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Anuncios Para Trios Irresistibles

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Anuncios Para Trios Irresistibles

Estaba solo en mi depa de la Condesa una noche de viernes cualquiera neta que el tedio me estaba comiendo vivo. La tele no jalaba y mis cuates andaban en sus rollos. Agarré la laptop y por puro desmadre empecé a googlear anuncios para trios. Órale pensé qué pedo conmigo pero la curiosidad me picaba como chile en la lengua. Encontré un sitio web con clasificados bien locos de parejas buscando acción extra y de repente saltó uno que me dejó con la boca abierta: una pareja de la Juárez joven y guapa posando con sonrisas picosas y un texto que decía que andaban con antojo de un tercero para armar un desmadre chido y consensuado.

La foto de ella me traía de cabeza: curvas que se marcaban bajo un vestido negro ajustado ojos cafés que prometían travesuras y labios carnosos listos para morder. Él no se quedaba atrás alto moreno con una sonrisa de pendejo simpático que te hace confiar. Me imaginé sus cuerpos enredados con el mío y sentí un cosquilleo en el estómago que bajó directo al sur. ¿Y si le entro? me dije mientras tecleaba un mensaje casual: "Hola carnales me late su anuncio soy discreto y traigo ganas de pasarla chido". No esperé respuesta tan rápido pero en menos de diez minutos pitó el chat: "¡Qué onda wey! Nos caes bien ven al bar La Tequila mañana a las nueve y platicamos". El corazón me latía como tamborazo zacatecano.

Al día siguiente me puse mi playera favorita unos jeans que me quedan pintados y salí con el nervio a mil. El bar estaba lleno de luces tenues olor a mezcal y salsa ranchera de fondo. Los vi de lejos en una mesa apartada ella con un escote que dejaba poco a la imaginación y él con una chela en la mano. Me acerqué y nos dimos la mano primero pero el aire ya estaba cargado de electricidad. "Soy Carla y él es Luis" dijo ella con voz ronca que me erizó la piel. Nos sentamos y la plática fluyó como tequila suave: contaron que llevaban dos años casados felices pero con ganas de experimentar sin rollos. Yo les abrí mi coraza dije que andaba soltero y abierto a lo que pintara. Sus ojos se clavaban en mí los suyos y los de ella me recorrían como caricias invisibles.

Neta estos dos son fuego puro pensé mientras Carla rozaba mi pierna con la suya bajo la mesa. Su piel tibia me mandaba chispas y el perfume de jazmín que traía me envolvía como niebla caliente.

Después de unas chelas y risas el ambiente se puso espeso. Luis propuso: "Vamos a nuestro depa aquí cerquita ¿te late?". Asentí con la garganta seca de anticipación. Caminamos por las calles empedradas de la Juárez el viento fresco contrastando con el calor que nos subía por dentro. Llegamos a un edificio chulo con vista al Parque México y subimos en el elevador donde ya no aguantamos: Carla se pegó a mí besándome con hambre labios suaves y lengua juguetona que sabía a limón y tequila. Luis nos veía sonriendo y se unió rozando mi cuello con besos que me pusieron la piel de gallina.

Adentro el depa olía a vainilla y deseo fresco. Luces bajas música suave de fondo. Nos quitamos la ropa despacio como ritual: primero camisas revelando torsos firmos luego pantalones que cayeron al piso con un susurro. Carla estaba gloriosa pechos redondos con pezones duros como caramelos listos para chupar cintura estrecha y un culazo que pedía ser apretado. Luis tenía un cuerpo atlético verga gruesa ya medio parada palpitando. Yo no me quedé atrás mi pija tiesa como poste lista para la fiesta.

Empezamos lentos en el sillón ella en medio besándonos a los dos alternando lenguas calientes y húmedas. Sus manos exploraban: las de Carla me masturbaban suave pero firme sintiendo cada vena pulsar mientras yo le metía dedos en su concha ya empapada resbalosa y caliente que chorreaba jugos dulces. Luis le mamaba las tetas succionando con ruidos húmedos que llenaban el aire y ella gemía bajito "¡Ay wey qué rico!" extendiendo la mano para pajearlo a él. El olor a sexo empezaba a impregnar todo almizcle sudor y excitación pura.

La tensión subía como olla exprés. Me puse de rodillas y le comí el chochito a Carla lengua lamiendo clítoris hinchado saboreando su miel salada y agria que me volvía loco. Ella se retorcía arqueando la espalda gimiendo "¡Sí así carnal no pares!" mientras Luis me untaba saliva en el culo masajeando mi ano con un dedo juguetón que me hizo jadear. Esto es el paraíso pensé con el pulso acelerado y la piel ardiendo al roce de sus cuerpos sudorosos.

Cambiamos posiciones ella se montó en mi cara frotando su coño en mi boca mientras chupaba la verga de Luis babas cayendo por su tronco grueso. Yo sentía su peso delicioso muslos temblorosos apretándome la cabeza y el sabor de su excitación inundándome. Luego me paré y la penetré de misionero su concha apretada envolviéndome como guante caliente húmedo y palpitante. Luis se metió por atrás a ella en un trío perfecto sus embestidas sincronizadas con las mías haciendo que su cuerpo rebotara entre nosotros. Los gemidos se volvieron gritos "¡Cógeme más duro pendejos!" pedía ella y nosotros obedecíamos sudando oliendo a hombre y mujer en celo.

El roce de su piel contra la mía era éxtasis puro cada thrust mandaba ondas de placer que me nublaban la mente. Su aroma almizclado me embriagaba y el slap slap de carne contra carne era sinfonía erótica.

La intensidad creció Luis se corrió primero gruñendo como animal chorros calientes salpicando el culo de Carla que lo ordeñaba con sus nalgas. Eso la mandó al borde y la sentí contraerse alrededor de mi pija ordeñándome en un orgasmo que la hizo temblar y gritar mi nombre. No aguanté más: me salí y eyaculé sobre sus tetas leche espesa y caliente que ella se untó sonriendo pícara lamiendo un dedo con deleite.

Caímos exhaustos en la cama respiraciones agitadas cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Nos acurrucamos en un enredo de piernas y brazos Carla en medio besándonos suaves ahora tiernos. "Neta qué chingón estuvo" dijo Luis riendo y yo asentí con el alma flotando. Hablamos un rato de lo vivido sin prisas sintiendo el afterglow como manta cálida. Me quedé pensando en cómo unos simples anuncios para trios habían desatado esta tormenta de placer puro y conexión humana.

Al amanecer me despedí con promesas de repetir. Caminé por las calles soleadas de la Juárez con una sonrisa boba el cuerpo satisfecho y el corazón lleno. Esa noche había sido más que sexo: un viaje de deseo compartido confianza y liberación. Ahora cada vez que veo esos anuncios me pica el gusanito pero sé que lo chido viene con la gente correcta.

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