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Prueba Try Galaxy

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Prueba Try Galaxy

La noche en la Condesa bullía con esa energía pendeja que solo CDMX sabe dar. Luces neón parpadeando como estrellas coquetas, el olor a tacos al pastor flotando en el aire mezclado con perfume caro y sudor fresco. Tú y tu morra, Valeria, caminan de la mano por la calle Amsterdam, riendo de chistes culeros mientras la chela fría te hace cosquillas en la garganta. Han estado juntos dos años, neta, y aunque la neta es que el deseo sigue vivo, la rutina de chamba y Netflix les ha puesto un freno. ¿Y si probamos algo nuevo?, piensas, cuando un anuncio holográfico ilumina la banqueta: Try Galaxy. Experiencia sensorial inmersiva para parejas. Placer estelar garantizado.

—Órale, carnala, ¿vamos a try galaxy? —dices, medio en serio, medio en pedo, jalándola del brazo—. Dicen que es cabrón, como follar en el espacio pero sintiéndolo todo en la piel.

Valeria te mira con esos ojos cafés que te derriten, mordiéndose el labio. —

No mames, ¿neta? Suena chido. Vamos, pendejo, a ver si no terminas eyaculando galaxias enteras.
Se ríen, entran al antro futurista. Adentro, el bajo retumba como pulsos acelerados, cuerpos bailando pegados, olor a vainilla y algo más primal, como feromonas en el aire. Pagan la entrada VIP, les dan brazaletes que vibran suavecito al escanear.

La recepcionista, una morra guapísima con tatuajes luminosos, les explica: cápsulas para dos, desnudos total, estimulación táctil 360 grados vía ondas cuánticas o lo que sea esa mierda high-tech. Consentimiento mutuo, salida de emergencia con un botón. Todo consensual, empowering, puro gozo adulto. Firmas digitales, suben escaleras flotantes hasta una sala privada. Luces tenues azules, aroma a ozono fresco como después de lluvia en el desierto.

Valeria se quita el vestido negro ajustado, revelando curvas que conoces de memoria pero que siempre te dejan con la verga parada. Tú te desabrochas la camisa, pantalón al suelo. Se miran desnudos, piel de gallina por la anticipación. —¿Lista para probar Try Galaxy? —le preguntas, voz ronca. Ella asiente, pezones ya duros como piedritas.

Entran a la cápsula: un huevo translúcido que se cierra con un shhh suave. Oscuridad total primero, solo su respiración acelerada y el calor de sus cuerpos rozándose. Uno, dos, tres... y ¡pum! Explosión de luz estelar. Flotan en el vacío cósmico, galaxias girando lentas a su alrededor, nebulosas rosadas y púrpuras como lenguas de fuego. No hay gravedad, sus cuerpos se deslizan suaves, piel contra piel en cámara lenta. El aire vibra con un zumbido bajo, como un ronroneo que te recorre la espina.

Tú extiendes la mano, tocas su hombro. No es ilusión: sientes la seda de su piel, tibia, con ese olor suyo a jazmín y deseo crudo. Ella gira, tetas flotando perfectas, y te besa. Labios suaves, lengua juguetona probando tu boca como si fuera néctar estelar. Sabe a chela y a ella, piensas, mientras el beso se profundiza. Manos recorren espaldas, uñas arañando leve, enviando chispas que se sienten reales, cabronas. El sistema de Try Galaxy traduce cada toque en ondas que estimulan nervios directos: su pezón en tu palma se endurece más, mandando placer eléctrico directo a tu verga, que palpita dura contra su muslo.

—Qué rifado —murmura ella contra tu cuello, voz ahogada en gemidos. Flotan hacia una nebulosa, colores lavando sus cuerpos en tonos iridiscentes. Tú bajas la boca a su pecho, succionas, lengua girando alrededor del pezón. Sientes el sabor salado de su piel, mezclado con un dulzor artificial del sistema, como miel cósmica. Ella arquea la espalda —o lo intenta en cero G—, gimiendo ¡ay, wey!, mientras sus manos bajan a tu culo, apretando firme.

La tensión sube gradual, como una supernova gestándose. Internamente, luchas:

Esto es demasiado real, ¿y si me vengo ya? No, aguanta, hazla volar primero.
La giras, espalda contra tu pecho, verga deslizándose entre sus nalgas resbalosas —el sistema lubrica con feromonas sintéticas, olor almizclado que te enloquece—. Dedos exploran su concha, húmeda chorreante, labios hinchados pulsando. Ella jadea, caderas moviéndose en flotación, rozando tu glande. —Métemela ya, pendejo estelar.

Empujas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cada vena de su interior apretándote como un guante vivo. El vacío amplifica todo: sonidos de carne húmeda chocando suaves, sus gemidos ecoando infinitos, el slap-slap rítmico contra el silencio galáctico. Galaxias aceleran, luces pulsando al ritmo de sus embestidas. Tú la agarras de las caderas, follándola profundo, bolas golpeando su clítoris. Ella se retuerce, uñas clavadas en tus muslos invisibles, órale, órale, gritando placer.

El clímax se arma: sudor flotando en gotas brillantes alrededor, olores intensos de sexo crudo mezclados con ozono estelar. Tus pulsos retumban en oídos, verga hinchándose más dentro de ella. Valeria tiembla primero, concha contrayéndose en espasmos, chorro caliente salpicando tu pubis. —

¡Me vengo, cabrón, no pares!
Tú la sigues, eyaculando chorros potentes, llenándola mientras estrellas explotan en la visión, orgasmos multiplicados por la tech, olas y olas de éxtasis puro.

Flotan en afterglow, cuerpos enredados, besos lentos y tiernos. Galaxias se calman, luces suaves. Ella susurra: —Neta, Try Galaxy es lo máximo. Te amo, wey. Se abre la cápsula, realidad regresa: piel pegajosa de sudor real, piernas temblorosas. Se visten riendo, abrazados en la salida. Afuera, noche fresca de la Condesa, tacos nocturnos llamando. Caminan de la mano, conexión más profunda, promesa muda de más aventuras. El deseo no se apagó; ardió más fuerte, estelar.

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