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Imágenes de Tríos Sexuales que Encienden la Piel

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Imágenes de Tríos Sexuales que Encienden la Piel

Estaba sola en mi depa en la Condesa, con el ventilador zumbando como loco por el calor de la tarde mexicana. El sol se colaba por las cortinas, pintando rayas doradas en la pared. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi piel morena brillando de sudor, me recosté en la cama king size que compartía con Marco, mi carnal del alma. Pero él andaba en el jale, y yo, neta, me aburría como pendeja. Abrí la laptop, pensando en ver unas series, pero el demonio me tentó y terminé googlando imágenes de tríos sexuales. ¡Qué chingón!

Las fotos saltaron como fuego: cuerpos entrelazados, pieles sudadas rozándose, labios devorando pezones erectos. Una morra en medio de dos vatos, con las manos de ellos explorando cada curva, mientras ella gemía con la boca abierta. Otra con dos chavas lamiéndose mutuamente, tetas rebotando al ritmo de caderas que chocaban. Mi panocha se mojó al instante, un calor traicionero subiendo por mis muslos.

¿Y si lo hacemos de verdad? ¿Marco, yo y Sofía, mi compa de la uni que siempre me mira con ojos de querer comerme?
Sofía era una diosa: cabello negro largo, culo redondo como tamal, y una risa que me ponía los vellos de punta.

Le mandé un whats: "Wey, ven al depa. Trae chelas. Tengo algo que te va a volar la cabeza". Ella contestó en segundos: "¡Ya voy, mamacita! ¿Qué traes?". Sonreí, sintiendo mi corazón latiendo fuerte, el pulso en mi clítoris como tamborazo. Cerré los ojos, imaginando sus lenguas en mi piel, el olor a sudor mezclado con perfume de vainilla que usaba Sofía.

Media hora después, la puerta sonó. Sofía entró con shorts ajustados que marcaban su chochito y un top que dejaba ver sus chichis perfectas. Traía una six de Indio y esa sonrisa pícara. "¡Qué onda, Ana! ¿Qué es eso tan urgente?". La jalé al cuarto, le pasé la laptop. "Mira esto, pendeja". Sus ojos se abrieron como platos al ver las imágenes de tríos sexuales. "¡No mames! Estas morras se la rifan. ¿Estás caliente o qué?". Se rio, pero vi cómo se mordía el labio, sus pezones endureciéndose bajo la tela.

Nos sentamos en la cama, chelas en mano, pasando las fotos una por una. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el DF. "Imagínate nosotras tres", le dije, rozando su muslo con mi pie. Ella no se apartó. "Con Marco, ¿verdad? Ese wey es un semental". Mi mano subió por su pierna, sintiendo la suavidad caliente de su piel. "Sí, carnal. ¿Te late?". Sus ojos brillaron. "Neta, me muero por probarte". Nuestros labios se juntaron en un beso suave al principio, lenguas danzando como en esas imágenes, saboreando cerveza y deseo.

Justo entonces, la llave en la puerta. Marco entró, sudado del gym, su playera pegada a los músculos del pecho. "¿Qué pedo, mis amores?". Lo vimos besándonos y se quedó pasmado, pero su verga ya se marcaba en los pants. "¡No mames, qué chido!". Le expliqué todo, mostrando las fotos. "Estas imágenes de tríos sexuales nos prendieron el switch". Él sonrió, ese hoyuelo que me derrite. "Si es consensual, yo entro al quite".

Acto seguido, lo jalamos a la cama. El cuarto olía a sexo inminente: sudor fresco de Marco, perfume de Sofía, mi aroma almizclado de excitación. Empecé desvistiendo a Marco, besando su cuello salado, mientras Sofía lamía mi oreja, susurrando "qué rica estás". Su aliento caliente me erizó la piel. Marco gimió cuando le bajé los pants, su verga saltando dura como fierro, venosa y gruesa. "Chúpala, Sofi", le dije. Ella se arrodilló, lengua girando en la cabeza, succionando con ruiditos húmedos que me volvían loca.

