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El Trio Cornudo Prohibido

7447 palabras

El Trio Cornudo Prohibido

Me llamo Alex, y desde que mi carnala Sofia y yo nos casamos hace cinco años, siempre hemos jugado con la idea de un trio cornudo. No era algo serio al principio, solo pláticas calientes en la cama mientras nos dábamos verga y panocha como animales. "Imagínate, amor, yo viendo cómo otro te hace volar", le decía yo, y ella se ponía roja como tomate, pero sus ojos brillaban con esa picardía mexicana que me vuelve loco. Sofia es una morra de esas que quitan el hipo: curvas de infarto, tetas firmes que caben perfecto en mis manos, y un culazo que rebota como gelatina cuando camina. Vive para provocarme, con sus falditas cortas y blusitas escotadas que dejan ver el encaje de su brasier.

Una noche, en nuestro depa chido en Polanco, con el skyline de la CDMX brillando por la ventana, tomamos el paso. Estábamos echando unos tequilas reposados, la música de Natalia Lafourcade sonando bajito, y el aire cargado de ese olor a deseo que se siente en la piel. "Órale, Alex, ¿y si lo hacemos de una vez? ¿Un trio cornudo de verdad?", me soltó Sofia con esa voz ronca que me pone la verga dura al instante. Mi corazón latió como tamborazo zacatecano. Marco, nuestro compa de la uni, siempre había sido el elegido en nuestras fantasías. Alto, musculoso, con esa sonrisa pícara y una fama de semental que no mentía. Lo llamé esa misma noche. "Ven, carnal, traete unas cheves y lo que traigas puesto", le dije, y colgué con las manos temblando.

Cuando Marco llegó, el ambiente ya estaba encendido. Sofia se había puesto un vestidito negro que apenas cubría sus muslos, y yo sentía el pulso acelerado en las sienes. Nos sentamos en el sofá de piel, el cuero crujiendo bajo nuestros pesos, y empezamos con las cheves frías que sudaban gotitas heladas. El olor a lúpulo se mezclaba con el perfume dulce de Sofia, esa vainilla que me hace babear. Hablamos pendejadas al principio, riéndonos de viejos chistes, pero la tensión crecía como tormenta en el desierto. Sofia se recargaba en mi hombro, su mano rozando mi muslo, y de reojo veía cómo Marco la devoraba con la mirada.

¿De veras voy a ver a mi reina con otro? ¿Me va a excitar o me va a romper?
pensé, mientras mi verga se endurecía contra el pantalón.

El tequila soltó las lenguas. "Sabes, Marco, Alex y yo hemos soñado con un trio cornudo", confesó Sofia, mordiéndose el labio inferior, ese gesto que me derrite. Marco levantó las cejas, sonriendo como lobo. "No mames, ¿en serio? ¿Y yo soy el afortunado?" Su voz grave vibró en el cuarto, y sentí un cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y morbo puro. Sofia se acercó a él, su rodilla tocando la de Marco, y yo solo atinaba a tragar saliva. "Sí, carnal, queremos que nos muestres lo que traes", le dije, mi voz salida ronca. Ella lo besó primero, un roce suave de labios que olía a tequila y menta. El sonido de sus lenguas chocando fue como chispas, y mi pulso se disparó.

La cosa escaló rápido. Sofia se sentó en el regazo de Marco, su vestido subiéndose para mostrar las nalgas redondas apretadas contra sus jeans. Yo me quedé ahí, viendo cómo las manos grandes de él subían por sus muslos, el roce de la piel suave contra la tela áspera. Qué chingón verte así, mi amor, pensé, mientras me quitaba la playera, sintiendo el aire fresco en mi pecho sudoroso. Ella gemía bajito, "Ay, Marco, qué mano tienes", y volteaba a verme con ojos nublados de lujuria. "Ven, Alex, no te quedes ahí nomás viendo". Me acerqué, besándola el cuello, oliendo su sudor salado mezclado con el aroma almizclado de su excitación que ya flotaba en el aire.

