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Anuncios de Tríos que Despiertan el Fuego

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Anuncios de Tríos que Despiertan el Fuego

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la noche de México City pegándome en la piel como una promesa caliente. El ventilador zumbaba perezoso, pero no refrescaba nada. Agarré mi cel y abrí esa app de contactos adultos, la que uso cuando el cuerpo me pide guerra. Anuncios de tríos, tecleé en la búsqueda, y de pronto la pantalla se llenó de tentaciones. Parejas buscando a alguien como yo, soltera, curvas en los lugares correctos y ganas de experimentar.

Uno me llamó la atención: "Pareja liberal CDMX busca chica juguetona para noche inolvidable". El corazón me latió más fuerte, imaginando manos ajenas explorando mi cuerpo.

¿Y si lo hago? Neta, ¿por qué no? Llevo meses fantaseando con esto
, pensé mientras mi mano bajaba sin darme cuenta por mi blusa. Respondí con un mensajito coqueto: "Hola, soy Ana, 28 años, lista para lo que venga. ¿Qué traen en mente?"

Minutos después, ping: Marco y Luisa. Fotos suyas besándose, cuerpos atléticos, sonrisas picas. Chateamos un rato, neta fluía chido. Él, ingeniero alto y moreno; ella, diseñadora con tetas perfectas y ojos que prometían travesuras. "Ven al bar El Patio en Polanco a las 10", me invitaron. Me metí a la regadera, el agua caliente resbalando por mi piel, jabón perfumado a vainilla llenando el baño. Me vestí con un vestido negro ajustado, sin bra, tanga roja que se notaba si me agachaba. Que se prendan conmigo, me dije frente al espejo, pintándome los labios de rojo fuego.

Acto uno completo: la chispa. Llegué al bar, luces tenues, jazz suave de fondo, olor a tequila y cigarros finos. Los vi en una mesa al fondo, él con camisa blanca desabotonada un poco, ella en mini falda. Me acerqué, piernas temblando un poquito de nervios buenos.

—Órale, Ana, ¡qué rica llegaste! —dijo Luisa levantándose para darme un abrazo, sus tetas rozando las mías, perfume dulce invadiéndome.

Marco me besó la mejilla, su barba raspando suave, mano en mi cintura. Pedimos tequilas con limón y sal, el líquido quemándome la garganta, soltándome la lengua.

—Vimos tu foto en los anuncios de tríos y dijimos: esa es la indicada —confesó él, ojos clavados en mi escote.

Reí, sintiendo el calor subir entre mis muslos. Hablamos de todo: trabajos, viajes a la playa en Cancún, fantasías. Luisa contó cómo empezaron con tríos hace un año, cómo los hace más unidos. Yo confesé mis noches solitarias con el vibrador, imaginando dos cuerpos contra el mío. La tensión crecía, pies rozándose bajo la mesa, miradas que decían te quiero ya.

Salimos del bar, el aire nocturno fresco contrastando con mi piel ardiendo. Caminamos a su hotel cerca, el lobby elegante con fuente borboteando. Subimos en el elevador, solos los tres. Luisa me acorraló contra la pared, labios rozando mi oreja:

—Estás mojada ya, ¿verdad, preciosa?

Asentí, gimiendo bajito cuando Marco me besó el cuello por detrás. Ding, la puerta se abrió. Entramos a la suite, vista a los luces de Reforma, cama king size esperándonos.

En el medio del acto, la cosa se puso intensa. Nos quitamos la ropa despacio, como ritual. Luisa primero, su cuerpo desnudo brillando bajo la luz, pezones duros como caramelos. Yo la seguí, vestido cayendo al piso, tetas libres, tanga empapada. Marco se bajó los pantalones, su verga gruesa saltando, venosa, lista. El olor a sexo empezaba a llenar la habitación, mezcla de sudor fresco y excitación.

¡Qué chido! Dos bocas, cuatro manos en mí
, pensé mientras caía en la cama. Luisa me besó profundo, lengua danzando con la mía, sabor a tequila dulce. Sus dedos bajaron a mi concha, abriéndome suave, humedad chorreando. Marco chupaba mis tetas, mordisqueando pezones, enviando chispas directo a mi clítoris.

Qué rica estás, Ana, neta delicia —murmuró él, voz ronca.

Cambié posiciones, yo de rodillas, mamando su verga mientras Luisa lamía mi culo desde atrás. El sabor salado de él en mi boca, venas pulsando contra mi lengua, bolas pesadas rozándome la barbilla. Ella metía dedos en mi chochito, curvándolos en el punto G, haciendo que me corriera la baba y los jugos. Gemí alrededor de la verga de Marco, vibraciones que lo hicieron jadear.

¡Ay, cabrones, no paren! —supliqué, caderas moviéndose solas.

Luisa se recostó, piernas abiertas, concha rosada reluciente. La comí como hambrienta, lengua en su clítoris hinchado, sabor ácido dulce de su excitación. Ella se retorcía, uñas en mi pelo, grititos agudos. Marco se puso detrás de mí, verga empujando mi entrada, despacio al principio, estirándome delicioso. Entró hasta el fondo, llenándome, testículos golpeando mi clítoris con cada embestida.

El ritmo se aceleró, sudor goteando, pieles chocando con palmadas húmedas. Olor a sexo puro, intenso, mezclado con el perfume de ella. Sentía sus pulsos dentro, mi concha apretándolo, orgasmos construyéndose como olas. Luisa se corrió primero, arco en la espalda, chorro caliente en mi cara, grito ahogado:

¡Sí, Ana, chúpame más!

Yo exploté después, paredes convulsionando alrededor de Marco, jugos salpicando sábanas. Él aguantó, volteándonos para ponerme a cabalgarlo, Luisa sentada en su cara. Rebotaba en su pija dura, tetas saltando, manos en mis nalgas abriéndome. Él lamía a Luisa, ella y yo nos besábamos, lenguas enredadas, pechos rozándose.

El clímax final llegó como tormenta. Marco gruñó profundo, verga hinchándose, semen caliente inundándome, chorros potentes que me hicieron correrme otra vez. Luisa se vino en su boca, temblando. Colapsamos los tres, enredados, respiraciones jadeantes, pieles pegajosas de sudor y fluidos.

En el afterglow, acta final, nos quedamos así un rato, caricias suaves, risas bajitas. Pedimos room service: fresas con crema, champagne frío burbujeando en copas. Nos bañamos juntos después, agua tibia lavando el pecado, jabón en espuma entre dedos curiosos.

—Gracias por responder nuestro anuncio de tríos, Ana. Eres increíble —dijo Marco, besándome la frente.

Luisa asintió, abrazándome por la cintura:

—Vuelve cuando quieras, mamacita. Esto fue solo el principio.

Salí al amanecer, piernas flojas, sonrisa tonta. El sol naciente pintaba Reforma de oro, y yo me sentía viva, empoderada.

Neta, los anuncios de tríos cambiaron mi mundo. ¿Quién sabe qué sigue?
Caminé a mi depa, el recuerdo de sus toques quemándome todavía, lista para más aventuras en esta ciudad que nunca duerme.

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