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Imágenes de Tríos Mhm que Encienden la Noche

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Imágenes de Tríos Mhm que Encienden la Noche

Estaba solo en el sillón de mi depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una promesa de desmadre. El ventilador zumbaba pendejo arriba, moviendo el aire cargado de humedad, y yo, con el teléfono en la mano, scrolleando sin rumbo fijo. Imágenes de tríos mhm, tecleé en la barra de búsqueda, neta curiosidad pura, de esas que te pican cuando estás cachondo y solo. Salieron un chorro de fotos y videos: cuerpos entrelazados, piel morena brillando bajo luces tenues, labios mordidos, manos explorando curvas que invitaban a pecar. El corazón me latió más rápido, la verga se me paró de golpe contra el short, y sentí ese cosquilleo en el estómago, como si el deseo se me colara por las venas.

Sofía, mi morra, entró al rato del baño, con el pelo mojado cayéndole en cascada por la espalda desnuda, envuelta solo en una toalla que apenas le tapaba el culo redondo. Olía a jabón de lavanda mezclado con su aroma natural, ese que me volvía loco. "¿Qué ves con esa cara de pendejo, Ale?" me dijo riendo, con esa voz ronca que siempre me ponía a mil.

Le pasé el teléfono sin decir nada. Ella se sentó en mis piernas, su peso cálido presionándome justo donde dolía de gusto. "Órale, imágenes de tríos mhm", leyó en voz alta, y sus ojos se abrieron como platos. Deslizó el dedo por la pantalla, deteniéndose en una donde una chava mamacita lamía el pecho de otro mientras un vato la penetraba por atrás. "Neta, esto se ve chingón", murmuró, y sentí su concha humedecerse contra mi muslo a través de la toalla. Su respiración se aceleró, pezones endureciéndose bajo la tela fina.

Yo la abracé por la cintura, oliendo su cuello salado. "¿Te late la idea?" le pregunté al oído, mordisqueándole el lóbulo. Ella se giró, me besó con lengua hambrienta, saboreando a menta y deseo. "Sí, wey, pero no con cualquiera. ¿Y si llamamos a Mari?" Mari era su compa de toda la vida, una culona de infarto con tetas que desafiaban la gravedad y una risa que te hacía querer comértela entera. Las dos siempre bromeaban con eso, pero nunca pasaba de ahí. Hasta esa noche.

Sofía mandó un WhatsApp rápido: "Ven pa'cá, traemos algo chido que ver. Imágenes de tríos mhm que te van a poner caliente 🔥". Mari respondió en segundos: "Ya voy, pendejas, denme 20 mins". El ambiente se cargó de electricidad, como antes de una tormenta en el DF. Nos besamos mientras esperábamos, manos ansiosas quitándome la playera, ella soltando la toalla para que sus tetas perfectas rozaran mi pecho. Su piel era seda caliente, suave como el mango maduro que chupas en la calle.

Llegó Mari con un vestido negro ajustado que marcaba cada curva, tacones que resonaban como promesas en el piso de madera. Traía el pelo suelto, olor a perfume vainilla y algo más salvaje, femenino. "¿Qué pedo con esas imágenes de tríos mhm?" preguntó directo, quitándose los zapatos y sentándose entre nosotros en el sillón. Sofía le pasó el teléfono, y las dos se pegaron a la pantalla, riendo bajito al principio, luego callando mientras sus mejillas se sonrojaban. Yo las veía, mi verga latiendo dura, imaginando ya sus cuerpos desnudos retorciéndose conmigo.

La tensión creció como el calor de un comal. Mari se mordió el labio, miró a Sofía. "Neta se ven ricas esas posiciones". Sofía, sin pensarlo, le acarició el muslo por encima del vestido. "¿Quieres que lo hagamos real?" El aire se espesó con el olor a excitación, ese almizcle dulce que sale cuando las conchas se mojan. Mari asintió, ojos brillantes, y me jaló hacia ella para un beso que sabía a tequila y labios carnosos. Sofía se unió, besándonos a los tres en un enredo de lenguas húmedas, saladas, gimiendo bajito contra mi boca.

