Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Chicas Cojiendo Trio Ardiente Chicas Cojiendo Trio Ardiente

Chicas Cojiendo Trio Ardiente

6931 palabras

Chicas Cojiendo Trio Ardiente

La noche en la playa de Cancún estaba caliente como el tequila que nos habíamos echado Sofia, Carla y yo. Éramos tres amigas de toda la vida, todas en nuestros veintitantos, solteras y con ganas de aventura. Yo, Ana, la más tímida del grupo, pero con un fuego adentro que solo mis chicas conocían. Habíamos rentado una cabaña justo frente al mar, con el sonido de las olas rompiendo suave y el olor a salitre mezclándose con el humo de la fogata que armamos en la arena. La luna llena iluminaba todo, haciendo que la piel de Sofia brillara como bronce mojado y los ojos de Carla centellearan con picardía.

¿Por qué no nos soltamos esta noche? —pensé, mientras veía cómo Sofia se quitaba la blusa ligera, quedando en bikini, sus tetas firmes moviéndose con el viento—. Neta, esto podría ser épico.

Empezamos con cervezas frías, riéndonos de pendejadas del trabajo en la ciudad. "¡Órale, Ana, ya párale de ser tan mojigata!", me dijo Carla, pasándome una chela helada que me erizó la piel. Sofia se acercó, su perfume a coco invadiendo mis sentidos, y me dio un beso en la mejilla que duró un segundo de más. Sentí su aliento cálido, dulce como mango maduro, y un cosquilleo me recorrió la espalda. La tensión ya estaba ahí, flotando como la brisa marina, haciendo que mis pezones se endurecieran bajo la tela delgada de mi top.

Carla, la más desinhibida, siempre con su pelo negro largo y cuerpo atlético de tanto gym, puso música en el Bluetooth: reggaetón pesado, con bajo que vibraba en el pecho. "Vamos a bailar, mamacitas", gritó, y nos jaló a las tres a movernos. Nuestros cuerpos se rozaban accidentalmente al principio: la mano de Sofia en mi cintura, el culo de Carla presionando contra mi cadera. El sudor empezaba a perlar nuestras pieles, mezclándose con la arena pegajosa. Olía a nosotras, a deseo crudo, a mujeres listas para explotar.

En el segundo acto de esta noche loca, las cosas escalaron como una ola gigante. Sofia me miró fijo, sus labios carnosos entreabiertos, y sin decir nada, me besó. Fue suave al inicio, sus labios suaves como pétalos húmedos, probando mi boca con la lengua tibia. Saboreé su gloss de fresa, mezclado con el salado del mar. Mi corazón latía desbocado, y respondí, enredando mis dedos en su melena rubia teñida. Carla no se quedó atrás; se pegó por detrás, sus tetas contra mi espalda, manos bajando por mis costados hasta mis muslos. "Esto es lo que queríamos, ¿verdad? Unas chicas cojiendo trío como en esas fantasías que platicamos", murmuró Carla en mi oído, su voz ronca haciendo que mi concha se mojara al instante.

Neta, nunca imaginé que sería tan intenso —pensé, mientras Sofia me quitaba el top, exponiendo mis chichis al aire fresco—. Sus miradas hambrientas me hacían sentir poderosa, deseada como nunca.

Nos fuimos adentro de la cabaña, el piso de madera crujiendo bajo nuestros pies descalzos. La cama king size nos esperaba, sábanas blancas oliendo a lavanda fresca. Carla prendió velas, iluminando la habitación con un resplandor anaranjado que hacía sombras sexys en nuestras curvas. Me recosté primero, temblando de anticipación, y ellas dos se turnaron para besarme el cuello, lamer mis pezones duros como piedras. El sonido de sus lenguas chupando era obsceno, húmedo, mezclado con mis gemidos ahogados. "Estás bien rica, Ana", susurró Sofia, bajando su boca por mi vientre plano, hasta llegar a mi bikini empapado.

Me lo quitó de un jalón, exponiendo mi conchita hinchada, reluciente de jugos. El olor a excitación femenina llenaba el aire, almizclado y adictivo. Sofia metió la cara entre mis piernas, su lengua plana lamiendo mi clítoris con movimientos lentos, circulares. Sentí cada roce como electricidad, mis caderas arqueándose solas. Carla se subió a horcajadas en mi cara, su coño depilado rozando mis labios. "Chúpame, putita", me ordenó juguetona, y obedecí, saboreando su néctar salado-dulce, como piña fresca. Su clítoris era un botoncito duro que succioné con ganas, oyendo sus ayyy y ¡sííí! que retumbaban en la habitación.

El calor subía, nuestros cuerpos sudados resbalando uno contra el otro. Cambiamos posiciones: yo en el medio, Sofia detrás lamiéndome el culo mientras Carla me comía la concha. Sus dedos entraban y salían, dos en cada una, curvándose para tocar ese punto que me hacía ver estrellas. "¡Qué chingón se siente!", grité, mi voz ronca. El slap-slap de pieles mojadas, los jadeos sincronizados, el crujir de la cama... todo era un caos sensorial. Olía a sexo puro, a sudor y fluidos, con toques de coco de sus lociones. Mis tetas rebotaban con cada embestida de dedos, pezones pellizcados por manos ansiosas.

Sofia trajo un juguete de su mochila: un doble dildo de silicona suave, morado brillante. "Vamos a cogernos como diosas", dijo con una sonrisa pícara. Nos untamos lubricante que olía a cereza, fresco y resbaloso. Primero, Carla y yo nos lo metimos mutuamente, gimiendo mientras nos mecíamos, nuestras conchas apretándose alrededor del juguete compartido. Sofia se masturbaba viéndonos, dedos volando sobre su clítoris, hasta que se unió, frotándose contra nosotras. El roce de tres coños, lenguas y dedos era abrumador; sentía pulsos acelerados, pieles ardientes, el sabor de jugos en mi boca.

La intensidad crecía como una tormenta. Mis orgasmos venían en olas: primero uno pequeño cuando Carla me metió tres dedos y chupó mi clítoris al mismo tiempo, haciendo que mi cuerpo se convulsionara, chorros calientes salpicando sus tetas. "¡Me vengo, cabronas!", aullé, el placer explotando en mi cerebro como fuegos artificiales. Sofia llegó después, montada en mi cara, su concha contrayéndose alrededor de mi lengua mientras gritaba mi nombre. Carla fue la última, con el dildo profundo y nosotras dos lamiéndole los pezones, su clímax tan fuerte que mojó las sábanas enteras.

En el afterglow, nos quedamos enredadas, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. El mar seguía susurrando afuera, como aplaudiendo nuestra hazaña. Sofia me besó la frente, su piel pegajosa contra la mía. "Esto fue lo mejor, chicas cojiendo trío perfecto", murmuró Carla, riendo bajito. Yo, exhausta pero plena, sentí una conexión profunda, como si hubiéramos cruzado un umbral. No había arrepentimientos, solo sonrisas perezosas y caricias suaves.

Mañana volvemos a la normalidad, pero esta noche nos cambió para siempre —reflexioné, inhalando su aroma mezclado con el mío—. Somos más que amigas; somos amantes en secreto.

Nos dormimos así, desnudas y satisfechas, con la promesa de más noches así. El sol salió tiñendo el cielo de rosa, pero el fuego en nosotras ardía eterno.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.