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El Trio de Hombres XXX que Me Hizo Explota

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El Trio de Hombres XXX que Me Hizo Explota

Estaba en la playa de Cancún, con el sol quemándome la piel morena y el sonido de las olas rompiendo como un tambor lejano. El aire olía a sal y coco, mezclado con el humo de las fogatas que armaban los turistas. Yo, Karla, de veintiocho años, curvas que volvían locos a los weyes y una sonrisa que prometía pecados, había llegado sola para desconectarme del pinche estrés de la oficina en la CDMX. Llevaba un bikini rojo que apenas contenía mis chichis y dejaba ver el piercing en mi ombligo. Neta, me sentía como una diosa lista para cazar.

Ahí los vi: tres morenos altos, musculosos, con tatuajes que asomaban por sus playeras ajustadas. Uno era el líder, Diego, con ojos verdes que te desnudaban con la mirada; el otro, Marco, risueño y con una barba que pedía a gritos ser jalada; y el tercero, Alex, el callado pero con brazos que podrían partir troncos. Estaban jugando voleibol en la arena, sudando bajo el atardecer, sus cuerpos brillando como bronce. Órale, qué trio de hombres xxx, pensé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Me acerqué con una cerveza en la mano, fingiendo casualidad.

¿Quieren equipo pa'l juego, cabrones? —les grité, meneando las caderas.

Diego se volteó, sonriendo con dientes blancos. —¡Claro, mami! Tú traes las curvas y nosotras la fuerza. Reímos todos, y en minutos ya estábamos sudando juntos, sus manos rozándome accidentalmente la cintura, el trasero. El olor a hombre, a sudor fresco y loción barata, me mareaba. Marco me cargó en hombros pa' rematar, y sentí su calor subiendo por mi piel. Alex, el serio, me miró fijo mientras bebíamos tequilas en la arena. La tensión crecía como la marea; sus miradas decían que querían más que un juego.

Al oscurecer, me invitaron a su suite en el hotel de enfrente. —Vente, Karla, hay jacuzzi y más chelas —dijo Diego, su voz ronca como grava. Acepté, el corazón latiéndome en la garganta.

¿Qué chingados estoy haciendo? Tres weyes guapísimos, y yo aquí, lista pa' la acción. Pero neta, los deseo tanto que duele.
Subimos en el elevador, sus cuerpos apretados contra el mío, el aire cargado de feromonas. Olía a mar y a excitación incipiente.

En la suite, luces tenues, música de reggaetón bajito. Nos metimos al jacuzzi, el agua caliente burbujeando contra mi piel. Me quité el bikini despacio, dejando que me vieran. —¿Les gusta lo que ven? —pregunté, juguetona. Marco silbó. —Eres una vergona, carnala. Diego se acercó primero, sus labios rozando mi cuello, sabor a sal y tequila. Sus manos grandes masajeaban mis hombros, bajando a mis chichis, pellizcando los pezones hasta que gemí. Alex, desde atrás, lamía mi oreja, su verga ya dura presionando mi espalda. Marco besaba mi boca, lengua invadiendo, dulce y hambrienta.

Salimos del agua chorreando, cuerpos resbalosos. Me tendieron en la cama king size, sábanas frescas oliendo a limpio. Diego se arrodilló entre mis piernas, inhalando mi aroma. —Hueles a miel, pinche rica. Su lengua exploró mi panocha, lamiendo despacio, chupando el clítoris con maestría. Gemí fuerte, arqueándome, el sonido de succión húmeda llenando la habitación. Marco y Alex se besaban entre sí, vergas tiesas frotándose, pero sus ojos en mí. Este trio de hombres xxx sabe lo que hace, pensé, mientras oleadas de placer me recorrían.

La intensidad subió. Cambié de posición, a cuatro patas, sintiendo el colchón hundirse. Marco entró primero por atrás, su verga gruesa abriéndome, el estiramiento delicioso quemando. —¡Ay, wey, qué grande! —grité, pero empujando contra él. Diego en mi boca, salado y venoso, follándome la garganta suave. Alex debajo, chupando mis tetas, dedos en mi clítoris. El ritmo era perfecto: embestidas sincronizadas, piel chocando con palmadas húmedas, gruñidos masculinos mezclados con mis alaridos. Sudor goteaba, oliendo a sexo puro, almizcle y deseo.

Me voltearon, ahora yo encima de Alex, su verga hundiéndose profundo, golpeando mi punto G. —Cabálgame, Karla, como reina. Reboté, chichis saltando, mientras Diego y Marco se turnaban en mi boca y manos. Lamí sus huevos, tragué saliva y precum, sabor amargo dulce. Sentía sus pulsos acelerados bajo mi piel, venas latiendo.

Esto es el paraíso, tres vergas pa'mí sola, cada uno dándome lo que necesito. No hay celos, solo placer compartido.
La habitación apestaba a corrida inminente, aire espeso.

Marco pidió turno atrás, untando lubricante fresco y frío. Entró lento en mi culo, el ardor convirtiéndose en éxtasis puro. —¡Sí, métela toda, pendejo! —rogué, empalada doble: Alex en panocha, Marco en trasero. Diego en mi boca, follándome suave. Era una sinfonía de roces: vergas frotándose separadas por membranas delgadas, vibrando juntas. Gemidos guturales, mi cuerpo temblando, orgasmos encadenados. El primero me explotó como volcán, jugos chorreando, chillando su nombre.

No pararon. Rotamos posiciones, yo controlando el ritmo ahora. Monté a Diego, Marco en mi culo de nuevo, Alex de lado lamiendo donde unía. Sus manos everywhere: jalando pelo suave, azotando nalgas con palmadas que ardían placenteras, pezones mordidos. Olía a semen fresco cuando Alex se corrió primero en mi mano, chorros calientes pegajosos. —¡Toma, puta rica! —gruñó. Lo lamí, salado espeso bajando garganta.

Marco explotó en mi trasero, llenándome caliente, goteando fuera. Diego último, volteándome boca arriba, piernas abiertas. —Mírame mientras te lleno. Embistió feroz, ojos clavados, hasta que rugió, semen inundando mi útero. Yo corrí otra vez, uñas clavadas en su espalda, visión borrosa de placer.

Colapsamos en un enredo de cuerpos sudorosos, respiraciones jadeantes calmándose. El jacuzzi burbujeaba afuera, olas lejanas. Diego me besó la frente. —Eres increíble, Karla. Marco trajo agua fría, refrescante en mi boca seca. Alex acariciaba mi pelo. No hubo awkwardness, solo risas cansadas y promesas de desayuno.

Me quedé hasta el amanecer, piel marcada amorosamente, músculos adoloridos felices. El mejor trio de hombres xxx de mi vida, pensé, viendo el sol nacer sobre el mar. Salí renovada, empoderada, sabiendo que el placer compartido es el más intenso. Neta, ¿quién necesita drama cuando hay esto?

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