Que Es La Triada Epidemiologica Del Placer
Entraste al auditorio del Centro Médico Nacional en el corazón de la CDMX con el pulso acelerado no solo por el tráfico infernal de Insurgentes sino por la promesa de un congreso que te pondría al día en epidemiología. El aire acondicionado zumbaba como un ventilador viejo y el olor a café barato y desinfectante flotaba por todos lados. Te sentaste en la tercera fila acomodándote el blusón ajustado que marcaba tus curvas justas sin gritarlo y cruzaste las piernas sintiendo el roce suave de tus medias contra la piel.
Entonces lo viste. El doctor Alejandro Ruiz subía al podio con esa seguridad de wey que sabe lo que vale. Alto moreno con ojos cafés que brillaban bajo las luces y una barba recortada que pedía a gritos que la rozaras con los labios. Vestía camisa blanca arremangada dejando ver antebrazos fuertes y pantalón de vestir que no disimulaba del todo el bulto prometedor. "La tríada epidemiológica es el modelo clásico para entender la propagación de enfermedades" empezó su plática con voz grave que te erizó la nuca. Hablaba del agente el huésped y el ambiente como si fueran amantes enredados en un baile prohibido. Tú asentías mordiéndote el labio inferior imaginando cómo esas palabras podrían aplicarse a algo mucho más carnal.
Al final de la sesión la gente aplaudió y tú te quedaste sentada observándolo mientras recogía sus notas. Neta que está cañón pensaste si no me acerco ahora soy una pendeja. Te levantaste con las rodillas temblorosas y caminaste hacia él fingiendo revisar tu libreta. "¿Doctor Ruiz podría explicarme un poco más sobre qué es la tríada epidemiológica? Me quedé con ganas de detalles" le dijiste con voz ronca inclinándote lo justo para que oliera tu perfume de vainilla y jazmín.
Él levantó la vista y te miró de arriba abajo con una sonrisa lobuna. "Claro que sí preciosa. ¿Qué tal si lo platicamos con un café? Hay un puesto chido aquí cerca con cafecito de olla que te despierta hasta el alma". Su aliento olía a menta fresca y su mano rozó la tuya al pasarte su tarjeta un toque eléctrico que te hizo apretar los muslos.
¿Qué chingados estoy haciendo? te dijiste pero sus ojos me traen loca y esa voz... ay wey no seas mamona ve por ello.
Acto seguido estabas en el café callejero con el vapor del café subiendo en espirales y el ruido de los cláxones de fondo como banda sonora urbana. Charlaron de casos de dengue de brotes en la sierra pero pronto la plática viró a lo personal. Él era de Guadalajara pero radicado en la capital por trabajo soltero y con un gusto por las mujeres inteligentes que no se andan con rodeos. Tú le contaste de tu lab en el IMSS de tus noches analizando datos hasta el amanecer. Cada risa compartida acortaba la distancia sus rodillas se rozaban bajo la mesita de plástico y el calor entre tus piernas crecía como un fuego lento.
"¿Sabes?" dijo él inclinándose "qué es la tríada epidemiológica no solo aplica a virus. Imagina el agente como el deseo puro el huésped como un cuerpo receptivo y el ambiente como el momento perfecto para que todo se contagie". Sus dedos trazaron un círculo en tu mano enviando chispas por tu espina. Tú tragaste saliva sintiendo la boca seca y el corazón latiendo como tamborazo zacatecano.
Media hora después entraban a su hotel en Reforma el lobby lujoso con alfombras mullidas y aroma a flores frescas. Subieron al elevador solos el espejo reflejando vuestras siluetas expectantes. Él te acorraló contra la pared con gentileza presionando su cuerpo duro contra el tuyo. "Dime si quieres parar" murmuró su aliento caliente en tu oreja. "Ni madres" respondiste jalándolo por la camisa para besarlo con hambre. Sus labios eran firmes jugosos con sabor a café y algo más primitivo. Lenguas enredadas gemidos ahogados el ding del elevador los separó riendo como chavos picosos.
En su habitación la cama king size con sábanas blancas crujientes y vista al Ángel panorámico. Las cortinas filtraban la luz dorada del atardecer tiñendo todo de ámbar. Se desnudaron lento él desabotonando tu blusa besando cada centímetro de piel expuesta. Tus pechos libres olían a sudor ligero y loción su lengua rodeó un pezón erecto succionando hasta hacerte arquear. Puta madre qué rico gemiste tus manos enredadas en su cabello negro azabache.
"Ahora te explico la tríada de verdad" susurró tirándote a la cama su cuerpo cubriendo el tuyo piel contra piel el vello de su pecho raspando delicioso tus senos. "El agente soy yo mi verga dura lista para infectarte de placer". La sentiste presionando tu muslo gruesa venosa palpitante con gota perlada en la punta que olía a hombre puro. La rozaste con la mano suave aterciopelada sobre acero y él gruñó ronco.
"El huésped eres tú tu concha húmeda ansiosa por recibirlo". Sus dedos exploraron bajando por tu vientre plano abriéndose paso entre tus labios hinchados. Estabas empapada el sonido chapoteante de sus caricias llenó la habitación. "Mira qué chingona estás lista para el contagio" dijo metiendo dos dedos curvándolos contra tu punto G. Gritas ahogadas oleadas de placer te recorrieron el clítoris hinchado como botón de fuego bajo su pulgar.
"Y el ambiente es esto nuestro sudor el calor de la habitación el deseo que nos envuelve". El aire estaba cargado de feromonas olor almizclado a sexo inminente el colchón hundiéndose bajo vuestros pesos. Él bajó la cabeza lamiendo tu interior lengua plana ancha saboreando tu miel salada dulce. Tus caderas se alzaron clavando uñas en sus hombros "¡Ay cabrón no pares!" suplicaste el orgasmo building como tormenta veraniega.
Su barba raspando mis muslos abiertos el sabor de mí en su boca cuando me bese después... neta esto es epidemiología del alma.
Lo volteaste montándolo como reina su verga erguida guiándola a tu entrada. Lentamente te hundiste centímetro a centímetro el estiramiento ardiente exquisito llenándote hasta el fondo. "¡Órale qué apretadita!" jadeó él manos en tus caderas marcando ritmo. Cabalgaste fuerte pechos rebotando sudor goteando entre vuestros cuerpos el slap slap de carne contra carne sincronizado con vuestros ayes. Él se incorporó chupando tu cuello mordisqueando oreja sus manos amasando tu culo.
Cambiaron posiciones él atrás embistiéndote profundo bolas golpeando tu clítoris cada thrust enviando rayos de éxtasis. El espejo de la pared mostraba el espectáculo vuestros cuerpos brillantes unidos en frenesí. "¡Me vengo!" gritaste el mundo explotando en blanco placer líquido derramándose. Él te siguió segundos después gruñendo tu nombre caliente inundándote con chorros pulsantes.
Colapsaron enredados jadeos entrecortados piel pegajosa besos perezosos. El sol se ponía tiñendo la habitación de púrpura el tráfico lejano como murmullo. "Entonces ¿ya entendiste qué es la tríada epidemiológica?" bromeó él trazando círculos en tu espalda. Reíste ronca "Simón doctor pero quiero más contagios". Se quedaron así horas hablando de nada y todo planeando la próxima "clase" con promesas de noches eternas.
Al amanecer saliste del hotel piernas flojas sonrisa boba el recuerdo de su tacto grabado en cada poro. La tríada no era solo teoría era el virus del deseo que te había infectado para siempre listo para propagarse en tu piel ansiosa.