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Avis We Try Harder

7008 palabras

Avis We Try Harder

El sol de Cancún te pega en la cara mientras bajas del avión, con ese calor húmedo que ya te hace sudar la camisa. Ana camina a tu lado, su falda ligera ondeando con la brisa del mar, y sus caderas se mueven con ese ritmo que siempre te pone a mil. Pinche mujer, cómo me calienta, piensas, mientras agarran las maletas y se dirigen al estacionamiento de renta de autos.

En el mostrador de Avis, la chica les sonríe con dientes blancos y brillantes. "Bienvenidos, ¿en qué les ayudo?" dice con acento yucateco suave. Tú pides un convertible chido para recorrer la Riviera Maya, y mientras firma los papeles, ves el letrero grande detrás de ella: Avis We Try Harder. Ana lo lee en voz alta, riéndose bajito. "Avis we try harder... ¿y nosotros, mi amor? ¿Vamos a try harder esta semana?" Sus ojos brillan con picardía, y sientes un cosquilleo en el estómago, como si ya supieras que esa frase va a ser el detonador de algo cabrón.

Salen con el Mustang rojo reluciente, el techo abajo, el viento azotándoles el pelo. Ana sube el volumen de la rola de Maná que suena en la radio, y canta a todo pulmón "En el muelle de San Blas", su voz mezclándose con el rugido del motor y el olor a salitre del Caribe. Tú manejas con una mano en el volante y la otra en su muslo desnudo, sintiendo la piel suave y tibia bajo tus dedos. Ella pone su mano encima de la tuya, guiándola un poquito más arriba, rozando el borde de sus panties.

Órale, ya empezó el juego. Avis we try harder, ¿no? Vamos a ver quién se esfuerza más
, piensas, acelerando un poco para sentir la adrenalina subir.

Llegan a un mirador apartado al atardecer, donde la carretera serpentea junto al mar turquesa. Aparcas el carro bajo unas palmeras, el motor aún caliente tic-tacando en el silencio. El sol se hunde en el horizonte, pintando el cielo de naranjas y rosas que se reflejan en las olas rompiendo suaves en la playa desierta. Ana se baja primero, estirándose como gata, su blusa ajustada marcando sus chichis perfectas. "Ven, wey, mira este pedo", dice, señalando el espectáculo. Tú la abrazas por detrás, tu pecho contra su espalda, inhalando el aroma de su perfume mezclado con sudor fresco y algo más... ese olor almizclado de excitación que ya empieza a notarse.

Sus labios se buscan sin palabras, un beso lento al principio, saboreando el salado de la brisa en su boca. Tus manos bajan por su cintura, apretando sus nalgas firmes bajo la falda. Ella gime bajito contra tu boca, "Mmm, sí, así", y gira para empujarte contra el carro. El metal caliente quema un poco a través de tu playera, pero no importa; el fuego entre ustedes es peor. "Avis we try harder", murmura ella entre besos, mordiendo tu labio inferior con juguetona fuerza. Tú respondes desabrochándole la blusa, exponiendo sus tetas al aire libre, los pezones ya duros como piedritas por el viento fresco.

La tensión ha estado creciendo todo el día: en el avión, cuando su mano rozaba tu paquete disimuladamente; en el aeropuerto, con miradas cargadas; ahora aquí, con el corazón latiéndote a todo lo que da. Ana se arrodilla en la arena tibia, el vestido subido hasta las caderas, y te baja el zipper con dientes. Neta, esta chava me va a matar. Sientes su aliento caliente en tu verga antes de que la meta en su boca, chupando con hambre, la lengua girando alrededor de la cabeza mientras sus manos masajean tus huevos. El sonido húmedo de su succión se mezcla con las olas y el graznido lejano de gaviotas. Tú agarras su pelo, no fuerte, solo guiándola, y ella acelera, mirándote con ojos lujuriosos que dicen quiero más, dame más.

Pero no vas a dejar que termine así tan rápido. La levantas, consensual y ansiosa, ella riendo con esa risa ronca que te enloquece. "No, mi rey, yo quiero try harder también". La recuestas en el cofre del Mustang, aún caliente del sol, y le quitas las panties de un jalón, oliendo su humedad dulce y salada. Tu lengua explora su panocha empapada, lamiendo el clítoris hinchado, saboreando sus jugos que saben a mar y deseo puro. Ana arquea la espalda, sus uñas clavándose en tus hombros, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué rico! No pares, pinche lengua chingona". Sus muslos tiemblan alrededor de tu cabeza, el sudor perlando su piel, y el olor a sexo inunda el aire, mezclado con el jazmín silvestre de la playa.

La tensión sube como marea alta. Tú te paras, tu verga palpitando dura como acero, y ella abre las piernas invitándote. "Cógeme, amor, hazme tuya con todo". Entras en ella despacio al principio, sintiendo cada centímetro de su calor apretado envolviéndote, sus paredes contrayéndose alrededor. Empiezas a bombear, gradual, profundo, el sonido de piel contra piel retumbando como tambores. Ana clava las uñas en tu espalda, sus caderas subiendo al ritmo, "Más duro, wey, Avis we try harder". Aceleras, el carro meciéndose con cada embestida, sus tetas rebotando hipnóticas, el sudor chorreando entre ustedes.

En su mente, un torbellino:

Este hombre me conoce tan bien, sabe exactamente cómo hacerme volar. Cada roce, cada beso, es como si leyera mi alma cachonda
. Tú sientes lo mismo, su interior apretándote más, sus gemidos volviéndose gritos ahogados por el placer. Cambian posición, ella encima ahora, cabalgándote en el asiento del copiloto, el cuero crujiendo bajo sus movimientos. Sus manos en tu pecho, pellizcando tus pezones, mientras sube y baja, su clítoris rozando tu pubis. El olor a cuero caliente, sudor y sexo es embriagador, el viento nocturno enfriando sus cuerpos febriles.

La intensidad psicológica crece: recuerdos de noches pasadas, promesas susurradas, el amor profundo que hace esto más que solo cogida. "Te amo, pinche loco", jadea ella, y tú respondes "Yo más, mi vida". El clímax se acerca como tormenta, sus contracciones intensas, tu verga hinchándose dentro. Explota primero ella, gritando "¡Me vengo, ay Dios!", su cuerpo convulsionando, jugos calientes empapándote. Tú la sigues segundos después, vaciándote en chorros potentes, el placer cegador como relámpago.

Caen exhaustos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Ana se acurruca en tu pecho, el corazón de ambos latiendo al unísono, el mar susurrando paz. Besas su frente salada, inhalando su esencia post-orgasmo. "Avis we try harder... y la neta, lo hicimos", dice riendo suave. Tú sonríes, acariciando su espalda, sintiendo la satisfacción profunda, el vínculo fortalecido.

Se visten despacio bajo las estrellas, el aire fresco calmando la piel enrojecida. Suben al carro, ella con la cabeza en tu hombro mientras manejas de regreso al hotel. El viaje no ha terminado; saben que mañana try harder otra vez. En el afterglow, reflexionan: esto no es solo sexo, es conexión, pasión viva que los une más. Cancún brilla adelante, prometiendo más noches así, más esfuerzos deliciosos.

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