Videos Caseros Tríos Ardientes
Todo empezó una noche de esas en mi depa en la Roma, con Marco y yo solos, sudando bajo el ventilador que apenas movía el aire caliente de la ciudad. Estábamos tirados en la cama king size que tanto nos costó juntar lana, con mi cabeza en su pecho peludo, oyendo el thump thump de su corazón acelerado. Habíamos cenado tacos de suadero de la esquina, con esa salsa picosa que te deja la boca ardiendo y el cuerpo pidiendo más. Marco, mi carnal de cuatro años, siempre con esa sonrisa pícara de chilango que me derrite, sacó su cel y dijo:
—Mira wey, encontré unos videos caseros tríos que están de poca madre. ¿Los vemos?
Yo, Ana, de veintiocho pirulos, con mi cuerpo curvilíneo que él tanto babea, sentí un cosquilleo en la panocha solo de imaginarlo. Neta, siempre hemos sido abiertos en la cama, probando juguetes, posiciones locas, pero tríos solo los habíamos visto en porno. Asentí, mordiéndome el labio, mientras él ponía play. La pantalla se llenó de una morra como yo, gemidos roncos, pieles chocando con plaf plaf, el olor a sudor y sexo filtrándose en mi mente. Olía a nuestro propio deseo ya, esa mezcla almizclada de mi humedad y su verga semi-dura contra mi muslo.
¿Y si lo hacemos nosotros? pensé, el corazón latiéndome como tambor en una fiesta de pueblo. ¿Será que invite a Luis, el cuate de Marco del gym? Ese pendejo siempre me mira con ojos de hambre.
Marco pausó el video, su mano grande bajando por mi blusa holgada hasta apretarme la teta izquierda, el pezón endureciéndose al instante bajo su pulgar áspero.
—¿Qué tal si grabamos los nuestros, amor? Videos caseros tríos caseros, pa' nosotros solos. Invito a Luis, sé que se muere por ti.
El pulso se me aceleró, un calor subiendo desde el vientre. Sí, carajo, neta quiero sentir dos vergas, dos bocas en mí. Lebesé con lengua, saboreando la cerveza Coro que aún le quedaba en la boca, y susurré:
—Haz la llamada, mi rey. Pero que sea chido, consensual y sin pendejadas.
Luis llegó en menos de media hora, oliendo a colonia barata mezclada con sudor fresco del tráfico en Insurgentes. Alto, moreno, con músculos que se marcaban bajo la playera ajustada, y una sonrisa de "sé lo que viene". Marco le dio un abrazo de esos de hombres, chocando puños, y yo me quedé en la puerta en shortcito y brasier, sintiendo sus ojos devorándome la piel bronceada, los piernones torneados de tanto gym.
—¡Qué buena onda, Ana! Marco me contó el plan. ¿Segura que sí? —preguntó Luis, voz grave como ron.
—Neta sí, wey. Pero vamos despacio, ¿va? —respondí, el estómago revolviéndose de nervios y excitación.
Nos sentamos en la sala, con luces tenues de las velas que prendí pa' ambientar, oliendo a vainilla y jazmín del mercado. Marco puso música de reggaetón suave, ese perreíto que te mueve las caderas sin querer. Empezamos con chelas frías, platicando pendejadas del trabajo, pero el aire se cargaba de electricidad. Sentía el calor de sus cuerpos a mis lados en el sofá, Marco acariciándome el cuello, Luis rozando mi rodilla "accidentalmente".
Mi mente daba vueltas:
¿Y si me arrepiento? No, carajo, esto es lo que quiero. Dos machos pa' mí, grabándolo pa' verlo después mil veces.
Marco sacó el trípode con su cámara del cel, enfocándonos. —Listos pa' nuestros videos caseros tríos —dijo, guiñando.
El beso empezó con Marco, sus labios carnosos devorando los míos, lengua explorando, sabor salado de piel. Luis se acercó por detrás, besándome el hombro, manos grandes subiendo por mi espalda hasta desabrochar el brasier. Gemí bajito cuando mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras rozando el aire fresco. Luis las tomó, amasándolas con rudeza juguetona, chupando uno mientras Marco bajaba a mi short, oliendo mi excitación.