Yo me quité la ropa, tetas libres rebotando, pezones duros pidiendo atención. Marco me jaló, mamando uno mientras su mano bajaba a mi panocha empapada. Dedos gruesos abriendo mis labios, frotando el clítoris en círculos.

¡Dios, qué delicia! Cada roce como electricidad bajando por mi espina.
Sofía se unió, lamiendo mi otra teta, su lengua áspera y juguetona. Gemí fuerte, el sonido rebotando en las paredes. "¡Sí, weyes, así!".

La cosa escaló. Me recosté, piernas abiertas, y Sofía se hundió entre ellas. Su boca en mi chochito, lengua lamiendo de abajo arriba, chupando mi jugo dulce. Olía a mar, a mí misma, mezclado con su saliva. Marco se puso detrás de ella, metiendo su verga en su boca mientras la penetraba con dedos. Sofía mugía contra mi piel, vibraciones que me hacían arquear la espalda. "¡No pares, putita rica!", le grité, jalándole el pelo.

Cambié posiciones, como en esas imágenes que nos inspiraron. Ahora yo de rodillas, mamando a Marco: sabor salado de su prepucio, venas pulsando en mi lengua. Sofía debajo de mí, lamiéndome el culo y la panocha, dedos entrando y saliendo con chapoteos. Marco me miró a los ojos: "Te amo, Ana. Esto es lo máximo". Su voz ronca me derritió. Empujó su verga más adentro de mi garganta, follándome la boca suave pero firme.

El calor subía, sudores goteando, cuerpos chocando con palmadas húmedas. Puse a Sofía en cuatro, Marco la penetró por atrás, su verga desapareciendo en esa panocha rosada y chorreante. Yo debajo, lamiendo sus chichis colgantes, mordisqueando pezones. Ella gritaba: "¡Ay, cabrón, qué grande la traes!". Marco aceleraba, huevos golpeando su clítoris. Yo metí dedos en su culo, sintiendo la presión de la verga de él a través de la pared delgada.

La tensión crecía como volcán.

Mi cuerpo ardía, cada nervio gritando por explotar. Quería correrme con ellos, unirnos en éxtasis.
Marco salió de Sofía y me puso a mí en cuatro. Entró de un jalón, llenándome hasta el fondo, su vientre peludo contra mi culo. Sofía se acostó frente a mí, abriendo piernas. Lamí su chochito mientras Marco me taladraba, ritmo salvaje. Saboreaba su crema agria-dulce, clítoris hinchado bajo mi lengua.

"¡Me vengo!", gritó Sofía primero, cuerpo temblando, jugos salpicándome la cara. Su olor intenso me empujó al borde. Marco gruñó, acelerando: "¡Juntos, mis reinas!". Sentí su verga hincharse, chorros calientes llenándome, mientras mi orgasmo explotaba en olas, panocha contrayéndose, piernas fallando. Grité, ahogada en el coño de Sofía, el mundo volviéndose blanco puro placer.

Caímos en un montón de carne sudada y jadeante. El ventilador secaba nuestros cuerpos, aire fresco en pieles enrojecidas. Marco nos abrazó a las dos, besos suaves en frentes. "Eso fue chido, ¿no?". Sofía rio, acurrucándose: "Las mejores imágenes de tríos sexuales hechas realidad". Yo sonreí, sintiendo el semen de Marco goteando por mis muslos, su calor residual.

Esto nos unió más. No era solo sexo; era confianza, amor loco y deseo compartido.

Nos duchamos juntos después, jabón resbalando por curvas, risas y caricias tiernas. La noche cayó sobre la ciudad, luces de neón parpadeando afuera. Nos quedamos en la cama, desnudos y satisfechos, planeando la próxima. Mi corazón latía tranquilo ahora, lleno de un glow que duraría días. Neta, esas imágenes cambiaron todo para bien.

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