube y baja, y ella grita de emoción, apretándose contra ti. Abajo, el mundo gira borroso, pero tú solo sientes su aliento en tu cuello, dulce como tamarindo.

La feria termina, pero la noche apenas empieza. La llevas en tu troca al parque de trailers, que no es tugurio: luces de neón en las ventanas, música sonando bajito, olor a barbacoa de costillas. Su trailer es chiquito pero padre, con cortinas rosas y un colchón king en el piso. Entra, wey, no seas menso, te dice, jalándote de la camisa. Cierran la puerta, y el mundo afuera se apaga. Ella pone reggaetón suave, ese que habla de culos y besos calientes, y se pega a ti bailando lento.

Sus labios rozan los tuyos primero, suaves como mango maduro, probando con la lengua el sabor de tu chela. Te besa con hambre, manos en tu nuca, uñas arañando suave. Tú bajas las tuyas por su espalda, sintiendo la curva de su cintura, el calor de su piel bajo la blusa. Carajo, piensas, parece fácil el tri letra, pero esta morra sabe lo que quiere. La blusa vuela, revelando tetas perfectas, pezones duros como piedras de cereza. Las chupas, saboreando el salado de su sudor mezclado con loción, y ella gime bajito, ¡Sí, así, pendejo!, arqueando la espalda.

La falda cae, y ahí está su calzón de encaje rojo, ya mojado, oliendo a deseo puro, ese aroma almizclado que te pone la verga como fierro. La tumbas en el colchón, besando su panza suave, bajando hasta el ombligo, donde lame el piercing que brilla. Ella jadea, piernas abriéndose solas, invitándote. Quítamelo con los dientes, cabrón, ordena, y lo haces, sintiendo la tela húmeda en la boca, el sabor salado de su excitación. Su concha depilada reluce, labios hinchados rosados, clítoris asomando como perlita.

Le metes la lengua, chupando despacio, saboreando cada gota de su néctar dulce y ácido. Ella se retuerce, manos en tu pelo, empujándote más adentro. ¡No pares, wey! ¡Me vas a hacer venir! grita, y su cuerpo tiembla, un chorro caliente en tu boca mientras convulsiona. Tú no aguantas más, te quitas el pantalón, verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen. Ella la agarra, masturbándote lento, ojos fijos en los tuyos.

Esta trilerita no es fácil, es un pinche volcán
, reflexionas, mientras ella te lame la cabeza, lengua girando como tornado, tragándosela hasta la garganta con arcadas sexys.

La volteas a cuatro patas, nalgas redondas perfectas, oliendo a sexo y sudor. Le das nalgadas suaves, viendo la carne temblar roja. ¡Métemela ya, no seas mamón! suplica, y lo haces: despacio primero, sintiendo su calor apretado envolviéndote centímetro a centímetro, jugos chorreando por tus huevos. Empujas hondo, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus gemidos roncos. Ella empuja hacia atrás, cogiendo como experta, riéndose entre jadeos: ¡Parece fácil el tri letra, pero agárrate, carnal!

La intensidad sube, sudor goteando de tu frente a su espalda, corazones latiendo al unísono. Cambian posiciones: ella arriba, cabalgándote como jinete en rodeo, tetas rebotando hipnóticas. Tus manos en sus caderas, guiándola, sintiendo músculos contraerse. El olor de sus axilas sudadas, el sabor de su beso con lengua de fuego. ¡Me vengo otra vez! grita, concha apretándote como puño, ordeñándote. Tú no aguantas, la volteas misionero, piernas en hombros, bombardeando profundo, bolas golpeando su culo.

El clímax llega como tsunami: sientes el cosquilleo en la base, verga hinchándose más. ¡Dámelo adentro, lléname! ruega ella, uñas clavadas en tu espalda. Explotas, chorros calientes llenándola, mezclándose con sus jugos, goteando fuera. Gritas su nombre, cuerpos temblando pegados, pulsos sincronizados. Colapsan juntos, respiraciones agitadas, piel pegajosa de semen y sudor.

Después, en la penumbra del trailer, con el ventilador zumbando y olor a sexo impregnado en las sábanas, ella se acurruca en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Neta estuvo chido, wey. No todos aguantan a una trilerita como yo, murmura con sonrisa satisfecha. Tú la besas la frente, oliendo su cabello, sintiendo paz profunda.

Parecía fácil, pero Lupe me conquistó de verdad. Quién sabe, tal vez vuelva por más
. La noche se cierra suave, con promesas de otras ferias, otros trailers, otro round.

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