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Videos Tríos Dos Mujeres un Hombre Irresistibles

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Imagina que estás en un departamento chido en la Condesa, con las luces bajas y el aire cargado de ese olor a tequila reposado que flota desde las copas sobre la mesita de centro. Eres , un tipo común y corriente de veintiocho años, trabajando en una agencia de publicidad, pero esta noche todo cambia. Frente a ti, en el sofá de piel suave, están Ana y Lupe, dos morras que conociste en una fiesta la semana pasada. Ana, con su cabello negro largo y ondulado que le cae como cascada sobre los hombros bronceados, viste un vestido rojo ajustado que resalta sus curvas generosas. Lupe, más petite, con ojos verdes que brillan como luces de neón y un top negro que deja ver su ombligo piercing, te mira con una sonrisa pícara.

La noche empezó inocente, con chelas frías y pláticas de la vida. Pero después de unas risas y un par de shots, Lupe sacó su laptop. "Órale, carnal", dijo con esa voz ronca que te eriza la piel, "vamos a ver unos videos trios dos mujeres un hombre pa' ponernos en ambiente. Dicen que son lo máximo". Ana se recargó en tu hombro, su aliento cálido con sabor a limón y sal rozando tu cuello. "Sí, wey, neta que me prenden", murmuró ella, y sentiste cómo su mano se posaba en tu muslo, subiendo despacito.

El primer video empezó: dos chavas despampanantes devorando a un vato con una hambre que se sentía en el aire. Los gemidos suaves salían de los bocinas, mezclados con el slap slap de piel contra piel. Tú sentiste tu verga endurecerse al instante, presionando contra el pantalón. Ana notó el bulto y soltó una risita baja. "Uy, mira nomás cómo se para el pinche soldado", susurró Lupe, inclinándose para besar tu oreja, su lengua trazando un círculo húmedo que te mandó chispas por la espalda.

¿Qué chingados estoy haciendo? Esto es una fantasía salida de esos videos trios dos mujeres un hombre que miro a escondidas. Pero ellas son reales, calientes, queriendo lo mismo que yo. No hay vuelta atrás.

Acto uno: la tensión crece como una tormenta en el DF. Tus manos tiemblan un poco cuando tocas el muslo de Ana, suave como seda bajo tus dedos. Ella se gira y te besa, sus labios carnosos saboreando a tequila y deseo puro. Lupe no se queda atrás; se arrodilla entre tus piernas, desabrochando tu cinturón con dientes, el sonido metálico resonando en la habitación. "Relájate, papi", dice, mientras libera tu miembro tieso, palpitante. El aire fresco lo roza, y gimes cuando su aliento caliente lo envuelve.

Ana se quita el vestido de un tirón, revelando senos firmes con pezones oscuros ya duros como piedritas. Lupe la jala hacia ti, y de pronto tienes dos bocas explorándote: Ana lamiendo tu cuello, mordisqueando la piel salada, mientras Lupe engulle tu verga hasta la garganta, su saliva cálida chorreando por los huevos. El olor a su excitación sube, almizclado y dulce, mezclándose con el perfume floral de Ana. Tus manos se hunden en sus cabelleras, una lisa, la otra rizada, guiándolas en un ritmo que acelera tu pulso como tambores de cumbia.

Pero no es solo físico; sientes la conexión. Ana te mira a los ojos mientras se toca, sus dedos hundiéndose en su coño depilado y húmedo. "Te quiero dentro, pero primero mira cómo nos ponemos", jadea. Lupe se levanta, se baja el short, mostrando un culo redondo y prieto. Se sientan a horcajadas sobre tus muslos, frotándose contra ti, sus jugos mojando tus pantalones. El roce es eléctrico, piel resbaladiza contra tela, gemidos que llenan el cuarto como una sinfonía sucia.

