En Cuanto Tiempo Hace Efecto Bedoyecta Tri En Mi Deseo
Estaba en mi depa en la Condesa, con el sol de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas, pintando rayas doradas en la cama king size que compartía con Alex. Llevábamos semanas de puro estrés: él con su jale en la agencia de publicidad, yo lidiando con deadlines en mi freelance de diseño gráfico. Anoche, después de una chela fría y unas pizzas de El Fogoncito, me quedé dormida antes de que pudiéramos encender la chispa. Chingado, pensé, quiero sentirme viva otra vez. Por eso, esa mañana me apliqué la Bedoyecta Tri que me recetó el doc del gym. Era una inyección de vitaminas B, de esas que prometen energía a full, pero yo quería más: quería que avivara el fuego que traíamos apagado.
Me miré en el espejo del baño, la aguja ya guardada en la basura.
¿En cuanto tiempo hace efecto Bedoyecta Tri?me pregunté, recordando la duda que le lancé al farmacéutico por WhatsApp. Me dijo que en unas horas, máximo un día. Sentí un pinchazo leve en el brazo, pero nada más. Alex salió de la regadera, envuelto en una toalla blanca, gotas de agua resbalando por su pecho tatuado con ese águila chida que se hizo en Oaxaca. Sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo, y sonrió con esa picardía que me derretía.
—Wey, ¿ya te picaste esa cosa? —preguntó, secándose el cabello con otra toalla.
—Sí, carnal. A ver si me da pilas pa' esta noche. No quiero quedarme zombi como ayer.
Se acercó, su piel fresca oliendo a jabón de lavanda y ese desodorante masculino que me volvía loca. Me besó el cuello, suave, probando. Sentí un cosquilleo, ¿sería la Bedoyecta o solo él? Nos vestimos casual: yo con un vestido negro ajustado que marcaba mis curvas, él con jeans rotos y playera gris. Salimos a caminar por Parque México, mano en mano, el aire tibio de octubre cargado con aroma a elotes asados y perros ladrando. Charlamos de pendejadas, de lo chido que sería un viaje a la playa, pero debajo de todo, la tensión crecía. Cada roce de sus dedos en mi cintura me hacía apretar las piernas.
De regreso, en el elevador del edificio, ya no aguantamos. Sus labios encontraron los míos, urgentes, con sabor a menta del chicle que masticaba. Mi espalda contra la pared metálica fría, sus manos subiendo por mis muslos. El ding del elevador nos separó, riendo como adolescentes. Entramos al depa, y el calor del día se sentía en mi piel. Me quité los zapatos, descalza en el piso de madera que crujía suave. Alex puso música: un playlist de Natalia Lafourcade mezclado con reggaetón viejo, bajo retumbando en el pecho.
Me serví un vaso de agua con limón, fresca y cítrica en la lengua, mientras él abría una cerveza. ¿Cuánto tardaría? pensé otra vez. De repente, lo sentí: un calor subiendo desde el estómago, como si mi sangre se hubiera encendido. Pulso acelerado, piel sensible, pezones endureciéndose bajo el vestido. En cuanto tiempo hace efecto Bedoyecta Tri, carajo, ya estaba pasando. Energía pura, deseo crudo. Miré a Alex, que se recargaba en la barra de la cocina, mirándome con hambre.
—Ven pa'cá, mamacita —dijo, voz ronca.
Me acerqué, mis caderas balanceándose solas. Lo besé yo esta vez, mordiendo su labio inferior, saboreando la sal de su piel. Sus manos grandes me alzaron sobre la isla de granito fría, el contraste con mi calor me hizo gemir bajito. El vestido se subió solo, revelando mis panties de encaje negro. Él se arrodilló, besando mi interior de muslo, aliento caliente rozando donde más lo necesitaba. Olía a mi propia excitación, dulce y almizclada, mezclada con su colonia.
Esto es lo que necesitaba, pensé, esta energía que me recorre como fuego líquido.
Sus dedos trazaron la tela húmeda, presionando justo ahí. Jadeé, arqueando la espalda. —Ándale, Alex, no pares. Me quitó las panties despacio, torturándome, y su lengua encontró mi clítoris, lamiendo con círculos lentos. El placer era eléctrico, oleadas subiendo por mi espina. Gemí fuerte, manos enredadas en su cabello negro y revuelto. El sonido de mi respiración agitada llenaba la cocina, junto al slap suave de su boca devorándome.
Lo jalé arriba, queriendo más. Le bajé el zipper, liberando su verga dura, venosa, palpitante en mi mano. La apreté, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre el acero. Él gruñó, ojos cerrados. —Chíngame con la boca, amor. Me bajé, rodillas en el piso fresco, y lo tomé entero, lengua girando alrededor de la cabeza, saboreando el precum salado. Él jadeaba, caderas empujando suave, "Así, puta rica, no pares". Lo chupé profundo, garganta relajada, hasta que tembló.
Pero quería sentirlo dentro. Lo empujé al sofá de piel beige, que crujió bajo nuestro peso. Me monté a horcajadas, guiándolo a mi entrada húmeda. Despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Ay, cabrón, llenándome perfecto. Empecé a moverme, subiendo y bajando, mis tetas rebotando libres ahora que me quité el vestido. Él las amasó, pellizcando pezones, enviando chispas directas a mi centro. Sudor perlando su frente, olor a sexo impregnando el aire, mezclado con el perfume de las velas que prendí antes.
La tensión crecía, mi interior contrayéndose alrededor de él. La Bedoyecta me tenía en llamas, cada embestida más intensa, piel chocando con piel en ritmos rápidos. —Más duro, pendejo —le rogué, uñas clavándose en su pecho. Cambiamos: él encima, piernas sobre sus hombros, penetrándome profundo. El sofá gemía con nosotros, mis gritos ahogados en su boca. Sentía cada vena, cada pulso, el roce perfecto en mi punto G.
El clímax se acercaba como tormenta. Mis músculos se tensaron, visión borrosa, solo él, su mirada clavada en la mía. —Vente conmigo, susurró. Exploté primero, oleadas de placer sacudiéndome, concha apretándolo como vicio, jugos chorreando. Él siguió, gruñendo, llenándome caliente, espasmos dentro. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor, corazones latiendo al unísono.
Después, en la cama, con sábanas revueltas oliendo a nosotros, me acurruqué en su brazo. El atardecer teñía la habitación de naranja. En cuanto tiempo hace efecto Bedoyecta Tri, pensé sonriendo, lo suficiente para esta noche inolvidable. Besó mi frente, murmurando te amo, wey. Y yo supe que esto era solo el principio de muchas noches así, con energía y pasión a tope.