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Jessie Rogers quiere probar anal

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Jessie Rogers quiere probar anal

La noche en la villa de Playa del Carmen era perfecta, con el mar Caribe susurrando contra la arena fina a lo lejos. Marco, un chavo regio de la CDMX que había conocido a Jessie en un antro de la Zona Rosa, no podía creer su suerte. Jessie Rogers, esa morra gringa con curvas de infarto, tetazas firmes y un culazo que hipnotizaba, se había mudado temporalmente a México por trabajo. Llevaban tres meses de pasión desbordada, pero esta noche, algo en el aire olía diferente. El aroma salino del océano se mezclaba con el perfume vainillado de Jessie, que flotaba como una promesa pecaminosa.

Estaban en la terraza, recargados en la barandilla de madera pulida, con una botella de tequila reposado a medio acabar. Jessie, con su bikini diminuto que apenas contenía sus pechos bronceados, se giró hacia él con una sonrisa pícara. Sus ojos verdes brillaban bajo las luces tenues de las antorchas tiki.

¿Sabes qué, Marco? Quiero probar algo nuevo esta noche, dijo ella en su inglés mezclado con español, su voz ronca como el ron que acababa de tragar.

Marco sintió un cosquilleo en la entrepierna. Su verga ya se endurecía solo de mirarla. ¿Qué traes en mente, mi reina? preguntó, acercándose para rozar su cintura con las yemas de los dedos. La piel de Jessie era suave como seda caliente, tibia por el sol del día.

Ella sacó su celular, el brillo de la pantalla iluminando su rostro angelical pero travieso. Mira este video que encontré. Jessie Rogers lets try anal, leyó en voz alta, riendo bajito mientras le mostraba el clip. Era ella misma, o al menos una versión pornográfica con su mismo nombre, gimiendo de placer en una escena intensa. Quiero que sea como esto, pero mejor. Contigo.

El corazón de Marco latió como tamborazo en una fiesta de pueblo. El deseo inicial era un fuego lento, alimentado por la curiosidad mutua. Bajaron a la recámara principal, una suite con cama king size cubierta de sábanas de algodón egipcio, ventiladores de techo girando perezosos. El olor a jazmín del jardín entraba por las puertas abiertas, mezclándose con el sudor ligero que ya perlaba sus cuerpos.

Acto uno completo: la tensión se palpaba en el aire espeso. Marco la besó despacio, saboreando sus labios carnosos con sabor a tequila y sal. Sus lenguas danzaron, húmedas y urgentes, mientras sus manos exploraban. Él deslizó los dedos por su espalda, desatando el bikini. Los pechos de Jessie saltaron libres, pezones rosados endureciéndose al contacto con el aire fresco. Ella gimió suave, un sonido gutural que vibró en el pecho de él.

Se tumbaron en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Marco besó su cuello, inhalando el aroma almizclado de su excitación que ya empapaba el bikini inferior. Despacio, amor. Hazme sentir segura, murmuró ella, sus uñas arañando juguetona su espalda. Él asintió, besando un camino descendente por su vientre plano, deteniéndose en el ombligo para lamerlo con la lengua plana. Jessie arqueó la espalda, sus jadeos llenando la habitación como olas rompiendo.

En el medio del acto, la escalada fue un torbellino de sensaciones. Marco le quitó el bottom del bikini, revelando su panocha depilada, labios hinchados y relucientes de jugos. El olor era embriagador, dulce y salado, como mango maduro mezclado con mar. Él se hundió entre sus muslos, lamiendo con devoción. Su lengua trazó círculos en el clítoris, succionando suave mientras introducía un dedo, luego dos, curvándolos para rozar ese punto que la hacía gritar. ¡Ay, cabrón, qué chido! exclamó Jessie, sus caderas moviéndose al ritmo, empapando la cara de él con su esencia.

