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Unplugged El Tri Desata Pasiones

6602 palabras

Unplugged El Tri Desata Pasiones

La noche en el bar de la Condesa estaba caliente como el tequila reposado que me serví de un trago. El aire olía a humo de cigarro viejo, sudor fresco y esa esencia de cerveza Coronita derramada en el piso de madera gastada. Las luces tenues parpadeaban al ritmo de las cuerdas de la guitarra acústica, y de pronto, el vocalista gritó: "Unplugged El Tri, carnales, ¡a rockear sin enchufes!". El público enloqueció, yo incluida. Me llamo Ana, tengo veintiocho pirulos, y neta, El Tri siempre me ha puesto la piel chinita, pero esa noche fue diferente.

Estaba sola, sentada en la barra con mi falda negra ajustada que subía un poquito cuando cruzaba las piernas, y una blusa escotada que dejaba ver el encaje de mi brasier rojo. No buscaba nada, o eso me decía a mí misma, pero el ambiente Unplugged El Tri tenía algo salvaje, despojado, como si la música nos quitara las máscaras. Ahí lo vi: Marco, moreno, con barba de tres días, playera negra de El Tri desteñida y jeans que marcaban lo justo. Me miró desde el otro lado del bar, sus ojos cafés intensos clavados en mí mientras tocaban "Triste Canción de Amor". Sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas pendejas volando a mil.

¿Qué chingados? ¿Por qué me mira así? Neta, está guapo el wey, con esa sonrisa de pendejo confiado.

Se acercó con una cerveza en la mano, el olor de su colonia mezclada con el sudor me llegó antes que su voz. "Órale, mamasita, ¿te late El Tri unplugged?" dijo, sentándose a mi lado sin pedir permiso. Su voz ronca, como la de Alex Lora en vivo, me erizó los vellos de los brazos. Le sonreí, juguetona: "Sí, wey, desenchufado se siente más crudo, más en la piel." Charlamos de canciones, de conciertos pasados, de cómo "Unplugged El Tri" nos hacía sentir vivos en esta pinche ciudad que ahoga. Su mano rozó la mía al pasarme la cerveza, y juro que un chispazo me recorrió el cuerpo, directo al entrepierna.

La banda seguía con "Piedras Rodantes", el público coreaba, y Marco me jaló a la pista improvisada. Bailamos pegados, su pecho duro contra mis tetas, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela. Olía a hombre, a deseo contenido, y yo sentía mi tanga humedeciéndose con cada roce. "Estás cañón", me susurró al oído, su aliento caliente contra mi cuello. Le mordí el lóbulo de la oreja, juguetona: "Tú tampoco estás tan pendejo, carnal." La tensión crecía como la guitarra subiendo de volumen, mis pezones duros rozando su torso, sus manos en mi cintura bajando poquito a poco hacia mi culo.

Acto dos: la escalada

Salimos del bar tambaleándonos de risa y lujuria, el fresco de la noche contrastando con el fuego que nos quemaba por dentro. Caminamos hasta su depa en la Roma, a unas cuadras, tomados de la mano como adolescentes pendejos. En el elevador, no aguantamos: me acorraló contra la pared, sus labios devorando los míos con hambre. Sabía a cerveza y a menta, su lengua explorando mi boca mientras sus manos subían por mis muslos, rozando el borde de mi falda. Gemí bajito, el sonido del ding del elevador anunciando nuestra llegada como un clímax prematuro.

Adentro, su cuarto era un desmadre chido: posters de El Tri, una guitarra acústica en la esquina, luces bajas. Puso el disco "Unplugged El Tri" en el tocadiscos, las notas crudas llenando el aire. "Esto es para ti", dijo, quitándome la blusa con lentitud tortuosa. Sus ojos devoraban mis tetas enfundadas en encaje rojo, y yo ardía, sintiendo el pulso acelerado en mi clítoris. Me desabroché el brasier, dejándolo caer, y él gruñó de placer, sus manos cálidas amasando mis pechos, pulgares en los pezones endurecidos.

¡Chingado, qué bien se siente! Su toque es eléctrico, aunque todo esté unplugged.

Lo empujé a la cama, desvestí su playera revelando un torso tatuado con frases de rock, músculos firmes por horas en el gym. Bajé su zipper, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en mi mano, sintiendo el calor y las venas marcadas, el olor almizclado de su excitación invadiéndome. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando la sal de su pre-semen, mientras él jadeaba mi nombre. "Ana, neta me traes loco". Lo chupé profundo, mi lengua girando, sus caderas moviéndose al ritmo de "Abuso Autoridad" sonando de fondo.

Me levantó, me quitó la falda y el tanga empapado, sus dedos explorando mi coño húmedo, resbaloso. "Estás chorreando, preciosa", murmuró, metiendo dos dedos, curvándolos justo en mi punto G. Gemí fuerte, mis jugos corriendo por sus manos, el squelch húmedo mezclándose con la música. Me lamió el cuello, bajando a mis tetas, succionando pezones mientras sus dedos me follaban lento, building up la tensión. Yo arañaba su espalda, oliendo su sudor fresco, sintiendo mi orgasmo acercándose como una ola.

Pero no lo dejé acabar ahí. Lo volteé, montándome a horcajadas, su verga rozando mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarme, llenarme por completo. "¡Ay, wey!", grité, el placer punzante convirtiéndose en éxtasis. Cabalgaba fuerte, mis caderas girando, tetas rebotando, sus manos en mi culo guiándome. El slap de piel contra piel, nuestros gemidos, la guitarra unplugged de fondo... todo se fundía en un torbellino sensorial.

Acto tres: la liberación

Cambié de posición, él encima, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi culo. Sudábamos como puercos, el cuarto oliendo a sexo puro, a coño mojado y verga excitada. Me miró a los ojos, "Vente conmigo, Ana", y aceleró, su verga hinchándose dentro de mí. El orgasmo me golpeó como un rayo, mi coño contrayéndose alrededor de él, chorros de placer escapando, piernas temblando. Él rugió, llenándome de su leche caliente, pulsos y pulsos hasta gotear.

Colapsamos, jadeantes, su peso cómodo sobre mí. La música seguía, suave ahora con "Todo Meneándose". Besos lentos, caricias perezosas en la piel empapada. "Neta, lo mejor de Unplugged El Tri", bromeó, y reímos, cuerpos entrelazados.

Esta noche desenchufada me cambió. No era solo sexo, era conexión cruda, como la música que nos unió.

Nos quedamos así, escuchando el final del disco, saboreando el afterglow, con la promesa de más noches así. El Tri unplugged había desatado algo eterno en nosotros.

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