Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Nos Esforzamos Más Nos Esforzamos Más

Nos Esforzamos Más

6196 palabras

Nos Esforzamos Más

En el balcón de nuestro departamento en Polanco, con las luces de la Ciudad de México parpadeando como estrellas caídas, te miro mientras sirves el mezcal. El aire huele a jazmín del jardín de abajo y a tu perfume, ese que siempre me pone la piel de gallina. Llevamos cinco años juntos, carnal, y aunque la neta es que nos queremos un chingo, la rutina se ha colado en la cama como un ladrón silencioso. Hoy, lo dijiste primero: "Nos esforzamos más", con esa sonrisa pícara que me derrite. Yo asentí, sintiendo un cosquilleo en el estómago, como la primera vez que nos besamos en la Roma.

Te acercas, tu mano roza mi cintura, y el calor de tu palma atraviesa la blusa ligera. "¿Listo para probar?", susurras, tu aliento cálido contra mi oreja, oliendo a humo dulce del mezcal. Asiento, el corazón latiéndome fuerte, y te jalo hacia adentro. La sala está bañada en la luz tenue de las velas que prendí antes, sombras danzando en las paredes blancas. Nos besamos despacio al principio, labios suaves probando sabores: sal de tus labios, dulzor de la bebida en tu lengua. Tus manos suben por mi espalda, desabrochando el sostén con esa destreza que siempre me sorprende. Lo dejo caer, y el aire fresco roza mis pezones, endureciéndolos al instante.

Me empujas contra el sofá de piel suave, que cruje bajo nuestro peso. Tus ojos recorren mi cuerpo como si fuera la primera vez, deteniéndose en mis senos, en la curva de mi cadera. "Eres una chulada, mi amor", dices con voz ronca, y bajas la boca a mi cuello. Siento tus dientes rozando la piel, un mordisco juguetón que me arranca un gemido. Mis manos se enredan en tu pelo, tirando suave, guiándote más abajo. El olor de tu sudor fresco se mezcla con el mío, un aroma almizclado que me enciende. Te quito la camisa, mis uñas arañando tu pecho velludo, sintiendo los músculos tensarse bajo mis dedos.

¿Por qué carajos no hemos hecho esto antes? Nos esforzamos más esta noche, y ya siento que voy a explotar.

Te arrodillas frente a mí, abriendo mis piernas con manos firmes pero tiernas. El roce de tus dedos en mis muslos internos me hace temblar, la humedad creciendo entre mis piernas. "Orale, qué rica estás", murmuras, y tu lengua lame despacio por encima de las panties. El calor húmedo me hace arquear la espalda, un jadeo escapando de mi garganta. Las luces de la ciudad zumban afuera, pero aquí solo existimos nosotros, el sonido de mi respiración agitada y tus labios chupando con hambre. Te las quitas de un jalón, exponiéndome al aire, y tu boca encuentra mi clítoris, lamiendo en círculos lentos que me vuelven loca.

Me retuerzo, las manos apretando el sofá, el cuero pegándose a mi piel sudorosa. Cada lamida es un fuego que sube por mi espina, pulsos latiendo en mi centro. "Más, carnal, no pares", suplico, y tú obedeces, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos justo donde duele de placer. El sonido húmedo de mis jugos con tus movimientos llena la habitación, obsceno y delicioso. Pienso en cómo siempre hemos sido buenos, pero esta noche nos esforzamos más, explorando rincones que ignorábamos. Tu lengua acelera, succionando fuerte, y siento el orgasmo construyéndose, una ola que me aprieta el pecho.

Pero no te dejo terminarme así. Te empujo hacia atrás, riendo entre jadeos. "Mi turno, pendejo", digo juguetona, y te desabrocho los pantalones. Tu verga salta libre, dura como piedra, venosa y palpitante. La agarro con la mano, sintiendo el calor y la suavidad de la piel sobre el acero debajo. Baja mi boca, probando la sal de tu pre-semen en la lengua, lamiendo la cabeza despacio. Gimes fuerte, "¡Chingado, qué chingona!", y tus caderas se alzan, follándome la boca suave. El sabor es puro macho, mezclado con jabón de tu ducha. Chupo más profundo, la garganta relajándose para tomarte entero, saliva goteando por mi barbilla.

Te monto entonces, guiando tu verga a mi entrada resbalosa. El estiramiento al entrar es exquisito, llenándome hasta el fondo. Gruñes, manos en mis caderas, y empezamos a movernos. Ritmo lento al principio, piel contra piel chocando con palmadas suaves, sudor perlando nuestros cuerpos. El olor a sexo impregna el aire, espeso y adictivo. Acelero, rebotando fuerte, mis senos saltando, tus ojos fijos en ellos. "Así, mi reina, cabalga esa pinga", animas, y pellizcas mis pezones, enviando chispas directas a mi coño.

Esto es lo que necesitábamos. Nos esforzamos más, y mira cómo nos conectamos, como si fuéramos uno solo.

Nos volteamos, ahora tú encima, embistiéndome profundo. Cada thrust es un golpe que me sacude, el sofá gimiendo con nosotros. Siento tus bolas golpeando mi culo, el roce áspero de tu pubis en mi clítoris. Sudor gotea de tu frente a mi pecho, salado cuando lo lamo. Tus brazos tiemblan, conteniéndote, pero yo quiero más. "Dame duro, wey, hazme tuya", exijo, uñas clavándose en tu espalda. Obedeces, follándome con fuerza animal, el placer rayando en dolor dulce. Mi orgasmo explota primero, un grito ahogado saliendo de mí, paredes apretándote mientras ondas de éxtasis me recorren, visión borrosa, cuerpo convulsionando.

Tú sigues, gruñendo, "Me vengo, carajo", y te sales justo a tiempo, chorros calientes pintando mi vientre, mi pubis. El semen tibio se desliza por mi piel, olor fuerte a clímax. Colapsas sobre mí, pesados y jadeantes, corazones martillando al unísono. Nos besamos perezosos, lenguas lentas saboreando el aftertaste salado.

Minutos después, envueltos en una sábana suave que huele a nosotros, miramos las estrellas urbanas desde el balcón. Tu cabeza en mi hombro, mi mano acariciando tu pelo húmedo. "Fue chingón, ¿verdad?", dices bajito. Sonrío, besando tu sien. "Sí, y nos esforzamos más la próxima". El viento fresco seca nuestro sudor, pero el calor entre nosotros perdura, una promesa de noches como esta. En este momento, sé que nuestra chispa no se apagará nunca, porque cuando queremos, nos esforzamos más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.