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Trios Amateur Videos que Encienden el Fuego

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Trios Amateur Videos que Encienden el Fuego

Ana se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el aire cargado del aroma a café recién hecho y el leve perfume de Marco, su novio, que acababa de salir de la regadera. La noche caía sobre la ciudad de México como una manta tibia, y las luces de los autos en la avenida Insurgentes parpadeaban a través de las cortinas entreabiertas. Qué chido estar aquí con él, pensó ella, mientras él se acercaba con dos chelas frías en la mano.

—Órale, mi amor, hoy toca algo diferente —dijo Marco con esa sonrisa pícara que siempre la ponía a mil. Sacó su laptop y la abrió en el sofá, pegadito a ella. Ana sintió el calor de su muslo contra el suyo, esa fricción sutil que ya empezaba a despertar cosquillas en su vientre.

Habían estado explorando juntos durante meses, probando posiciones, juguetes, pero esa noche Marco tenía una idea nueva. —Mira estos trios amateur videos que encontré en un sitio bien cabrón. Son de parejas como nosotros, wey, bien reales, sin pendejadas de porno profesional.

Ana se mordió el labio, curiosa. El primer video cargó: una morra güera en una casa parecida a la suya, con dos vatos que la tocaban despacio, sus manos grandes recorriendo sus curvas. Los gemidos eran crudos, no fingidos, y el sonido de piel contra piel llenó la habitación. Ana olió su propia excitación empezando a mezclarse con el sudor ligero de Marco.

Neta, esto me prende cañón. ¿Y si lo hacemos nosotros?
pensó, mientras su mano se deslizaba por el pantalón de él, sintiendo cómo se ponía duro al instante.

La tensión creció con cada video. En uno, una pareja mexicana invitaba a un amigo, y la morra se dejaba llevar entre besos y lengüetazos, el aire lleno de jadeos y risas nerviosas. Marco pausó el video y miró a Ana a los ojos. —¿Te late la idea, ricura? ¿De llamar a Luis, el carnal de la uni?

Ana dudó un segundo, el corazón latiéndole fuerte en el pecho. Luis era guapo, alto, con esa barba recortada y ojos que siempre la miraban con picardía. Habían coqueteado en fiestas, pero nada serio. Es consensual, todos adultos, y con Marco aquí, qué puede salir mal, se dijo. —Sí, wey. Mándale un mensaje. Dile que venga a ver trios amateur videos con nosotros.

Media hora después, Luis tocó la puerta. Traía una sonrisa de oreja a oreja y una botella de tequila reposado. —¡Qué onda, cabrones! ¿Ya empezaron sin mí? —bromeó, mientras Marco le daba un abrazo de esos bien machos y Ana lo besaba en la mejilla, oliendo su colonia fresca mezclada con el humo de cigarro de la calle.

Se acomodaron los tres en el sofá grande, la laptop en medio. El tequila fluía en shots pequeños, calentando sus gargantas y soltando las lenguas. Otro trio amateur video empezó: tres cuerpos entrelazados en una cama deshecha, la morra chupando una verga mientras el otro la penetraba por atrás. Los sonidos eran hipnóticos: succiones húmedas, slap-slap de caderas, gemidos guturales en español neutro. Ana sintió su panocha humedecerse, el calor subiendo por sus muslos. Marco le acariciaba el cuello, y Luis, al otro lado, rozaba su rodilla "accidentalmente".

La habitación se llenó de una electricidad palpable. El olor a arousal era inconfundible: ese almizcle dulce de ella, el sudor salado de ellos. Ana giró la cabeza y besó a Marco primero, profundo, saboreando el tequila en su lengua. Luego, sin pensarlo, se volteó hacia Luis. Sus labios se encontraron suaves al principio, explorando, y Marco los vio con los ojos brillantes de deseo.

Esto es real, no como esos videos. Somos nosotros, pensó Ana, mientras las manos de Luis subían por su blusa, quitándosela con permiso implícito en su mirada. Ella asintió, jadeante. Marco se unió, besándole los pechos por encima del brasier, el roce de su barba erizando su piel.

