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El Tri AMLO Ardiente

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El Tri AMLO Ardiente

La noche en el DF ardía como tequila puro. Entraste al bar La Perla Negra en la Condesa, donde el tributo a El Tri ponía a todos a sudar. El bajo retumbaba en tu pecho, un golpeteo que te hacía sentir vivo, y el aire cargado de humo de cigarro, cerveza derramada y ese olor terroso a cuerpos calientes. Luces rojas parpadeaban sobre la pista, iluminando siluetas que se movían como en trance.

Allí la viste. Una morena de curvas que quitaban el hipo, con una playera ajustada que decía El Tri AMLO en letras flameantes, como si Álex Lora y el presidente se hubieran unido en un himno prohibido. Bailaba sola, pero con una energía que atraía miradas. Su piel morena brillaba con sudor fino, el cabello negro suelto cayendo en ondas salvajes. Te acercaste, el corazón latiéndote fuerte, más que la batería de la banda.

—¡Órale, güey! ¿Fan de El Tri y AMLO? Esa playera está chida —dijiste, alzando la voz sobre la música.

Ella giró, ojos cafés profundos clavándose en los tuyos, una sonrisa pícara que te erizó la piel. —Neta, carnal. El Tri AMLO es mi combo perfecto: rock pa'l alma y lucha pa'l corazón. ¿Y tú, qué pedo? —Su voz ronca, con ese acento chilango puro, te recorrió como una caricia.

Se llamaban Lola. Pidieron chelas frías, chocaron botellas. Hablaron de Triste Canción de Amor, de cómo El Tri te hace sentir mexicano hasta los huesos, y de AMLO como el cabrón que pone orden. La tensión crecía con cada risa, cada roce accidental de sus brazos. Su perfume, mezcla de vainilla y jazmín, se colaba entre el hedor a tabaco, embriagándote.

Pinche mujer, piensas, me traes de bajada. Sus labios carnosos piden un beso, y esa playera... imagino quitándosela despacio.

La banda tocó Abuso de Autoridad, y Lola te jaló a la pista. Sus caderas se pegaron a las tuyas, moviéndose al ritmo. Sentiste el calor de su cuerpo a través de la tela delgada, sus nalgas firmes presionando contra tu entrepierna. Tus manos en su cintura, piel suave y cálida, sudor mezclándose. El mundo se redujo a ese vaivén, pulsos acelerados sincronizándose con la guitarra eléctrica.

—Me late cómo bailas, wey —susurró en tu oído, aliento caliente rozando tu cuello, mandándote escalofríos hasta la verga que ya se endurecía.

La noche escaló. Salieron del bar, el aire fresco de la calle contrastando con el fuego interno. Caminaron a su depa en Roma, a unas cuadras, besándose en cada semáforo. Sus labios sabían a cerveza y limón, lengua juguetona explorando tu boca con hambre contenida. La mano de ella bajó a tu paquete, apretando juguetona. —Estás listo, ¿verdad, pendejo? —rió, voz temblorosa de deseo.

En su depa, un loft chiquito con posters de El Tri y banderas mexicanas, cerraron la puerta. Lola te empujó contra la pared, besos fieros ahora, dientes mordisqueando tu labio inferior. Olía a ella por todos lados: sexo inminente, humedad entre sus muslos. Te quitó la playera, uñas arañando tu pecho, bajando al cinturón.

—Quítame esto —ordenó, alzando los brazos. La playera El Tri AMLO voló, revelando senos perfectos, pezones oscuros endurecidos. Los besaste, lengua rodeando uno, succionando suave. Ella gimió, un sonido gutural que te vibró en los huevos. Manos en su pelo, inhalando su aroma: sudor dulce, excitación almizclada.

No mames, carnal, esta chava es fuego puro. Su piel sabe a sal y miel, y cómo se arquea... ya quiero estar adentro.

La llevaste a la cama, desvistieron lo resto con urgencia juguetona. Su cuerpo desnudo era un templo: caderas anchas, panza suave, panocha depilada reluciente de jugos. Te arrodillaste, besando su interior de muslos, lengua lamiendo despacio hasta el clítoris hinchado. Sabía a mar, salada y adictiva. Lola jadeaba, manos en tu cabeza, caderas empujando. —¡Sí, cabrón, así! Chúpame rico —gemía, voz entrecortada.

La pusiste boca arriba, verga tiesa rozando su entrada húmeda. Entraste lento, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes apretándote, calor envolvente. Ella clavó uñas en tu espalda, rayones que dolían rico. Embestidas graduales, primero suaves, building tensión. El colchón crujía, pieles chocando con palmadas húmedas, olor a sexo llenando la habitación.

—Métemela más hondo, wey —suplicó, piernas envolviéndote. Aceleraste, sudor goteando de tu frente a sus senos, pulsos latiendo al unísono. Sus pechos rebotaban, gemidos convirtiéndose en gritos: —¡Me vengo, pinche amor! —Su coño se contrajo, ordeñándote, jugos empapando sábanas.

Te volteó encima, montándote como amazona. Sus caderas girando, verga enterrada profundo, rozando su punto G. Agarraste sus nalgas, apretando carne firme. El placer subía, bolas tensas. —Voy a correrme, Lola —gruñiste.

—Adentro, güey, lléname —ordenó, ojos en llamas.

Explotaste, chorros calientes inundándola, cuerpo temblando en éxtasis. Ella colapsó sobre ti, respiraciones agitadas, corazones martilleando.

Después, en la afterglow, se acurrucaron bajo las sábanas revueltas. Su cabeza en tu pecho, dedo trazando círculos en tu piel. Olía a sexo satisfecho, paz envolvente. —Neta, carnal, esto fue como un concierto de El Tri con AMLO de DJ —rió bajito.

Pinche vida chida, piensas. Esta noche, El Tri AMLO no era solo una playera, era nuestro fuego compartido. Mañana quién sabe, pero esta conexión... quedará tatuada.

Se durmieron así, envueltos en el calor del otro, la ciudad zumbando afuera como un eco lejano de la pasión vivida.

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