Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Trio Los Tres Diamantes Trio Los Tres Diamantes

Trio Los Tres Diamantes

6522 palabras

Trio Los Tres Diamantes

La noche en Playa del Carmen olía a sal marina y a jazmín fresco, con el rumor de las olas rompiendo suave contra la arena blanca de la playa privada. Valeria caminaba descalza por el jardín de la villa, el vestido ligero de gasa rozando sus muslos como una caricia prohibida. Hacía calor, ese bochorno pegajoso que hacía brillar la piel, y su corazón latía con una mezcla de nervios y anticipación. Javier, su novio de ojos negros y sonrisa pícara, la había convencido de esto: una escapada con su carnal Esteban, el wey más guapo que había visto en su vida. Neta, ¿qué pedo conmigo? pensó, sintiendo el pulso acelerarse entre las piernas.

"Órale, Val, mira quién llegó", dijo Javier, levantando su vaso de tequila reposado. Esteban estaba ahí, recargado en la barra de la terraza, con una camisa blanca abierta que dejaba ver su pecho moreno y tatuado. Alto, fornido, con esa mirada de diamante que cortaba el aire. "Este es mi hermano, el cabrón que siempre anda de conquistador. Pero hoy somos los tres diamantes, ¿no?". Valeria rio, nerviosa, pero el apodo le cayó como anillo al dedo. Javier era el diamante rojo, pasional y ardiente; Esteban el azul, profundo y misterioso; y ella, el blanco, puro fuego contenido.

¿De veras voy a hacer esto? Dos carnales como ellos, listos para comerme viva. Ay, wey, me late tanto que ya siento la humedad en mis calzones.

Se sentaron en los sillones de mimbre, con velas parpadeando y música de cumbia rebajada sonando bajito. El tequila bajaba suave, quemando la garganta y soltando las lenguas. Esteban contaba anécdotas de sus viajes por la Riviera, su voz grave vibrando en el pecho de Valeria como un tambor. Javier le pasaba la mano por la espalda, subiendo despacio hasta el cuello, mientras Esteban la miraba fijo, con esa sonrisa que prometía pecados. "Eres una ricura, Valeria. Javier no exageraba", murmuró Esteban, y ella sintió un escalofrío, el pezón endureciéndose bajo la tela fina.

La tensión crecía como la marea. Javier se inclinó y la besó, lento, con lengua juguetona, mientras Esteban observaba, bebiendo de su vaso. El beso se profundizó, y Valeria jadeó cuando sintió la mano de Esteban en su rodilla, subiendo por el interior del muslo. Su piel es áspera, como arena caliente, pero qué chido se siente. "No mames, ¿ya se armó el desmadre?", bromeó Javier, y los tres rieron, rompiendo el hielo. Se pusieron de pie, bailando pegados en la terraza, cuerpos rozándose al ritmo de la música. Valeria en medio, sintiendo las erecciones presionando contra sus caderas, el olor a colonia masculina mezclándose con su perfume floral.

Entraron a la suite principal, iluminada solo por la luna que se colaba por las cortinas. La cama king size los esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Javier la desvistió primero, deslizando el vestido por sus hombros, exponiendo sus tetas firmes y el tanga negro empapado. "Mira qué panochita tan rica", gruñó Esteban, quitándose la camisa. Valeria se mordió el labio, viendo sus torsos esculpidos, vellos oscuros bajando hasta las vergas ya duras bajo los pantalones. Tocó a Javier, palpando su pecho caliente, luego a Esteban, cuya piel olía a sol y sudor fresco.

Se tumbaron, un enredo de piernas y brazos. Javier besaba su boca, chupando su lengua con hambre, mientras Esteban lamía sus pezones, succionando fuerte hasta que ella arqueó la espalda con un gemido ronco. ¡Qué pinche rico! Dos bocas en mí, como si fuera su reina. Sus manos bajaron, Javier metiendo dedos en su coño húmedo, resbaloso de jugos, mientras Esteban se desabrochaba el pantalón, sacando su verga gruesa, venosa, reluciente de precum. Valeria la agarró, masturbándola lento, sintiendo el pulso latiendo en su palma, el calor irradiando.

Esto es el trio los tres diamantes, puro brillo y fuego. No quiero que pare nunca.

La intensidad subía. Esteban se posicionó entre sus piernas, lamiendo su clítoris hinchado, la lengua plana y experta haciendo círculos que la volvían loca. "¡Ay, cabrón, no pares!", gritó ella, clavando uñas en su cabeza. Javier se arrodilló a su lado, ofreciéndole su verga para mamarla. Ella lo hizo con gusto, tragándosela hasta la garganta, saboreando el salado de su piel, los gemidos de él vibrando en su boca. Esteban la penetró con los dedos primero, dos gruesos abriendo su entrada, preparándola. "Estás chorreando, mamacita", dijo, y ella solo pudo gemir alrededor de la polla de Javier.

Cambiaron posiciones, el aire cargado de olor a sexo, sudor y excitación. Valeria montó a Javier, empalándose en su verga dura, sintiendo cómo la llenaba hasta el fondo, rozando ese punto que la hacía temblar. Subía y bajaba, tetas rebotando, mientras Esteban se ponía detrás, untando lubricante en su ano virgen. Miedo y morbo a la vez, wey. Pero confío en ellos. Entró despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento ardiente pero placentero, hasta que los tres estuvieron unidos, moviéndose en ritmo perfecto. Javier embestía desde abajo, Esteban desde atrás, sus manos en sus caderas, pellizcando suave.

Los sonidos llenaban la habitación: piel contra piel chapoteando, gemidos ahogados, respiraciones jadeantes. "¡Cógeme más fuerte, pinches diamantes!", rogaba ella, perdida en el placer. Esteban aceleró, su verga palpitando en su culo apretado, mientras Javier pellizcaba su clítoris, llevándola al borde. El orgasmo la golpeó como ola gigante, contracciones violentas ordeñando las vergas, jugos chorreando por los muslos de Javier. Ellos no tardaron: Javier se corrió primero, llenándola de semen caliente que se sentía como lava, gruñendo su nombre. Esteban la siguió, eyaculando profundo en su trasero, el calor extendiéndose por su cuerpo.

Colapsaron en un montón sudoroso, pechos subiendo y bajando, besos suaves y risas cansadas. El olor a semen y pussy impregnaba las sábanas, el mar susurrando afuera como aplauso. Javier la abrazó por un lado, Esteban por el otro, sus cuerpos pegajosos uniéndolos. "Somos los tres diamantes, brillando juntos", murmuró Javier, y ella sonrió, sintiendo una paz profunda.

Esto no fue solo cogida, fue conexión. Mañana repetimos, neta.

La luna se desvanecía, pero el fuego en ellos ardía eterno, listos para más noches de trio los tres diamantes.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.