El beso con Luis se intensificó, sus lenguas danzando con urgencia. Ana metió la mano en el pantalón de Marco, apretando su verga tiesa, palpitante bajo la tela. Luis gimió contra su boca cuando ella lo tocó a él también, comparando tamaños con una sonrisa traviesa. —Son unos pendejos calientes —murmuró ella, riendo bajito.

Se levantaron como en un trance, caminando al cuarto. La cama king size los esperaba, sábanas frescas oliendo a suavizante de lavanda. Ana se quitó la ropa despacio, disfrutando cómo los dos la devoraban con la vista. Sus tetas firmes, la curva de su cintura, el triángulo oscuro entre sus piernas. Marco y Luis se desvistieron rápido, sus vergas erguidas apuntando al cielo, venas marcadas y glande brillante de anticipación.

Ana se arrodilló en la alfombra suave, el piso cálido bajo sus rodillas. Tomó la verga de Marco primero, lamiendo desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado. Luego la de Luis, más gruesa, llenándole la boca con su calor. Los vatos gemían, tocándole el pelo con ternura.

Me siento poderosa, como la reina de estos trios amateur videos
, pensó ella, mientras alternaba mamadas profundas, saliva chorreando por su barbilla.

Marco la levantó y la tiró a la cama boca arriba. Luis se colocó entre sus piernas, besándole los muslos internos, inhalando su aroma almizclado. Su lengua encontró su clítoris hinchado, chupándolo con succiones expertas que la hicieron arquear la espalda. —¡Ay, wey, qué rico! —gritó Ana, mientras Marco le metía los pezones en la boca, mordisqueándolos suave.

El ritmo escaló. Luis se puso un condón —siempre seguros, siempre consensuados— y la penetró despacio, centímetro a centímetro, su verga estirándola deliciosamente. Ana sintió cada vena rozando sus paredes internas, el placer punzante subiendo por su espina. Marco se arrodilló sobre su pecho, ofreciéndole su verga para que la chupara mientras Luis la embestía.

Los sonidos llenaban el cuarto: el chapoteo húmedo de la panocha de Ana tragándose a Luis, los gemidos ahogados alrededor de la polla de Marco, el crujir de la cama bajo sus pesos. Sudor perló sus cuerpos, goteando salado en la piel de Ana. Ella se corrió primero, un orgasmo brutal que la hizo convulsionar, apretando a Luis con sus músculos internos. —¡Me vengo, cabrones! —chilló, lágrimas de placer en los ojos.

Luis no aguantó mucho; con unos empujones feroces, se vació dentro del condón, gruñendo como animal. Marco la volteó a cuatro patas, oliendo el sexo fresco en su culo. La penetró por atrás, profundo, sus bolas golpeando su clítoris sensible. Luis se recostó frente a ella, besándola mientras Marco la taladraba.

Ana sentía las pulsaciones de Marco acelerando, su respiración jadeante en su oreja. —Córrete conmigo, mi amor —le susurró ella, empujando hacia atrás. Él explotó con un rugido, llenando otro condón, su cuerpo temblando sobre el de ella.

Colapsaron en un enredo de miembros sudorosos, risas ahogadas y besos suaves. El aire olía a sexo crudo, semen, sudor y esa dulzura post-orgasmo. Ana se acurrucó entre los dos, sintiendo sus corazones latiendo al unísono. Marco le acariciaba el pelo, Luis le besaba el hombro.

—Eso fue mejor que cualquier trio amateur video —dijo Marco, besándola.

—Neta, wey. Volvemos a hacer esto —agregó Luis, y Ana sonrió, satisfecha.

En la quietud, con la ciudad zumbando afuera, Ana reflexionó:

Esto nos unió más. El deseo compartido, el placer mutuo. Qué chingón ser dueños de nuestra propia pasión
. Se durmieron así, envueltos en afterglow, soñando con más noches como esa.

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