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Trying Traductor en Carne Viva

5886 palabras

Trying Traductor en Carne Viva

Estás en un bar chido de Polanco, con luces tenues que bailan sobre las botellas de tequila y mezcal. El aire huele a limón quemado y a perfume caro, mezclado con el sudor ligero de la noche calurosa de la CDMX. Tú, el gringo guapo que acabas de llegar de un viaje de negocios, te sientas en la barra, pidiendo un paloma con hielo crujiente. Tus ojos se clavan en ella: una morra de curvas pronunciadas, cabello negro como la noche cayendo en ondas sobre hombros bronceados, labios rojos que prometen pecados. Se llama Carla, lo sabes porque su amiga la presenta antes de irse. Mexicana neta, con esa vibra de reina del barrio fancy, ojos cafés que te desnudan sin piedad.

¿Qué onda, guapo? ¿Hablas español? —te suelta con una sonrisa pícara, su voz ronca como el ron añejo.

Tú, con tu inglés torpe, sacas el celular rápido. Trying traductor, piensas, abriendo la app de Google Translate. Tecleas: "No mucho pero quiero conocerte". El pinche aparato traduce mal: "No moco pero quiero cono cer te". Ella estalla en carcajadas, su risa vibrando en tu pecho como un tambor.

¡Órale, wey! ¿Conocer mi cono? ¡Eres directo, pendejo! —dice, pero sus ojos brillan con deseo, no con enojo. Se acerca más, su muslo roza el tuyo bajo la barra, piel cálida y suave como seda mojada. El olor de su perfume, jazmín y vainilla, te envuelve, haciendo que tu verga dé un salto en los pantalones.

La tensión empieza ahí, en ese roce accidental que no lo es. Hablan a medias, tú trying traductor cada frase, ella corrigiendo con guiños y toques en el brazo. Su mano en tu antebrazo quema, dedos finos trazando venas que laten fuerte. Imaginas su boca en ti, chupando, lamiendo.

¿Y si la app falla de nuevo y acabamos enredados sin palabras?
Piensas, el corazón acelerado, el pulso retumbando en tus oídos como salsa en vivo.

Media hora después, ya están en la calle, el viento nocturno fresco contra pieles calientes. Ella te jala a un taxi, sus labios rozan tu oreja: —Vamos a mi depa, gringo. Nada de apps, nomás cuerpos. En el asiento trasero, su mano sube por tu muslo, apretando cerca de la entrepierna. Sientes su calor, el aroma de su excitación sutil, almizclado, mezclándose con el cuero del asiento. Tú respondes, dedos en su nuca, jalando suave su cabello. Besos torpes al principio, lenguas chocando, sabor a tequila y menta en su boca.

Acto dos: la escalada

Llegan al depa en la Roma, un lugar chulo con vistas a la ciudad iluminada. Ella cierra la puerta y te empuja contra la pared, besos fieros ahora, manos explorando. Tu camisa vuela, sus uñas arañan tu pecho, dejando rastros rojos que pican delicioso. —Quítate todo, wey —ordena, voz jadeante. Tú obedeces, verga dura saltando libre, venosa y palpitante. Ella se muerde el labio, ojos devorándote.

Pero el pinche celular vibra en tu bolsillo. Lo sacas por instinto, trying traductor una vez más: "Quiero follarte toda la noche". Sale: "quiero hollar te toda no che". Ella ríe, lo arrebata y lo tira al sofá. —No mames, gringo. Usa esto. Te agarra la mano y la pone en su chichi, bajo la blusa. Tela fina, pezón duro como piedra bajo tu palma. Gimes, masajeando, sintiendo su latido acelerado. Ella gime bajo, un sonido gutural que te eriza la piel, olor a sudor fresco subiendo.

Se desnuda lento, provocándote. Senos plenos, pezones oscuros erectos, invitándote. Baja la falda, tanga negra empapada pegada a su panocha hinchada. Te arrodillas, olfateando su esencia: salada, dulce, adictiva. Lengua en su clítoris, chupando suave, ella agarra tu cabeza, caderas moviéndose al ritmo. ¡Ay, cabrón, qué rico! Grita, jugos corriendo por tu barbilla, sabor almendrado y sal. Tu verga duele de necesidad, pre-semen goteando.

La cargas a la cama, king size con sábanas frescas de algodón egipcio. Ella te monta, guiando tu pinga a su entrada húmeda. Deslizas adentro, apretada, caliente como horno. ¡Sí, métela toda, wey! Gruñe, cabalgando fuerte, tetas rebotando, sudor brillando en su piel morena. Sientes cada contracción, paredes vaginales masajeando tu verga, sonidos chapoteantes, piel contra piel plaf plaf. Tus manos en sus nalgas, amasando carne firme, olor a sexo llenando la habitación, mezclado con su perfume.

Internamente luchas:

Esto es más que follar, es conexión pura, sin palabras falsas.
Cambian posiciones, tú de perrito, embistiendo profundo, ella arqueando espalda, gritando ¡Más duro, pendejo!. El clímax se acerca, pulsos latiendo sincronizados, respiraciones entrecortadas. Ella se gira, piernas en tus hombros, penetrando hondo, rozando su punto G. Gime tu nombre mal pronunciado, "Traaai!", riendo entre jadeos.

El release

Explotas primero, chorros calientes llenándola, ella convulsionando alrededor, orgasmo rugiente, uñas clavadas en tu espalda. ¡Me vengo, chingao! Aúlla, cuerpo temblando, jugos mezclándose con tu semen, resbalando por muslos. Colapsan juntos, sudorosos, pegajosos, corazones martilleando como tambores aztecas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, sabor a sal y placer compartido.

Después, enredados en sábanas revueltas, ella acaricia tu pecho. —Ves, wey, no necesitas trying traductor. Los cuerpos hablan solos. Ríes, besando su frente, oliendo su cabello a coco. La ciudad zumba afuera, pero aquí dentro, paz y calidez. Piensas en quedarte más días, en explorar más que palabras. Ella se acurruca, suspiro satisfecho, y cierras ojos, sabiendo que esta noche cambió todo. El deseo no necesita traducción; se siente en la piel, late en las venas, explota en el alma.

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