Pasamos al medio acto, donde la intensidad sube como el volcán en erupción. Las llevas al cuarto, la cama king size con sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo el peso de tres cuerpos enredados. Ana se tumba boca arriba, abriendo las piernas en invitación. "Ven, fóllame mientras Lupe te mama los huevos", ordena con voz de jefa, empoderada y cachonda. Te posicionas, la punta de tu verga rozando sus labios vaginales hinchados, resbalosos de miel. Empujas despacio, sintiendo cómo su calor te envuelve centímetro a centímetro, apretándote como un guante vivo.

Lupe se acurruca al lado, lamiendo donde tú entras y sales, su lengua danzando sobre tu eje y el clítoris de Ana. Los sonidos son obscenos: el chapoteo húmedo, los jadeos entrecortados, el slap de tus pelvis chocando. Hueles su sudor mezclado con feromonas, ese aroma primal que te pone más duro. Ana arquea la espalda, sus uñas clavándose en tus hombros, dejando marcas rojas que arden delicioso. "¡Más fuerte, cabrón! ¡Así, pinche semental!" grita, y tú obedeces, embistiéndola con fuerza controlada, sintiendo su interior contraerse en espasmos previos al orgasmo.

Esto es mejor que cualquier video trios dos mujeres un hombre. Sus cuerpos se amoldan al mío, sus almas se entregan. Soy el rey de esta noche, y ellas mis reinas guerreras.

Cambian posiciones como en una coreografía perfecta. Lupe se pone a cuatro patas, su culo en pompa, invitándote. Ana se desliza debajo de ella en 69, lamiéndole el coño mientras tú penetras a Lupe desde atrás. Su entrada es más estrecha, apretada, succionándote con cada thrust. Tocas sus nalgas, separándolas para ver cómo desapareces en ella, el anillo rosado estirándose. Ana gime contra el clítoris de Lupe, vibraciones que la hacen temblar. Tus bolas golpean suave, el sudor gotea por tu pecho, salado en tus labios cuando lo lames.

La tensión psicológica es brutal: luchas por no correrte pronto, mordiéndote el labio hasta saborear sangre metálica. Ellas te animan, "¡Aguántate, wey! Queremos más", dice Ana, montándote ahora a la inversa, su espalda contra tu pecho, rebotando con fuerza que hace temblar la cama. Lupe besa tu boca, lenguas enredadas, compartiendo el sabor de sus jugos. Sientes sus pezones rozando tu piel, duros y sensibles, pellizcándolos para oír sus chillidos de placer.

El clímax del medio: un trío de orgasmos escalonados. Lupe se corre primero, su coño convulsionando alrededor de tus dedos mientras Ana la come. Grita "¡Me vengo, chingada madre!", chorros calientes salpicando las sábanas. Ana sigue, cabalgándote salvaje, sus paredes internas ordeñándote hasta que explota en un temblor violento, uñas en tu pecho. Tú resistes, pero el olor a sexo puro, los gemidos en estéreo, te empujan al borde.

Acto final: la liberación y el afterglow. Las pones a las dos de rodillas frente a ti, verga en mano, palpitante y venosa. "Danos tu leche, papi", suplican al unísono, bocas abiertas, lenguas fuera. Eyaculas en arcos potentes, semen caliente salpicando sus caras, senos, gargantas. Ellas se lamen mutuamente, limpiándose con besos lujuriosos, saboreando tu esencia salada y espesa.

Colapsan los tres en la cama, cuerpos entrelazados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El cuarto huele a sexo consumado, a victoria compartida. Ana acaricia tu cabello, "Fue chingón, ¿verdad? Mejor que esos videos trios dos mujeres un hombre". Lupe asiente, besando tu hombro. "Neta, carnal, hay que repetir".

Tú sonríes en la penumbra, el corazón latiendo aún fuerte, sintiendo su calor envolviéndote. No hay arrepentimientos, solo una satisfacción profunda, como si hubieras tocado el cielo con las manos. Mañana será otro día, pero esta noche, en este nido de placer, eres eterno.

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