Pero la promesa del anal ardía en sus mentes. Jessie se incorporó, ojos vidriosos de lujuria. Ahora tócame ahí, susurró, guiando la mano de Marco hacia su culo redondo. Él untó lubricante de la mesita —frío y resbaloso al principio, calentándose con el roce—. Sus dedos masajearon la entrada apretada, círculos lentos, mientras ella se mordía el labio. El sonido de la piel contra piel, el chapoteo húmedo, era música erótica. Internamente, Marco luchaba con la emoción:

No la quiero lastimar, pero joder, su culito es un sueño. Tiene que ser perfecto
.

Jessie se puso de rodillas, ofreciéndose como ofrenda. Marco se posicionó detrás, su verga palpitante, venosa y gruesa, goteando precum. Primero frotó la cabeza contra su panocha, lubricándola más, embistiendo unas veces para que ella se acostumbrara. Cada thrust era un estruendo de carne contra carne, sus bolas golpeando suave. Ella gemía cada vez más fuerte, Más profundo, mi amor, me encanta. El sudor les chorreaba, mezclándose en riachuelos salados que Marco lamía de su espalda, sabor a sal y deseo puro.

La intensidad psicológica crecía. Jessie confesó en un susurro entrecortado: Siempre quise esto, pero con alguien que me haga sentir diosa. Tú lo haces. Marco respondió con ternura, besando su nuca. Eres mi reina, Jessie. Vamos poquito a poco. Presionó la punta contra su ano, el músculo resistiendo al inicio, luego cediendo con un pop húmedo. Ella jadeó, un sonido de dolor-placer que lo detuvo. Sigue, está chingón, animó ella, empujando hacia atrás.

Centímetro a centímetro, entró. El calor era abrasador, apretado como un guante de terciopelo vivo. Marco gruñó, el olor a sexo intensificándose, almizcle animal mezclado con lubricante. Comenzaron un ritmo lento: él embistía suave, ella respondía con meneos expertos, sus tetas balanceándose al compás. Los sonidos eran sinfonía: gemidos roncos, piel chocando, respiraciones agitadas. Tocó su clítoris desde abajo, frotando furioso mientras follaba su culo. Jessie gritó, ¡Me vengo, pendejo, no pares!, su cuerpo convulsionando, ano contrayéndose en espasmos que ordeñaban la verga de él.

La tensión alcanzó el pico. Marco aceleró, el slap-slap-slap resonando como tambores en una conga. Su mente era un torbellino:

Su culo me aprieta tanto, voy a explotar. Es mía, completamente
. Jessie giró la cabeza, besándolo torpe sobre el hombro, lenguas chocando saladas. Córrete adentro, lléname, rogó.

El clímax llegó como tsunami. Marco se hundió profundo, su verga pulsando chorros calientes en lo más hondo de su culo. El placer era cegador, un rugido escapando de su garganta mientras su cuerpo temblaba. Jessie se vino de nuevo, su panocha chorreando sin ser tocada, jugos resbalando por sus muslos. Colapsaron juntos, él aún dentro, el semen goteando lento al salir.

En el afterglow, yacían enredados, piel pegajosa y reluciente bajo la luz de la luna que entraba por las cortinas. El mar seguía susurrando, ahora como arrullo. Jessie acurrucada contra su pecho, trazando círculos en su piel con la uña. Fue increíble, Marco. Jessie Rogers lets try anal... y lo hicimos mejor, rio suave, besando su pectoral. Él inhaló su cabello, oliendo a sexo y vainilla.

Reflexionaron en silencio al principio. ¿Quieres más noches así? preguntó él, voz ronca de satisfacción. Todas las noches, mi chulo mexicano, respondió ella, ojos brillantes de conexión profunda. No era solo sexo; era intimidad ganada, confianza forjada en el fuego del deseo. Se durmieron así, cuerpos entrelazados, el pulso calmándose al ritmo del océano, con la promesa de más exploraciones en el horizonte soleado de su amor ardiente.

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