Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Bedoyecta Tri Ampolletas Precio de Pasión Desbordante Bedoyecta Tri Ampolletas Precio de Pasión Desbordante

Bedoyecta Tri Ampolletas Precio de Pasión Desbordante

7246 palabras

Bedoyecta Tri Ampolletas Precio de Pasión Desbordante

Estaba hecho un pinche desastre esa mañana. Me sentía como si me hubieran pasado un camión por encima, con el cuerpo pesado y esa flojera que no me dejaba ni pararme de la cama. ¿Qué chingados me pasa? pensé mientras me rascaba la cabeza, mirando el techo de mi depa en la colonia Roma. Tenía una cita esa noche con Karla, esa morra que me traía loco desde hace semanas. Sus curvas, su risa pícara, el olor de su perfume que se me pegaba en la piel cada vez que nos rozábamos. Pero yo, con treinta y tantos, andaba falto de pila, como batería descargada.

Me levanté de un brinco y me puse a googlear. Ahí lo vi: Bedoyecta Tri ampolletas precio. En la farmacia de la esquina, tres ampolletas por doscientos pesos. ¡Neta, eso es un gangazo! me dije. Era pura vitamina B, B1, B6 y B12, lo que necesitaba para recargar energías. Corrí a la farmacia, pagué los doscientos varos y regresé volando. La caja traía tres ampolletas chiquitas, cristalinas, con ese líquido rojo que prometía milagros.

Me senté en la cocina, esterilicé la aguja con alcohol y me la clavé en el glúteo. Ay, cabrón, dolió un poquito, pero ya estaba. Sentí un calorcito expandiéndose por mis venas, como si mi sangre se encendiera. El aroma del desinfectante se mezcló con el café que acababa de colar, fuerte y humeante. Me miré al espejo: los ojos más brillantes, el pecho inflado. Esta noche la armo, wey.

Llegó Karla a las ocho en punto, con un vestido negro ajustado que marcaba sus chichis perfectas y sus caderas que me volvían loco. Olía a vainilla y algo floral, dulce como un pecado. Me abrazó en la puerta, sus tetas presionando contra mi pecho, y sentí mi verga despertar al instante.

¿Estás listo para mí, guapo? murmuró en mi oído, su aliento cálido rozándome la oreja.

¡Más que listo, mi reina! le contesté, besándola con hambre. Sus labios suaves, carnosos, sabían a menta fresca. La llevé al sofá, mis manos explorando su espalda, bajando hasta su culo firme. Ella gemía bajito, un sonido ronco que me erizaba la piel.

Nos besamos como posesos, lenguas enredadas, saliva mezclándose. Le quité el vestido despacio, revelando su lencería roja, tanga diminuta que apenas cubría su conchita depilada. Estás riquísima, le dije, oliendo su piel salada, ese aroma de mujer excitada que me mareaba. Ella me desabrochó la camisa, arañándome el pecho con las uñas pintadas de rojo.

Pero ahí iba el primer acto: la tensión. Yo quería devorarla ya, pero recordaba lo de antes, esa flojera que me había jodido otras veces. No, carnal, ahora con la Bedoyecta Tri estoy a todo dar. La cargué en brazos hasta la recámara, su risa resonando como música. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas crujientes, el aire cargado de nuestro deseo.

La tiré suave sobre el colchón y me quité la ropa. Mi verga ya estaba dura como piedra, palpitando, venosa y lista. Karla se lamió los labios, mirándola con ojos hambrientos. Ven, pendejito, dame todo, me provocó, abriendo las piernas. Su coño brillaba húmedo, rosado, invitándome.

Empecé por besos en su cuello, chupando esa piel suave que olía a sudor dulce. Bajé a sus tetas, pezones duros como caramelos, los lamí y mordí suave, oyendo sus jadeos. ¡Ay, sí, así! gritó, arqueando la espalda. Mis manos masajeaban sus muslos, sintiendo los músculos tensos, la piel caliente como fuego.

