Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Cantinero Tri El Cantinero Tri

El Cantinero Tri

5684 palabras

El Cantinero Tri

La noche en la Ciudad de México te recibe con ese bullicio chido que te eriza la piel. Entras a la cantina El Triunfo, un lugar bien puesto con luces tenues, olor a tequila reposado y limones frescos cortados al momento. El aire está cargado de risas, mariachi de fondo y ese humo ligero de cigarros que se mezcla con el sudor de la gente bailando. Te sientas en la barra, con tu falda corta que roza tus muslos, sintiendo el fresco del taburete en la piel. Ahí lo ves: el cantinero tri, como le dicen los parroquianos. Alto, moreno, con brazos tatuados que se mueven como serpientes al preparar los tragos. Sus ojos negros te clavan una mirada que dice todo sin palabras.

Órale, wey, ¿por qué me mira así? Piensas, mientras sientes un cosquilleo en el estómago que baja directo al sur.
Pides un tequila con sal y limón, y él se acerca, su voz grave como un ronroneo: "Mamacita, ¿qué tal si te preparo algo especial?" Su aliento huele a menta y alcohol, y cuando roza tu mano al darte el vaso, una corriente eléctrica te recorre el cuerpo. Bebes, el líquido quema tu garganta, cálido y ardiente, como el deseo que empieza a bullir.

Al rato, llega ella. Una morra preciosa, con curvas que no mienten, pelo negro suelto y labios rojos que invitan a pecar. Se para al lado tuyo, pide lo mismo, y el cantinero tri sonríe pícaro. "Las dos bellezas juntas, ¿eh? Esto se pone interesante." Charlan, ríen, y pronto el trago fluye. Ella se llama Lupe, tú sientes que la química es neta. Sus manos rozan las tuyas accidentalmente, su piel suave como seda, y el cantinero observa, limpiando vasos con esa lentitud provocadora. El mariachi toca El Son de la Negra, y Lupe te jala a bailar. Sus caderas contra las tuyas, el roce de sus pechos, el olor de su perfume mezclado con tu sudor. Qué chido, piensas, el corazón latiéndote a mil.

El deseo crece como la espuma de una chela. Vuelven a la barra, y el cantinero tri se inclina: "¿Quieren algo más privado? Tengo un cuartito atrás pa' los amigos especiales." Lupe te mira, ojos brillantes: "¿Te late, carnala?" Asientes, la boca seca, el pulso acelerado. Salen los tres, el pasillo oscuro huele a madera vieja y misterio. Él cierra la puerta, el clic resuena como una promesa. La luz de una vela parpadea, sombras bailando en las paredes.

Acto dos: la escalada. Lupe te besa primero, sus labios suaves, lengua juguetona que sabe a tequila dulce. Gimes bajito, tus manos en su cintura, sintiendo el calor de su piel bajo la blusa. El cantinero tri se pega por detrás, sus manos grandes en tus caderas, aliento caliente en tu cuello. "Qué rico se ven", murmura, mordisqueando tu oreja. El roce de su barba te eriza, un escalofrío delicioso. Te quitan la falda despacio, sus dedos trazando caminos de fuego en tus muslos. Lupe se arrodilla, besa tu ombligo, bajando, su aliento cálido en tu monte de Venus.

Neta, esto es un sueño, ¿o qué pedo?

El cantinero tri se desabrocha la camisa, revelando pecho firme, músculos que brillan con sudor. Te besa el cuello mientras Lupe lame tu clítoris, lento, circular, haciendo que tus rodillas flaqueen. Gritas suave: "¡Ay, wey, no pares!" Él te sostiene, su verga dura presionando contra tu culo a través del pantalón. La desabrochas, la sacas, gruesa, venosa, latiendo en tu mano. La acaricias, sintiendo su calor, el pulso rápido bajo tu palma. Lupe sube, besa al cantinero, sus lenguas danzando visible para ti. Te unes, tres bocas enredadas, saliva mezclada, gemidos ahogados.

Caen al colchón viejo pero limpio, olor a sábanas frescas y sexo inminente. Tú encima de Lupe, lamiendo sus tetas grandes, pezones duros como piedras. Ella arquea la espalda, "¡Más, pendejita rica!", sus uñas en tu espalda. El cantinero tri entra en ti por detrás, despacio, llenándote centímetro a centímetro. Sientes cada vena, el estiramiento delicioso, el roce profundo. Gimes fuerte, el placer dobla tu visión. Lupe te besa, ahogando tus gritos, mientras él embiste rítmico, piel contra piel, slap slap slap eco en la habitación.

Cambian posiciones, el sudor perla sus cuerpos, gotea en tu piel. Ahora Lupe cabalga su verga, tetas rebotando, tú sentada en su cara, su lengua experta lamiéndote sin piedad. El cantinero tri te agarra las nalgas, dedos hundiéndose, "Estás chingona, wey". El orgasmo se acerca, tensión en tu vientre, pulsos en tu coño. Lupe gime primero, convulsionando, empapándolo. Tú explotas después, chorros de placer, piernas temblando, grito ronco. Él gruñe, se sale y eyacula en vuestros vientres, semen caliente salpicando, olor almizclado fuerte.

Jadean, cuerpos enredados, el aire denso de sexo y risas cansadas. Te quedas ahí, sintiendo sus corazones latiendo contra el tuyo, piel pegajosa, satisfecho el alma.

Acto tres: el resplandor. Minutos después, él trae agua fresca, limones para chupar. Se visten despacio, besos suaves, promesas de volver. "El cantinero tri siempre cumple", guiña él. Salen a la cantina, la música sigue, pero todo se siente diferente: más vivo, más tuyo. Lupe te da su número, un abrazo apretado que huele a ella para siempre.

Caminas a casa bajo las estrellas, el cuerpo aún zumbando, recuerdos vívidos: el sabor salado de su piel, el gemido gutural de él, la curva de sus labios.

Qué nochecita, carnal. Mañana repito, neta.
La tensión se fue, queda solo paz ardiente, lista para más aventuras en esta ciudad que nunca duerme.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.