Esto es lo que soñaba con esas imágenes de tríos mhm, pero en vivo, con piel real temblando bajo mis dedos, pensé, mientras el mundo se reducía a sus curvas.

Las llevé al cuarto, luces bajas del buró pintando sombras en sus cuerpos. Quité el vestido de Mari de un tirón, revelando encaje rojo que apenas contenía sus chichis. Sofía ya estaba desnuda, ayudándome a bajarme el short. Mi verga saltó libre, venosa y palpitante, y las dos jadearon. "Qué chingona verga tienes, Ale", dijo Mari, arrodillándose primero. Su boca caliente me envolvió, lengua girando alrededor del glande, chupando con hambre mientras Sofía me besaba el cuello, sus uñas arañándome la espalda suave.

El sonido de succión húmeda llenaba el cuarto, mezclado con gemidos ahogados. Sentí el calor de su garganta, el roce de dientes juguetones, y el olor a sexo empezando a impregnar todo. Sofía se acostó en la cama, piernas abiertas invitando. "Vengan, cabrones", ordenó con voz de jefa. Me subí encima, penetrándola despacio, su concha apretada y empapada tragándome centímetro a centímetro. Mari se trepó a su cara, restregando su coño rosado y hinchado contra la boca de Sofía. Las vi: lengua de Sofía lamiendo clítoris, jugos brillando en la barbilla, Mari arqueando la espalda con un "¡Ay, qué rico, pinche Sofi!".

Yo embestía más fuerte, el choque de pelvis contra pelvis sonando como palmadas en carne mojada. Sudor nos corría por la piel, salado en la boca cuando besaba los pechos de Mari, mamando pezones duros como piedras de obsidiana. Intercambiamos posiciones fluidas, como en esas imágenes de tríos mhm que nos habían prendido: Mari montándome a mí mientras Sofía le chupaba las tetas, luego yo de rodillas lamiendo a las dos, saboreando mieles distintas, una dulce como tamarindo, la otra agria como limón fresco. Sus gemidos subían de tono, "Más duro, wey", "No pares, cabrón", ecos en la habitación caliente.

El clímax se acercaba como tormenta en el Popo. Las puse a las dos a cuatro patas, lado a lado, culos en pompa perfectos, brillando de sudor. Metí en Sofía primero, profundo, sintiendo sus paredes contraerse, luego saqué y entré en Mari, alternando ritmos que las hacían gritar al unísono. Mis bolas chocaban contra ellas, piel resbaladiza, olor a sexo puro embriagador. "Me vengo, pinches putas ricas", gruñí, y ellas respondieron con orgasmos que las sacudían: Sofía temblando primero, chorro caliente mojándome las piernas, Mari después, arañando las sábanas con un alarido que debió oírse en la calle.

Me vine dentro de Mari, chorros calientes llenándola mientras Sofía me lamía las bolas desde abajo. Colapsamos en un montón de carne jadeante, corazones tronando como tambores de danzón. Besos perezosos, lenguas lentas saboreando el aftertaste salado. El cuarto olía a nosotros, a placer consumado, ventilador revolviendo el aire espeso.

Después, tirados en la cama revuelta, Sofía acurrucada en mi pecho, Mari en el otro lado, fumando un cigarro mentolado que nos pasó. "Esas imágenes de tríos mhm nada que ver con esto, neta", dijo riendo Sofía, voz ronca de tanto gemir. Mari asintió, trazando círculos en mi piel con el dedo. "Pero hay que repetir, ¿no?". Yo sonreí, sintiendo el peso dulce de sus cuerpos, el deseo saciado pero latiendo bajito, listo para más noches como esta en nuestra jungla urbana.

La noche se cerró con suspiros y caricias, el DF rugiendo afuera indiferente, mientras nosotros flotábamos en esa burbuja de intimidad mexicana, cruda y chingona.

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