Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Mono Di Tri Quimica del Deseo Mono Di Tri Quimica del Deseo

Mono Di Tri Quimica del Deseo

6399 palabras

Mono Di Tri Quimica del Deseo

La noche en la Roma olía a jazmín y a tacos de asador que se asaban en la esquina. Yo, Ana, acababa de salir del laboratorio después de un día eterno analizando compuestos orgánicos. Neta, necesitaba un trago. Caminé hacia el bar de siempre, ese con luces neón y música de Natalia Lafourcade de fondo, donde el aire estaba cargado de risas y promesas.

Ahí estaban ellos, Javier y Sofía, mis compas de la uni. Hace años que no nos veíamos, pero al primer ¡Órale, Ana! de Javier, todo fluyó como molécula en solución. Nos abrazamos fuerte, sus cuerpos cálidos contra el mío, y pedimos tequilas reposados. El sabor ahumado me bajó por la garganta, despertando un calor en el pecho.

¿Por qué carajos no los busqué antes? Esta química entre nosotros siempre fue mono di tri, como en química inorgánica: mono para lo simple, di para los pares, tri para lo explosivo.

Nos sentamos en una mesa apartada, las velas parpadeando sobre nuestros rostros. Javier, con su barba recortada y ojos cafés intensos, contaba anécdotas de su nuevo lab en el Polanco. Sofía, con el pelo negro suelto y esa sonrisa pícara, reía a carcajadas, su mano rozando mi brazo accidentalmente. O no tan accidental. El roce envió chispas por mi piel, y sentí un cosquilleo entre las piernas.

Wey, ¿se acuerdan de la clase del profe Ramos? —dijo Javier, inclinándose—. Todo ese rollo de mono di tri química. Moléculas monatómicas solas, diatómicas en parejas perfectas, y las tri o poliatómicas, puro desmadre unido.

Sofía me miró fijo, sus labios rojos brillando bajo la luz. —Sí, y nosotros siempre fuimos así. Mono cuando estudiábamos solos, di en las fiestas a dos, y tri... ¿quién sabe?

Mi pulso se aceleró. El tequila me soltó la lengua. —La neta, siempre quise probar esa tri química. ¿Y si hoy?

Ellos se miraron, sonrisas cómplices. El aire se espesó con olor a deseo, a piel sudada y perfume mezclado.

Salimos del bar caminando rápido, el viento fresco de la noche lamiendo nuestras caras. Mi depa estaba cerca, en un edificio chido con vista al Parque México. Subimos en el elevador, y ya no aguantamos. Javier me besó primero, sus labios firmes y con gusto a tequila, lengua explorando mi boca como si probara un nuevo compuesto. Sofía se pegó por detrás, sus tetas suaves contra mi espalda, manos subiendo por mis muslos bajo la falda.

Estás rica, Ana —susurró Sofía al oído, su aliento caliente oliendo a menta.

Entramos tambaleándonos, la puerta cerrándose con un clic que sonó como detonador. Me quitaron la blusa despacio, Javier lamiendo mi cuello mientras Sofía desabrochaba mi bra. Mis pezones se endurecieron al aire, y gemí cuando Javier los chupó, succionando suave, luego fuerte. El sonido húmedo de su boca, el roce de su barba, me hizo mojarme al instante.

Esto es la di química perfecta: Javier y yo, cuerpos en sintonía, pulsos latiendo igual.

Caímos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nosotros. Javier se desvistió, su verga ya dura saltando libre, gruesa y venosa, oliendo a hombre limpio con un toque de sudor. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando la sal pre-semen. Él gruñó, ¡carajo!, y me penetró con los dedos, curvándolos para tocar mi punto G. Mis jugos chorreaban, el sonido chapoteante llenando la habitación.

Sofía observaba, masturbándose despacio, sus dedos hundidos en su panocha depilada, labios hinchados y rosados brillando. —Ahora yo, —dijo, y se unió. Me besó mientras Javier me cogía lento, su verga estirándome delicioso, cada embestida enviando ondas de placer desde mi clítoris hasta el cerebro.

El ritmo creció, sudores mezclándose, olores a sexo puro: almizcle, fluidos, piel caliente. Javier salía y entraba, mis paredes contrayéndose alrededor de él, gimiendo ¡más, pendejo, más! Sofía se sentó en mi cara, su concha jugosa rozando mi lengua. La probé, dulce y salada, lamiendo su botón hinchado mientras ella se mecía, tetas rebotando.

La tensión subía como reacción en cadena. Cambiamos posiciones: yo a cuatro patas, Javier atrás follándome duro, huevos golpeando mi clítoris con palmadas húmedas. Sofía debajo, lamiendo donde nos uníamos, su lengua en mi ano y en la verga de él. ¡Qué chingón! grité, el placer acumulándose, vientre contrayéndose.

Aquí viene la tri química: los tres enlazados, inquebrantables como molécula poliatómica, energía desbordante.

Córrete conmigo, jadeó Javier, acelerando. Sofía metió dedos en mi culo, suave, lubricado con saliva. El doble estímulo me explotó: orgasmos en cascada, mi coño apretando su verga, chorros calientes salpicando. Él se vino dentro, semen caliente llenándome, gimiendo mi nombre. Sofía se corrió en mi boca, jugos inundándome la garganta.

Colapsamos enredados, pechos subiendo y bajando, piel pegajosa reluciendo bajo la luz tenue. El cuarto apestaba a sexo satisfecho, a nosotros tres fundidos.

Javier besó mi frente, Sofía mi hombro. —Esto fue la mono di tri química definitiva, —dijo él riendo bajito.

Nos quedamos así, respiraciones calmándose, cuerpos entrelazados. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, habíamos creado nuestra propia reacción perfecta. Mono en la soledad del deseo, di en el dúo ardiente, tri en la unión total. Y supe que esto no acababa aquí.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, nos despertamos con besos perezosos. Sofía preparó café de olla en mi cocina, olor a canela llenando el aire. Javier nos abrazó por detrás, manos juguetonas. Neta, la química seguía burbujeando.

¿Y si repetimos? ¿Mono di tri química eterna?

Nos vestimos riendo, planeando la próxima. Salimos a caminar por el parque, manos rozándose, promesas en el aire. Mi cuerpo aún palpitaba, recordando cada toque, cada gemido. Esta noche había cambiado todo: del deseo solo a la conexión múltiple, pura química mexicana, caliente y sin reservas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.