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Triad Valves Desatadas

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Triad Valves Desatadas

Era una noche calurosa en mi depa de Polanco, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Yo, Karla, con mis veintiocho tacos bien puestos, había invitado a Luis y a Maya, mis compas de la tríada más chida que me ha pasado en la vida. Habíamos empezado como amigos hace un año, pero una chela de más y unos besos robados nos llevaron a esto: un amor compartido, sin celos pendejos, puro placer mutuo. Neta, qué chido se siente ser libre en el amor.

La cena estaba lista: tacos de arrachera jugosos, con ese olor a carbón que te abre el hambre, guac fresco y micheladas heladas que sabían a limón y sal marina. Luis, con su sonrisa de galán y esos brazos tatuados que me volvían loca, me abrazó por la espalda mientras picaba cilantro. Qué rico huele su piel, a colonia barata y hombre sudado, pensé, sintiendo su verga ya medio parada contra mi culo. Maya, la morena preciosa con curvas de diosa azteca, reía mientras ponía la mesa, sus tetas perfectas moviéndose bajo la blusa suelta.

Órale, Karla, esta noche va a estar cabrona. ¿Y si les enseño la sorpresa?

Después de comer, con la panza llena y el calor subiendo, les dije: "Weyes, vengan, tengo un regalito que llegó hoy." Saqué la caja del clóset: Triad Valves, el juguete sexual del momento que vi en una expo erótica en Reforma. Tres puntas conectadas como válvulas hidráulicas, high-tech pura: una para la verga, otra para la panocha y la tercera para el culo, todas sincronizadas por app. Se abrían con presión, liberando vibraciones intensas, lubricante calentito y pulsos que seguían tu ritmo. "Es para tríadas como nosotros, pa' desatar el desmadre."

Luis silbó: "¡Neta, carnala! Eso se ve chingón." Maya me miró con ojos brillosos: "Ay, nena, ya me mojé nomás de verlo." Nos fuimos a la recámara, el aire cargado de anticipación. Las luces tenues, velas de vainilla quemándose, olor dulce mezclándose con nuestro sudor. Me quité la falda, quedando en tanga roja, y ellos se desvistieron lento, provocándome. La piel de Luis bronceada y firme, la de Maya suave como chocolate derretido.

Empecé besando a Maya, su boca sabía a tequila y miel, lenguas enredadas con un slurp húmedo que me erizaba la piel. Luis nos veía, pajeadose la verga gruesa, venosa, ya goteando precum. Siento mi clítoris palpitando, como si pidiera a gritos que lo toquen. Nos tumbamos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda caliente. Manos everywhere: las de él amasando mis tetas, pezones duros como piedras; las de ella bajando por mi panza, dedos juguetones rozando mi monte de Venus.

"Ponte las Triad Valves, Luis", le ordené, voz ronca. Él untó lubricante en la punta principal, esa válvula gorda que se expandía. Yo me arrodillé, chupando primero su verga para humedecerla, sabor salado y almizclado llenándome la boca. Qué rico, su pulso acelerado contra mi lengua. Maya se colocó atrás de mí, besándome el cuello, mordisqueando suave mientras sus dedos abrían mi tanga y exploraban mi concha empapada.

El momento llegó. Luis se recargó en la cabecera, verga parada como bandera. Yo me senté encima, guiando la primera triad valve a mi entrada. Se abrió con un clic suave, vibrando bajito, estirándome delicioso. ¡Ay, cabrón, qué lleno me siento! Calientito adentro, pulsando contra mis paredes. Maya activó su parte por la app: la válvula anal, delgada al principio, se hinchó lento mientras la presionaba contra mi ano. Lubricante caliente chorreando, olor a vainilla y sexo puro. Gemí fuerte, "¡Órale, sí, métela poquito a poco!"

La tercera válvula era para ella. Maya se subió a horcajadas sobre la cara de Luis, su panocha rosada y hinchada rozando su boca. Él la lamió ansioso, lengua chapoteando en jugos dulces. Yo empecé a moverme, cabalgando la verga de Luis con la triad valve zumbando más fuerte. Cada embestida hacía que las válvulas se sincronizaran: vibraciones en mi coño, mi culo y la lengua de él en Maya. Sonidos everywhere: plaf plaf de carne contra carne, gemidos ahogados, el zumbido mecánico mezclado con nuestros jadeos.

La tensión subía como volcán. Sudor nos pegaba la piel, olor almizclado intenso, gusto a sal en mis labios cuando besaba a Maya. Ella se arqueaba, tetas rebotando, gritando "¡No pares, pendejos, me vengo!" Su culo temblaba sobre la cara de Luis, jugos chorreando por su barbilla. Yo sentía el orgasmo building, interno: Mi vientre se aprieta, pulsos en las sienes, la triad valve abriéndose más, tocando ese punto G que me vuelve loca. Luis gruñía debajo, manos clavadas en mis caderas, "¡Chingado, Karla, aprietas como virgen!"

Cambiámos posiciones pa' escalar. Maya se acostó bocabajo, yo me puse encima en 69, chupándole la panocha mientras Luis nos follaba alternando. La triad valve ahora en ella: una en su coño, vibrando salvaje, otra en mi boca succionando su clítoris. Él metía la tercera en mi culo desde atrás, empujones profundos que me hacían gritar contra la carne de Maya. Tacto eléctrico: piel resbalosa de sudor, dedos hundiéndose en nalgas firmas, pezones rozando espaldas. Olores: sexo crudo, lubricante dulce, perfume de ella mezclado con mi esencia.

Neta, esto es el paraíso. Las triad valves nos unen como uno solo, ritmos perfectos, placer multiplicado por tres.

El clímax nos golpeó como tsunami. Maya primero, cuerpo convulsionando, "¡Me corro, ay wey!", chorro caliente en mi boca, sabor ácido y dulce. Yo seguí, el culo lleno, coño vacío pero vibrando por eco, olas de placer rompiéndome: Visión borrosa, oídos zumbando, cada músculo apretado soltándose en éxtasis. Luis rugió, sacando la verga y eyaculando chorros calientes sobre nuestras espaldas, semen espeso goteando tibio.

Afterglow puro. Colapsamos en un enredo de piernas y brazos, respiraciones agitadas calmándose lento. Besos suaves, lenguas perezosas. Luis apagó las triad valves con un beep, guardándolas en la caja. "Eso fue épico, mis amores." Maya me acarició el pelo: "Nena, te quiero tanto." Yo sonreí, piel aún hormigueando, corazón lleno.

Nos duchamos juntos después, agua caliente lavando sudor y fluidos, jabón de lavanda perfumando el baño. En la cama, envueltos en sábanas frescas, platicamos bajito de sueños futuros: viajes a la playa, más noches así. Las triad valves fueron la chispa, pero nuestro amor es el fuego eterno. Durmiéndonos pegaditos, supe que esto era mi vida perfecta, consensual, empoderada, pura dicha mexicana.

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