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Triada de Dobereiner Ejemplos Carnales

6367 palabras

Triada de Dobereiner Ejemplos Carnales

Estaba en el laboratorio de química de la UNAM mis manos temblando un poco mientras escribía en el pizarrón las fórmulas de las tríadas de Döbereiner. El aire olía a reactivos frescos ese toque metálico y ácido que siempre me ponía alerta. Era una clase vespertina solo para mayores de edad estudiantes de licenciatura que ya sabían lo que querían. Yo profesor Javier de treinta y cinco años con el corazón latiendo fuerte porque hoy las tres que siempre me miraban con ojos de fuego estaban al frente: Ana la morena de curvas generosas con labios carnosos que sabían a chicle de tamarindo; Beatriz la güera de ojos verdes piel suave como crema de leche y tetas que se marcaban bajo la blusa; y Carla la chaparrita de cabello negro azabache nalgas redondas que se movían como olas cuando caminaba. Neta las tres formaban una triada perfecta como las de Döbereiner ejemplos vivos de elementos que se atraen irremediablemente.

¿Qué carajos pasa conmigo? pensé mientras explicaba

La triada de Döbereiner ejemplos como litio sodio potasio sus propiedades se triplican en armonía química
Mi voz salía ronca el sudor perlando mi frente. Sentía sus miradas quemándome la piel como si ya me estuvieran desnudando. Al final de la clase los demás se fueron pero ellas tres se quedaron sentadas en los bancos de madera crujiente el sol del atardecer tiñendo el salón de naranja y dorado.

—Profe —dijo Ana levantándose con esa voz melosa que me erizaba los vellos— enséñanos más de la triada de Dobereiner ejemplos prácticos. ¿No que la química es para experimentar?

Me quedé helado el corazón retumbando en mis oídos. Beatriz se acercó rozando mi brazo con sus tetas suaves el calor de su cuerpo traspasando la tela. Olía a vainilla y a algo más profundo a deseo crudo. Carla se paró detrás mordiéndose el labio inferior sus manos jugueteando con el borde de su falda corta.

—Sí wey —agregó Carla con acento chilango puro— queremos ver cómo se unen esos elementos en la vida real. Tú eres el experto.

El ambiente se cargó de electricidad el silencio roto solo por el zumbido del ventilador viejo. Mi verga ya se endurecía bajo los pantalones traicionándome. No mames esto es una fantasía loca pero supe que no había vuelta atrás. Asentí con la cabeza la garganta seca.

—Órale vengan —les dije cerrando la puerta del lab con llave el clic metálico como un disparo de inicio.

Ana fue la primera en besarme sus labios calientes y húmedos saboreando a dulce de leche su lengua danzando con la mía posesiva. Sentí sus chichis aplastándose contra mi pecho duros los pezones erectos pinchando como alfileres de placer. Beatriz me quitó la camisa besando mi cuello inhalando mi olor a hombre sudado el roce de sus uñas en mi espalda enviando chispas por mi espina. Carla se arrodilló desabrochando mi cinturón su aliento caliente sobre mi entrepierna.

—Mira qué verga tan chida profe —susurró Carla lamiendo la punta ya húmeda de precum salado y amargo en su lengua.

Las llevé a la mesa de experimentos grande de acero frío contrastando con el fuego de sus cuerpos. Las desvestí lento saboreando cada centímetro: Ana tenía una panocha rosada depilada oliendo a miel y excitación; Beatriz unas nalgotas firmes blancas con pecas que mordí dejando marcas rojas; Carla tetas pequeñas pero perfectas pezones oscuros que chupé hasta que gimió ¡ay cabrón!

Nos recostamos los cuatro en la mesa el metal gélido bajo mi espalda pero sus pieles calientes envolviéndome. Era la triada de Dobereiner ejemplos en carne viva: Ana montándome su concha apretada tragándose mi verga centímetro a centímetro el jugo resbalando por mis huevos chapoteando húmedo. Qué rico tan mojada tan caliente gemí sintiendo sus paredes pulsando ordeñándome. Beatriz se sentó en mi cara su clítoris hinchado rozando mi nariz olor musgoso embriagador lamí sorbí succioné hasta que gritó ¡no pares wey! temblando chorros dulces inundando mi boca.

Carla besaba a Ana sus lenguas enredadas saliva brillando luego chupaba mis huevos peludos succionando con labios carnosos. El sonido era pecaminoso: jadeos ahogados pieles chocando palmadas en nalgas resbalosas el plaf plaf de verga en concha. Sudor goteando salado en mi lengua oídos llenos de sus ¡sí más duro profe! ¡qué chingón! olfato saturado de feromonas sexo puro ese aroma terroso almizclado que enloquece.

Intercambiamos posiciones el deseo escalando como reacción en cadena. Beatriz ahora cabalgándome sus caderas girando moliendo su culo rebotando contra mi pubis zas zas dolor placentero. Ana y Carla se lamían mutuamente 69 perfecto sus gemidos vibrando en el aire tetas bamboleando lenguas hundidas en pliegues rosados. Yo metí dedos en ambas sintiendo sus calores diferentes Ana apretada voraz Carla suave ondulante.

Esto es química pura pensé el clímax acercándose huevos contrayéndose verga hinchada al límite. —¡Vengan triada mía! —gruñí jalándolas cerca. Ana se puso a cuatro Carla debajo lamiéndole el clítoris yo embistiendo profundo testículos golpeando su perineo. Beatriz masturbándose viéndonos ojos vidriosos mano rápida en su panocha chorreante.

El orgasmo explotó como una reacción violenta eyaculé chorros calientes dentro de Ana gritando ¡me vengo carajo! llenándola semen espeso rebosando blanco cremoso. Ana convulsionó ordeñándome último gota su concha espasmódica. Carla lamió todo succionando mi verga limpia aún palpitante luego besó a Beatriz compartiendo el néctar salado dulce.

Nos derrumbamos jadeantes cuerpos enredados sudor pegajoso enfriándose el lab oliendo a sexo crudo satisfecho. Besos suaves post coito lenguas perezosas caricias en cabellos despeinados. Ana susurró en mi oído —Gracias profe por los ejemplos de triada de Dobereiner neta inolvidables.

Me quedé pensando en el silencio roto solo por respiraciones calmadas esto cambia todo pero qué chido. Ellas se vistieron lento guiñándome promesas de más experimentos. Salieron riendo coquetas dejando el lab impregnado de su esencia yo sonriendo como pendejo enamorado de la química de la carne.

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