Letra en Español de Try de Pink en Nuestra Noche Ardiente
La luz tenue del atardecer se colaba por las cortinas de mi depa en Polanco, tiñendo todo de un naranja cálido que hacía que el aire se sintiera pesado, cargado de promesas. Hacía una semana que Alejandro y yo nos habíamos peleado por pendejadas, celos tontos que se habían inflado como globo en fiesta. Pero hoy, él tocó la puerta con esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas, y supe que íbamos a intentarlo de nuevo. Neta, wey, pensé, esta vez sí la armamos bien.
Entramos a la sala, su mano en mi cintura, el calor de su palma traspasando la blusa ligera de algodón. Olía a su colonia de siempre, esa mezcla de madera y cítricos que me eriza la piel. Pusimos Spotify en la bocina, y de repente sonó Try de Pink, esa rola que siempre nos ha movido el piso. "Where there is desire there is gonna be a flame", cantaba ella con esa voz rasposa, y yo sentí un cosquilleo en el estómago.
—Órale, carnal, busquemos la letra en español de Try de Pink para cantarla juntos —le dije, sacando mi iPhone del bolsillo trasero del jean ajustado. Mis dedos volaron por la pantalla, y ahí estaba: la traducción fan-made que tanto me gustaba. Se la leí en voz alta mientras nos sentábamos en el sofá de piel suave, nuestras piernas rozándose, el roce eléctrico como chispas.
Donde hay deseo, va a haber una llama. Donde hay llama, alguien va a quemarse. Pero solo porque quema, no significa que vayas a morir. Tienes que levantarte e intentarlo...
Alejandro me miró con ojos oscuros, intensos, como si esas palabras fueran un hechizo. Su mano subió por mi muslo, despacio, y yo dejé el teléfono a un lado. El corazón me latía fuerte, tan tan tan, sincronizado con el bajo de la canción que seguía sonando de fondo.
Acto primero: la chispa. Nos besamos como si fuera la primera vez, sus labios carnosos probando los míos, sabor a menta de su chicle y un toque salado de sudor del tráfico. Su lengua exploró mi boca, juguetona, y yo gemí bajito, el sonido vibrando entre nosotros. Pinche wey, cómo me prende, pensé mientras mis uñas se clavaban en su nuca, el pelo corto raspando mis dedos. El aroma de su piel se mezclaba con el mío, jazmín de mi perfume y ese olor masculino que me hace mojarme al instante.
Me levantó en brazos como si no pesara nada, camino a la recámara donde la cama king size nos esperaba con sábanas frescas de hilo egipcio. Me tiró suave, riendo, y yo me quité la blusa de un jalón, dejando ver mis tetas libres bajo el bra de encaje negro. Sus ojos se clavaron ahí, hambrientos. —Ven, intenta conmigo —susurró, citando la letra, y yo reí, pero el deseo ya ardía en mi panocha.
En el medio del fuego, la tensión subía como olla exprés. Se desnudó despacio, quitándose la playera para mostrar ese pecho moreno, marcado por horas en el gym, vello oscuro bajando hasta la cintura del bóxer que apenas contenía su verga tiesa. Yo me desabroché el jean, bajándolo con las tangas, el aire fresco besando mi concha húmeda, ya hinchada de ganas. Me acerqué gateando en la cama, el colchón hundiéndose bajo mis rodillas, y lamí su abdomen, saboreando el salado de su piel, el rastro de sudor que olía a hombre puro.
—Lee más de esa letra en español de Try de Pink —me pidió con voz ronca, mientras sus dedos jugaban con mis pezones, pellizcándolos suave hasta que dolía rico. Agarré el teléfono de la mesita, la pantalla iluminando su cara en la penumbra, y seguí recitando mientras él besaba mi cuello, chupando la piel hasta dejar marca.
Arrojaste todas tus dudas afuera, la verdad te va a lastimar. Siempre duele en esta fase de curación...
Esas palabras nos pegaron duro, recordándonos nuestras broncas pasadas, pero en vez de apagar el fuego, lo avivaron. Tenemos cicatrices, pero neta queremos intentarlo, pensé, mientras su mano bajaba entre mis piernas, dedos gruesos separando mis labios, rozando el clítoris hinchado. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes, y él metió un dedo, luego dos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. El jugo chorreaba, mojando las sábanas, olor almizclado de mi excitación llenando la habitación.
Lo empujé de espaldas, queriendo control. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, la cabeza roja brillando de pre-semen. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la chupé despacio, lengua girando en la punta, saboreando su esencia salada y un poco dulce. Él gruñó, córrete, morra, caderas empujando suave. Lo mamé profundo, garganta relajada, saliva bajando por el tronco, mis tetas rozando sus muslos peludos. El sonido era obsceno, slurp slurp, mezclado con su respiración agitada.
Pero no lo dejé acabar. Subí a horcajadas, frotando mi concha mojada contra su pinga, lubricándola más. Donde hay llama, alguien se quema, recité mentalmente, bajando despacio, centímetro a centímetro, hasta que me llenó por completo. ¡Ay, wey! grité, el estirón delicioso, paredes apretándolo como guante. Empecé a moverme, caderas girando, tetas botando, sus manos agarrando mi culo, dedos hundiéndose en la carne suave.
La intensidad crecía, sudor perlando nuestros cuerpos, piel resbalosa chocando, plaf plaf, olor a sexo crudo invadiendo todo. Él se incorporó, mamando mis pezones, mordisqueando, mientras yo cabalgaba más rápido, clítoris frotando su pubis. Tienes que levantarte e intentarlo, jadeé, citando la letra entre gemidos, y él sonrió, volteándome para ponerme en cuatro.
Desde atrás, su verga entró profunda, golpeando el fondo, bolas peludas chocando mi clítoris. Agarró mi pelo, jalando suave, arco en mi espalda, y folló duro, rítmico, el colchón crujiendo. Sentía cada vena pulsando adentro, mi jugo salpicando, olor a panocha caliente y semen próximo. Me vengo, pinche cabrón, grité, el orgasmo rompiéndome en olas, pélvico apretando, chorro mojando sus muslos.
Él siguió, gruñendo como animal, hasta que se hinchó y soltó adentro, chorros calientes bañando mis paredes, desbordando por mis piernas. Colapsamos juntos, jadeando, su peso sobre mí reconfortante, semen goteando lento.
En el afterglow, la canción había terminado, pero la letra seguía en mi cabeza. Nos quedamos abrazados, piel pegajosa enfriándose, su nariz en mi pelo oliendo a shampoo de coco. —Lo hicimos, wey —le dije, besando su hombro mordido. —Siempre que queramos intentar, aquí estoy —respondió, y supe que era verdad. Las cicatrices quedaban atrás, solo quedábamos nosotros, el deseo eterno, la llama que no se apaga.