—Estás empapada, putita mía —susurró Marco, voz ronca, lamiendo mis labios mayores, el sabor ácido dulce de mi flujo en su lengua.
Luis se quitó la playera, mostrando ese six pack sudado, y yo le bajé el pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, saltando contra mi cara. Olía a hombre puro, ese almizcle que te enloquece. La tomé en la mano, piel suave sobre hierro, masturbándola lento mientras Marco me comía la panocha, lengua girando en mi clítoris hinchado, chupando con slurp slurp que resonaba en la habitación.
Me puse de rodillas en la alfombra mullida, el corazón tronándome en los oídos. Dos vergas frente a mí: la de Marco, larga y curva, la de Luis, gorda y recta. Las lamí alternando, saliva chorreando, saboreando pre-semen salado. Marco gemía ¡ah cabrón!, Luis ¡qué chida boca, Ana!. El flash de la cámara capturaba todo, pero ya no pensaba en eso; solo en el calor palpitante en mi boca, gargantas profundas que me hacían toser jugo.
La tensión subía como volcán. Me recostaron en el sofá, Marco montándome primero, su verga abriéndome despacio, estirándome con delicioso ardor. ¡Sí, así, mi amor! grité, uñas clavándose en su espalda tatuada. Luis se arrodilló en mi cara, follándome la boca, bolas peludas rozando mi mentón, olor intenso a sexo. Sentía cada embestida de Marco, ploc ploc contra mi culo, jugos salpicando, mientras chupaba a Luis con hambre.
Esto es el paraíso, dos vergas llenándome, el mundo reduciéndose a piel, sudor, gemidos. Neta nunca sentí tanto poder, soy su reina.
Cambiaron posiciones, el sudor chorreando por sus pechos, goteando en mi piel ardiente. Luis entró en mí, más grueso, rozando spots que me hacían arquear la espalda, grito ahogado. Marco lo grababa de cerca, luego se unió, metiéndomela por el culo después de lubricante frío que me erizó. Doble penetración, carajo, los dos adentro, estirándome al límite, fricción infernal. Gemía como loca, ¡más, pendejos, rómpanme!, olores mezclados: sudor ácido, lubricante dulce, mi corrida oliendo a almendras.
El ritmo se volvió frenético, camas crujiendo no, sofá rechinando, pieles chocando con palmadas húmedas. Sentía sus pulsos acelerados contra mis paredes internas, mis tetas botando, clítoris frotado por la base de Luis. El orgasmo me pegó como rayo, cuerpo convulsionando, chorro caliente saliendo, empapando todo. ¡Me vengo, cabrones! grité, visión borrosa, gusto metálico en la boca.
Ellos siguieron, gruñendo como animales, hasta que Marco se sacó y pintó mi panza de leche espesa, caliente, olor fuerte a semen. Luis se corrió en mi boca, tragando lo salado, espeso, mientras jadeaba victorioso.
Caímos exhaustos, enredados en un montón de carne temblorosa, el aire pesado de sexo, velas parpadeando sombras en las paredes. Marco apagó la cámara, besándome la frente sudorosa. —Fue épico, amor. Nuestro video casero trío perfecto.
Luis se vistió despacio, abrazándonos. —Gracias, carnales. Cuando quieran, eh.
Sola con Marco después, nos metimos a la regadera, agua caliente lavando fluidos, jabón de coco perfumando. Me abrazó por detrás, verga floja contra mi culo.
Neta valió la pena, me siento viva, empoderada. Mañana lo vemos, y quién sabe, repetimos.
En la cama, pieles pegajosas secándose, su mano en mi teta, sonreí en la oscuridad, el eco de gemidos en mi mente. Aquellos videos caseros tríos que vimos nos cambiaron para siempre, abriendo puertas a placeres que ni soñábamos.