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Las Ventajas de un Trio Ardiente

6184 palabras

Las Ventajas de un Trio Ardiente

Estás en esa fiesta en Polanco, con el aire cargado de risas y el olor a tequila reposado flotando por todos lados. Tú, Ana, llevas un vestido negro ceñido que resalta tus curvas, y sientes las miradas de pendejos que no se atreven a acercarse. A tu lado, Marco, tu carnal de dos años, te abraza la cintura con esa mano firme que siempre te hace cosquilleas. "Mira a esa morra, wey", te susurra al oído, señalando con la barbilla a Sofía, una chava de ojos verdes y cabello negro largo que baila como si el mundo fuera suyo.

El ritmo de la música reggaetón retumba en tu pecho, y cuando Sofía se acerca a pedir un trago, su perfume dulce, como vainilla mezclada con algo salvaje, te envuelve. Hablan, ríen, y en minutos ya están los tres en una esquina, coqueteando sin vergüenza. Marco te besa el cuello mientras Sofía roza tu brazo con sus dedos suaves.

"¿Y si nos vamos a mi depa? Ahí seguimos la fiesta", dice Marco con esa voz ronca que te derrite.
Sientes el calor subir por tu piel, el pulso acelerado. ¿Por qué no? Las ventajas de un trío siempre te han intrigado: más manos, más bocas, más placer sin complicaciones.

Llegan al departamento en Uber, el trayecto lleno de roces casuales que no son tan casuales. Sofía se sienta entre ustedes, su muslo contra el tuyo, cálido y firme. En el elevador, Marco te besa con hambre, y Sofía observa mordiéndose el labio. Abres la puerta, luces tenues, velas ya encendidas porque Marco siempre planea estas cosas. El aire huele a sándalo del difusor, y pones música suave, algo de Natalia Lafourcade para bajar el tono.

Se sientan en el sofá de cuero, que cruje bajo su peso. Un trago más, y las manos empiezan a explorar. Marco te besa primero, su lengua saboreando la sal de tu piel, mientras Sofía te acaricia el cabello. Qué chido, piensas, el corazón latiéndote como tambor. Te giras hacia ella, sus labios suaves contra los tuyos, un beso lento que sabe a cherry de su gloss. Marco observa, su respiración pesada, y se une, besando tu hombro expuesto.

La tensión crece como una ola. Tus manos bajan por la espalda de Sofía, sintiendo la curva de su espina bajo la blusa de encaje. Ella gime bajito, un sonido que vibra en tu vientre. Marco desabrocha tu vestido, el zipper raspa suave, y el aire fresco besa tu piel desnuda. Estás en brasier y tanga, vulnerable pero poderosa.

"Eres preciosa, nena", murmura Sofía, sus ojos devorándote.
Te sientes empoderada, dueña del momento. Marco te quita el brasier, sus labios en tus pechos, chupando un pezón mientras Sofía lame el otro. El placer es eléctrico, punzadas dulces que bajan directo a tu centro.

Se mueven al cuarto, la cama king size esperándolos como un altar. El olor a sábanas limpias y su excitación ya palpable. Te acuestas, ellas dos a tus lados. Sofía besa tu boca con urgencia, lenguas danzando, mientras Marco recorre tu cuerpo con besos húmedos, bajando por tu abdomen. Sientes su aliento caliente en tus muslos, abriéndolos con gentileza. No mames, esto es otro nivel, piensas, el deseo ardiendo como chile habanero.

Sofía se quita la ropa, su cuerpo atlético brillando bajo la luz de la luna que entra por la ventana. Pechos firmes, caderas anchas. Marco la besa, y tú los miras, celos mínimos ahogados por la excitación. Te unes, lamiendo el cuello de Sofía mientras Marco la toca. Ella arquea la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón!". Tus dedos encuentran su humedad, resbaladiza y caliente, y ella jadea contra tu oído.

Marco se desnuda, su verga dura y palpitante. Tú la tomas en la mano, piel suave sobre acero, y la acaricias mientras Sofía besa su pecho. Él gime, profundo, y te empuja hacia atrás. Te abre las piernas, su lengua en tu clítoris, lamiendo con maestría. Sofía se sube a tu rostro, su sabor salado y dulce en tu boca. La chupas, sintiendo sus jugos correr por tu barbilla, sus caderas moviéndose al ritmo de tus lengüetazos. El cuarto se llena de sonidos: lamidas húmedas, gemidos ahogados, el slap de piel contra piel.

La intensidad sube. Cambian posiciones, tú de rodillas, Marco detrás embistiéndote lento al principio, cada centímetro estirándote deliciosamente. Sofía debajo, lamiendo donde se unen, su lengua rozando tu clítoris y las bolas de él. Las ventajas de un trío se hacen obvias: placer doble, atención total, nadie se queda fuera. Sientes el orgasmo construyéndose, una presión ardiente en tu bajo vientre. Marco acelera, sus manos en tus caderas, el sonido de sus embestidas como palmadas rítmicas.

"¡Más fuerte, wey!", gritas, y él obedece, follándote profundo mientras Sofía te besa, sus dedos en tus pezones. El clímax te golpea como tsunami, olas de placer convulsionando tu cuerpo, gritando sin control. Tus paredes aprietan a Marco, y él gruñe, corriéndose dentro de ti, caliente y abundante. Sofía se toca viéndolos, llegando al borde, y tú la ayudas con la boca, saboreando su explosión, jugos dulces inundándote.

Caen los tres enredados, sudados y jadeantes. El olor a sexo impregna el aire: sudor, semen, esencia femenina. Pieles pegajosas, pulsos latiendo al unísono. Marco te besa la frente, Sofía acaricia tu mejilla.

"Esto fue chingón, ¿verdad? Las ventajas de un trío son muchas: nadie se cansa, todos ganan", dice él riendo bajito.

Te quedas ahí, en el afterglow, el cuerpo lánguido y satisfecho. Piensas en cómo un trío rompe rutinas, aviva la chispa, hace que te sientas deseada desde todos lados. No hay celos, solo conexión pura. Sofía se acurruca contra ti, su aliento cálido en tu cuello. Marco trae agua fría, y beben, riendo de lo intenso que fue.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, se despiden con promesas de repetir. Sales a la terraza, café en mano, el skyline de la Ciudad de México despertando. Sientes una plenitud nueva, empoderada por la noche. Definitivamente, las ventajas de un trío valen cada segundo. Marco te abraza por detrás: "¿Lista para más aventuras, mi reina?". Sonríes, sabiendo que sí.

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