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Mi Try On Haul Nude Privado

7086 palabras

Mi Try On Haul Nude Privado

Estaba en mi depa chido en la Roma Norte, con el sol de la tarde colándose por las cortinas sheer, pintando todo de un dorado suave que me ponía de buenas. Javier, mi carnal de toda la vida, el wey que me volvía loca con solo una mirada, acababa de llegar de su jale en Polanco. Lo vi entrar, con esa sonrisa pícara que me derretía las piernas, y su playera ajustada marcando esos pectorales que tanto me gustaban tocar.

Órale, mi amor, ¿qué traes hoy? Noto esa vibra traviesa en tus ojos, me dijo mientras se echaba en el sofá, estirando las piernas como si ya supiera que venía algo bueno.

Yo, con el corazón latiéndome a mil, le guiñé el ojo. Había comprado unas prendas nuevas en esa boutique fancy de Masaryk: lencería, vestidos ceñidos, todo para armar mi try on haul nude privado solo para él. Neta, la idea me había estado dando vueltas toda la semana. Quería que me viera, que me deseara como la primera vez que nos dimos un beso en Xochimilco, con mariachis de fondo y chelas frías.

Va a flipar cuando me vea así, paso a paso, quitándome todo hasta quedar en pelotas, pensé mientras me metía al clóset. El aire olía a mi perfume de vainilla y jazmín, mezclado con el aroma fresco de la ropa nueva. Saqué el primer outfit: un vestido negro escotado que me hacía ver como diosa.

Salí modelando, girando despacito para que el vestido se pegara a mis curvas. ¿Qué tal este, amor? Imagínate si debajo no traigo nada, le solté juguetona, sintiendo ya el calor subiendo por mi entrepierna.

Javier se enderezó, sus ojos clavados en mis tetas que asomaban apenas. Estás de fuego, nena. Quítatelo ya, no mames, murmuró con voz ronca, su mano ajustándose los jeans. Ese sonido de su zipper bajando un cachito me erizó la piel.

Me reí bajito, el corazón retumbándome en el pecho como tamborazo zacatecano. Lentamente, me subí el vestido por los muslos, dejando ver mis piernas suaves, depiladas esa mañana con cera que aún picaba un poquito delicioso. El tejido rozaba mi piel sensible, enviando chispas directas a mi clítoris. Lo dejé caer al piso con un shhh suave, quedando en nude total, mis pezones endureciéndose al aire fresco del cuarto.

Try on haul nude en su máxima expresión. Su mirada me devoraba, y yo sentía el olor de mi propia excitación empezando a perfumar el ambiente, dulce y almizclado como miel de maguey.

Acto seguido, agarré el siguiente: unas tangas de encaje rojo y un bra matching. Me las puse despacio, mirándolo fijo, mordiéndome el labio. ¿Te gusta cómo me queda, wey? Ven, tócalo. Se levantó como resorte, sus manos grandes y callosas por el gym acércándose a mis caderas. Sus dedos trazaron la línea del encaje, bajando hasta mi culo redondo, apretándolo suave. Joder, qué rico se siente su piel contra la mía, pensé, mientras su aliento caliente me rozaba el cuello, oliendo a menta de su chicle.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Lo empujé juguetona al sillón. Espera tu turno, pendejo. Aún hay más. Saqué un body transparente, de esos que dejan ver todo. Me lo coloqué, el material elástico abrazándome como sus brazos en la cama. Giré, arqueando la espalda, sintiendo mis nalgas rebotar levemente. Él gruñó, un sonido gutural que me mojó más. No aguanto, carnala. Estás matándome.

Pero yo quería alargar el juego. Que sufra un poquito, que el deseo le queme como chile habanero. Caminé hacia él contoneándome, el body rozando mis pezones sensibles con cada paso, haciendo que jadee bajito. Me senté en su regazo, sintiendo su verga dura presionando contra mi concha a través de la tela. El calor de su cuerpo me envolvía, sudor empezando a perlar su frente, su olor masculino invadiendo mis sentidos: jabón, colonia y puro hombre.

Sus manos subieron por mi espalda, desabrochando el body con maestría. Lo dejé resbalar, quedando otra vez nude, piel contra piel. Nuestros pechos chocaron, mis tetas aplastándose contra su torso firme. Lo besé con hambre, mi lengua danzando con la suya, probando el salado de su boca, el dulzor de su saliva. Te quiero adentro ya, Javier, gemí contra sus labios, mientras mis caderas se movían solas, frotándome contra su bulto.

Él no esperó más. Me cargó como si no pesara nada, sus bíceps flexionándose bajo mis muslos. Me llevó a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Me tumbó suave, pero con urgencia, y se quitó la ropa en segundos. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, apuntándome como flecha. Qué chingona se ve, toda para mí.

Me abrió las piernas con ternura, besando el interior de mis muslos, su barba incipiente raspándome delicioso. Lamidas lentas subiendo, hasta llegar a mi clítoris hinchado. Su lengua giró, chupando suave, el sonido húmedo de mi jugo llenando el cuarto. Sabrosa, mi reina. Neta, tu sabor me enloquece, murmuró, metiendo un dedo grueso dentro de mí, curvándolo justo en ese punto que me hace ver estrellas.

Yo arqueé la espalda, uñas clavándose en sus hombros, el placer subiendo como volcán. Más, cabrón, no pares. Agregó otro dedo, bombeando rítmico, mientras su boca succionaba mi botón. El olor de sexo nos rodeaba, intenso, animal. Mis paredes se contraían, el orgasmo acechando cerca.

Pero quería más. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró de un empujón suave, llenándome hasta el fondo. ¡Ay, wey! Qué completa me hace sentir. Empezamos a movernos, lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes sensibles. Sus embestidas se aceleraron, piel chocando con plaf plaf, sudor goteando de su pecho al mío, salado en mi lengua cuando lo lamí.

Yo clavaba las uñas en su espalda, dejando marcas rojas que mañana dolerían rico. Córrele, amor, dame todo. Él gruñía, mordiendo mi cuello suave, su aliento entrecortado en mi oído. La cama crujía bajo nosotros, el colchón hundiéndose con cada thrust profundo. Mi clítoris rozaba su pubis, enviando ondas de placer que me nublaban la vista.

El clímax llegó como tsunami. Me corrí primero, gritando su nombre, mi concha apretándolo como puño, jugos chorreando por mis muslos. Él siguió unos segundos más, tenso, sudado, hasta que explotó adentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo temblando sobre el mío.

Nos quedamos así, enredados, pulsos latiendo al unísono. Su peso me reconfortaba, el olor de nuestro amor impregnando las sábanas. Besos suaves en mi frente, sus dedos jugando con mi cabello revuelto.

Ese try on haul nude fue lo mejor que has hecho, mi vida. Te amo, nena, susurró, voz ronca de satisfacción.

Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. Neta, esto es vida. Mañana compro más ropa, para la secuela. El sol se ponía afuera, tiñendo el cuarto de rosa, mientras nos acurrucábamos en el afterglow, listos para lo que viniera después.

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