En el middle del sofá, la desvestimos entre los dos. El vestido cayó como cascada negra, revelando su lencería roja que contrastaba con su piel morena. Sus tetas saltaron libres cuando le quité el brasier, pezones duros como piedras preciosas. Marco chupó uno, succionando con un pop húmedo que resonó en mis oídos, y Sofia arqueó la espalda, gimiendo "¡Órale, qué rico!". Yo lamí el otro, saboreando el salado de su piel, mientras mi mano bajaba a su panocha empapada. Estaba chorreando, el calor húmedo traspasando la tanga de encaje. "Estás lista, reina", murmuré, y ella asintió, jadeando.

Marco se bajó los pantalones, y su verga saltó dura, gruesa, venosa, más grande que la mía. Un pinchazo de celos me dio, pero se transformó en fuego puro. Sofia la tomó en la mano, masturbándola lento, el sonido de piel contra piel como música prohibida. "Mírala, Alex, qué pedazo de verga para nuestro trio cornudo", dijo ella, y yo asentí, hipnotizado. Se arrodilló entre nosotros, mamando primero a Marco con labios estirados, saliva brillando en la punta, luego a mí, alternando como diosa del sexo. El calor de su boca, la lengua girando alrededor de mi glande, el sabor salado en su aliento cuando nos besaba... todo era un torbellino sensorial.

La llevamos a la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo su peso. Sofia se puso a cuatro patas, culazo en alto, invitándonos. "Córanme los dos, cabrones", suplicó con voz de hembra en celo. Marco se puso atrás, frotando su verga contra su concha resbalosa, el olor a sexo invadiendo el cuarto como niebla espesa. Entró despacio, centímetro a centímetro, y Sofia gritó de placer, "¡Ay, Diosito, qué llena me sientes!". Yo me puse enfrente, metiéndosela en la boca, sintiendo las vibraciones de sus gemidos en mi verga. El colchón se hundía con cada embestida de Marco, plaf plaf plaf, sudor goteando de su pecho al de ella, salpicando mi piel.

Los celos se mezclaban con el éxtasis.

Es mía, pero verla así, abierta y gozando, me hace sentir vivo como nunca
, cavilaba yo mientras la follaba la garganta. Cambiamos posiciones: yo la penetré misionero, su coño apretado chupándome la verga, mientras Marco le mamaba las tetas y ella lo pajeaba. "¡Más fuerte, Alex! ¡Quiero sentirlos a los dos!", exigía. El clímax se acercaba como tren de carga. Marco la volteó, la puso encima de mí en vaquera inversa, mi verga enterrada en su culo virgen –había sido idea suya, lubricado con gel de fresa que olía dulce–. Él entró en su panocha desde arriba, y el doble llenado la hizo convulsionar. Sentía su verga rozando la mía a través de la delgada pared, pulsos calientes, sudor resbalando, gemidos fundiéndose en un coro salvaje.

"¡Me vengo, cabrones!", aulló Sofia, su cuerpo temblando, uñas clavándose en mi pecho, jugos calientes empapando mis bolas. Eso nos detonó. Marco gruñó como oso, llenándola de leche caliente que sentí chorrear. Yo exploté segundos después, chorros profundos en su culo, el placer cegador, venas latiendo, mundo disolviéndose en blanco. Colapsamos en un enredo de miembros sudorosos, respiraciones agitadas, el olor a semen y panocha impregnando todo.

Después, en el afterglow, nos quedamos tirados, Sofia en medio, besándonos los tres lentos, lenguas perezosas. "Fue el mejor trio cornudo ever", murmuró ella, acariciando mi mejilla. Marco se fue al alba, con un abrazo fraterno. Sofia y yo nos acurrucamos, su cabeza en mi pecho, el corazón latiendo calmado. Nos unió más, este morbo nuestro, pensé, mientras el sol naciente pintaba la habitación de oro. Ya planeamos el próximo, pero por ahora, el sabor de lo vivido nos basta.

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