La tensión subía. Le quité la tanga con los dientes, oliendo su esencia almizclada, ese olor a sexo puro que me ponía a mil. Metí la lengua en su raja, saboreando su jugo salado y dulce, lamiendo su clítoris hinchado. Ella se retorcía, agarrándome el pelo, gimiendo fuerte: ¡Chíngame con la lengua, cabrón!. El cuarto se llenaba de sonidos húmedos, slap-slap de mi boca en su coño, sus gemidos roncos mezclados con mi respiración agitada.

Pero yo aguantaba, la Bedoyecta Tri hacía su magia. Mi corazón latía fuerte, pero controlado, energía infinita. La volteé boca abajo, le abrí las nalgas y lamí su ano fruncido, ese sabor terroso y prohibido que la hizo gritar. ¡Eres un animal! dijo riendo, pero pidiendo más.

El clímax del medio acto llegó cuando la puse a cuatro patas. Mi verga rozaba su entrada, resbalosa de fluidos. ¿Quieres mi pija, Karla? le pregunté, provocándola. Sí, métemela toda, wey, rómpeme. Empujé despacio, sintiendo su coño apretado envolviéndome, caliente, pulsátil. Inch by inch, hasta el fondo, sus paredes masajeándome.

Empecé a bombear, lento al principio, sintiendo cada roce, el slap de mis huevos contra su clítoris. Ella empujaba hacia atrás, follándome igual. ¡Más fuerte, pinche semental!. Aceleré, el sudor nos chorreaba, oliendo a sexo crudo, almizcle y piel mojada. Mis manos en sus caderas, marcando moretones de placer. Sus tetas rebotaban, yo las pellizcaba desde atrás.

Internamente luchaba: No te vengas ya, aguanta, dale todo. La volteé boca arriba, piernas en mis hombros, penetrándola profundo. Nuestros ojos se clavaron, sudor goteando de mi frente a su boca abierta. Te amo así, jodiendo como dioses, pensé. Ella clavó uñas en mi espalda, rayones ardientes que dolían rico.

La intensidad subía como volcán. Cambiamos posiciones: ella encima, cabalgándome como vaquera experta. Sus caderas girando, coño tragándoseme entero. Yo chupaba sus tetas, mordiendo pezones, oyendo su voz quebrada: ¡Me vengo, me vengo!. Su orgasmo la sacudió, coño contrayéndose, jugos chorreando por mi verga. Ese calor, ese apretón, casi me lleva al borde.

Pero resistí. La puse de lado, cucharita, metiéndosela suave mientras le besaba el cuello. Eres mi vicio, le susurré. Ella giró la cabeza, besándome con lengua desesperada. El ritmo volvió fuerte, piel contra piel, slap-slap ecoando. Mi pulso retumbaba en oídos, olor a semen próximo mezclándose con su aroma.

El final se acercaba. Ya, córrete conmigo, le rogué. Ella asintió, masturbándose el clítoris. Bombas rápidas, profundas, sintiendo bolas apretadas. ¡Ahora! grité, explotando dentro de ella. Chorros calientes llenándola, su coño ordeñándome hasta la última gota. Ella se vino otra vez, gritando mi nombre, cuerpo temblando contra el mío.

Colapsamos, jadeantes, sudor pegándonos. El cuarto olía a sexo intenso, sábanas revueltas húmedas. La abracé, sintiendo su corazón galopante contra mi pecho. Gracias a la Bedoyecta Tri ampolletas, precio de doscientos pesos, esta noche fue épica, pensé sonriendo.

Nos quedamos así, acariciándonos, besos suaves. Eres increíble, me dijo ella, trazando círculos en mi pecho. Tú me pones así, mi amor. Reflexioné en la quietud: esa inyección no solo fue vitaminas, fue el empujón para soltar todo, para ser el hombre que ella merecía. El afterglow nos envolvió, pieles enfriándose, promesas de más noches así.

Al amanecer, con ella dormida en mis brazos, su respiración rítmica como olas, supe que valió cada peso. La pasión desbordante, el precio perfecto.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.