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Morphe Blush Trio Despierta Pasiones

6782 palabras

Morphe Blush Trio Despierta Pasiones

Me paré frente al espejo de mi depa en la Condesa, con el corazón latiéndome a mil por hora. La luz suave del atardecer se colaba por las cortinas, pintando todo de un naranja cálido que hacía que mi piel morena brillara como si estuviera untada en miel. Tenía el Morphe Blush Trio en las manos, esa paleta nueva que me había llegado esa mañana, con sus tres tonos de rubor que prometían un glow de infarto: un rosado suave como caricia de amanecer, un durazno jugoso que gritaba deseo, y un terracota intenso que te hacía pensar en besos robados bajo las sábanas.

Órale, Ana, hoy te vas a poner bien perra, me dije mientras abría la paleta. El aroma fresco del polvo me invadió la nariz, mezclado con un toque polvoso y dulce que me erizaba la piel. Mojé la brocha en el primer tono, el rosado, y lo pasé por mis pómulos altos. Sentí las cerdas suaves rozándome como dedos juguetones, dejando un rubor que subía hasta mis orejas. Me vi en el espejo y ¡neta! Parecía una diosa lista para devorar el mundo. O mejor dicho, a dos cabrones que me esperaban para la noche más loca de mi vida.

Luis y Marco, mis weyes favoritos de la app. Los había conocido hace un mes en una fiesta en Polanco, bailando reggaetón hasta el amanecer. Eran altos, musculosos, con esa piel canela que me volvía loca, y unas sonrisas que prometían problemas del bueno. Habíamos platicado de fantasías, de tríos, de explorarnos sin prisa. Hoy era el día. Les mandé un mensajito: "Ya casi, vengan con ganas, pinches calientes". Su respuesta fue un emoji de fuego y un "Allá vamos, reina". Mi chichi se humedeció solo de imaginarlos entrando por la puerta.

El segundo tono del Morphe Blush Trio, el durazno, lo apliqué con toquecitos, sintiendo el polvo adherirse a mi piel húmeda por el calor del baño reciente. Olía a vainilla y deseo, y cada pasada me hacía jadear bajito. ¿Y si llegan y me ven así, maquillándome como puta elegante? La idea me prendió. Me puse un vestido negro ceñido que apenas tapaba mis muslos gruesos, sin bra ni calzón, lista para lo que viniera.

El timbre sonó como un trueno en mi pecho. Abrí la puerta y ahí estaban: Luis con su camisa desabotonada mostrando pectorales duros, Marco con jeans ajustados que marcaban todo. "¡Mamacita!" soltó Luis, oliendo a colonia fresca y cerveza. Marco me jaló por la cintura, su aliento cálido en mi cuello: "Te ves de puta madre, Ana. ¿Qué es ese rubor que traes? Te hace ver como si ya estuvieras mojada".

Los metí adentro, riéndome. "Es el Morphe Blush Trio, weyes. Miren", les mostré la paleta. Luis la tomó, curioso, y me pasó un dedo por la mejilla. "Suave como tu piel, carnala". Su toque fue eléctrico, bajando por mi cuello hasta el borde del vestido. Marco se pegó por detrás, sus manos en mis caderas, rozándome el culo con su verga ya dura contra mí.

La tensión creció como fuego lento. Nos sentamos en el sofá de terciopelo rojo, con música de Bad Bunny de fondo, ritmos que nos hacían movernos sin querer. Les conté cómo el tercer tono, el terracota, era mi fave: lo mezclé con los otros para un efecto ahumado que hacía mis ojos brillar de lujuria. "Pruébenlo", les dije juguetona, untando un poco en el dedo de Marco. Él se lo pasó por los labios, y yo lo besé, probando el polvo dulce mezclado con su saliva salada. "¡Pendejos, saben rico!"

Acto de escalada. Las manos de Luis subieron por mis muslos, abriéndolos despacio. Sentí su aliento caliente en mi entrepierna, oliendo mi arousal que ya goteaba. "Estás chorreando, mi amor", murmuró. Marco me besaba el cuello, mordisqueando suave, mientras sus dedos pellizcaban mis pezones duros como piedras. Gemí, arqueándome. Esto es lo que quería, ser el centro de su mundo.

Me quitaron el vestido como si fuera papel. Desnuda, solo con el rubor en las mejillas, me recosté. Luis lamió mis tetas, su lengua áspera trazando círculos, saboreando mi sudor salado. Marco se hincó entre mis piernas, abriéndolas con manos firmes. "Mírate, toda rosadita como tu blush". Su boca tocó mi clítoris, chupando suave al principio, luego con hambre. El sonido húmedo de su lengua me volvía loca, mezclado con mis jadeos y los gruñidos de Luis.

Internamente luchaba:

No tan rápido, disfruta cada segundo. Hazlos rogar
. Les pedí que se quitaran la ropa. Sus cuerpos eran perfectos: vergas gruesas, venosas, palpitando por mí. Tomé el Morphe Blush Trio otra vez, untando un poco de durazno en la punta de la verga de Luis. "Ahora sí, cabrón". La chupé despacio, el polvo dulce en mi lengua, su pre-semen salado mezclándose. Marco se masturbaba viéndonos, su mano subiendo y bajando con ritmo.

La intensidad subió. Me puse a cuatro, con Luis detrás embistiéndome lento, su verga llenándome hasta el fondo, cada choque haciendo slap-slap contra mi culo. Marco enfrente, metiéndosela en la boca. Olía a sexo puro: sudor, fluidos, el leve polvo del blush. Sentía sus pulsos acelerados contra mi piel, mis paredes apretándolo, el calor subiendo por mi espina.

"Más fuerte, wey", le supliqué a Luis. Él obedeció, agarrándome las caderas, follando con fuerza mientras Marco me follaba la garganta. Gemidos ahogados, cuerpos sudados chocando. Cambiamos: Marco debajo, yo cabalgándolo, sintiendo su grosor estirándome, rebotando con tetas saltando. Luis se unió, frotando su verga contra mi culo, pidiendo entrar. "Sí, métela, pero despacio". Lubricado con mi propia humedad, entró. Doble penetración, llena como nunca. Dolor placeroso al inicio, luego éxtasis puro. Sus vergas rozándose dentro de mí, separadas por una delgada pared.

El clímax llegó en olas. Primero Marco, gruñendo "Me vengo, pinche reina", llenándome de calor líquido. Eso me disparó: orgasmos múltiples, mi cuerpo temblando, squirteando un poco sobre su abdomen. Luis último, eyaculando profundo en mi culo con un rugido animal. Colapsamos, pieles pegajosas, respiraciones jadeantes.

En el afterglow, nos quedamos enredados en el sofá. El aroma del sexo flotaba, mezclado con el dulce del Morphe Blush Trio que aún manchaba nuestras pieles. Luis me besó la frente: "Eres lo máximo, Ana". Marco acarició mi mejilla ruborizada: "Ese blush nos volvió locos". Reí bajito, sintiendo una paz profunda.

Esto no termina aquí, pensé mientras el sol se ponía. Habíamos cruzado un umbral, y el deseo solo crecía. Mañana, más tonos del Morphe para pintar nuevas pasiones.

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