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Pasado Simple De Try Caliente

7195 palabras

Pasado Simple De Try Caliente

Llegué al departamento de Carla esa tarde soleada en la Condesa, con el corazón latiéndome como tambor de mariachi. Ella era mi maestra de inglés, una morra de unos treinta pirulos, con curvas que te dejaban babeando y unos ojos cafés que te taladraban el alma. Neta, desde la primera clase me tenía bien puesto. Su perfume, una mezcla de vainilla y jazmín, flotaba en el aire cada vez que se acercaba a corregir mi pronunciación.

—Órale, Alejandro, siéntate aquí —me dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel, señalando el sofá de cuero negro—. Hoy vamos a repasar el past simple. ¿Listo, wey?

Asentí, tragando saliva mientras ella se sentaba a mi lado, tan cerca que sentía el calor de su muslo contra el mío. Llevaba una blusa blanca ajustada que marcaba sus chichis perfectas y una falda corta que dejaba ver sus piernas morenas y suaves. El sol se colaba por las cortinas, pintando su piel con tonos dorados.

¡Pinche suerte la mía! Pensé. ¿Quién iba a decir que aprender inglés sería tan cabrón?

Empezamos con verbos regulares. Ella escribía en la pizarra portátil: walked, played. Su mano se movía con gracia, y yo no podía quitarle los ojos de encima. Cada vez que se inclinaba, su escote me regalaba una vista que me ponía duro al instante.

—Ahora los irregulares —dijo, girándose hacia mí con una sonrisa pícara—. Verbo try. ¿Cuál es su past simple de try?

Me quedé callado un segundo, oliendo su aliento mentolado cuando se acercó. —Eh... tried, ¿verdad?

—Exacto, smartass —rió, dándome un golpecito juguetón en el brazo. Su dedo rozó mi piel, enviando chispas por mi espina—. I tried to learn, but she was too hot. ¿Ves? Fácil.

El roce fue eléctrico. Nuestras miradas se cruzaron, y ahí estaba: la tensión, como un elástico a punto de romperse. Ella no se apartó; al contrario, su rodilla presionó contra la mía.

Pasamos a ejemplos. Yo leía oraciones torpemente, y ella corregía, inclinándose cada vez más. Su cabello negro caía como cascada sobre mi hombro, y el olor de su shampoo de coco me mareaba. Sentía su respiración acelerada, sincronizándose con la mía.

—I tried to resist —susurré yo mismo, probando el verbo, mirándola fijo.

Carla arqueó una ceja, mordiéndose el labio inferior. —Oh, really? ¿Y qué pasó?

La clase se desvió. Hablamos de intentos fallidos en la vida, de deseos reprimidos. Sus dedos jugaban con el borde de mi camisa, trazando líneas invisibles que me quemaban.

Ya valió, carnal. Esto no es lección de inglés, es invitación a la fiesta.

De repente, su mano subió a mi nuca, enredándose en mi pelo. —Muéstrame cómo try —murmuró, su voz como miel caliente.

No lo pensé dos veces. La besé. Sus labios eran suaves, carnosos, sabían a chicle de fresa y deseo puro. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en mi pecho, y me jaló más cerca. Sus tetas se apretaron contra mí, firmes y cálidas bajo la blusa.

Nos levantamos del sofá, tropezando con libros de gramática que cayeron al piso con un ruido sordo. La llevé contra la pared, mis manos explorando su cintura, bajando a sus nalgas redondas. Ella arqueó la espalda, clavándome las uñas en los hombros. —¡Ay, wey, qué rico! —jadeó, mientras yo le mordisqueaba el cuello, inhalando su sudor salado mezclado con perfume.

La desvestí despacio, saboreando cada centímetro. Primero la blusa, revelando un brasier de encaje rojo que apenas contenía sus pezones erectos, duros como piedras preciosas. Los lamí, succionándolos con hambre; ella temblaba, sus gemidos llenando la habitación como música ranchera prohibida.

Te voy a comer viva —le dije, bajando la falda. Sus calzones estaban empapados, el aroma almizclado de su excitación me golpeó como tequila puro. Metí la mano, sintiendo su calor húmedo, resbaloso. Sus caderas se movían al ritmo de mis dedos, que la penetraban suave, luego más rápido.

¡Sí, cabrón, así! ¡Inténtalo más fuerte! —gritó, recordándome el verbo sin querer.

La cargué al cuarto, su cama king size con sábanas de satén fresco. La tiré ahí, quitándome la ropa a tirones. Mi verga saltó libre, palpitante, venosa, lista para ella. Carla se arrodilló, mirándome con ojos lujuriosos. —Mmm, qué chingona —dijo antes de metérmela a la boca. Su lengua danzaba alrededor de la cabeza, chupando con maestría, saliva caliente goteando. El sonido húmedo, slurp slurp, me volvía loco. Agarré su cabeza, follando su boca suave, sintiendo su garganta apretarme.

¡Pinche paraíso! Su boca es mejor que cualquier clase.

No aguanté mucho. La subí a la cama, abriéndole las piernas. Su coño depilado brillaba, rosado e invitador. La probé primero con la lengua, lamiendo su clítoris hinchado, saboreando su jugo dulce y salado. Ella se retorcía, jalándome el pelo, sus muslos temblando alrededor de mi cara. —¡No pares, pendejo! ¡Me vengo! —chilló, convulsionando en un orgasmo que la dejó jadeante, empapándome la barbilla.

Entonces la penetré. Despacio al principio, sintiendo cada pliegue de su interior envolviéndome como terciopelo mojado. —¡Qué apretadita, mamacita! —gemí, empujando más hondo. Ella clavó las uñas en mi espalda, arañándome, el dolor mezclándose con placer puro.

Acceleramos. El colchón crujía rítmicamente, piel contra piel plap plap plap, sudor resbalando entre nosotros. Sus tetas rebotaban con cada embestida, yo las amasaba, pellizcando pezones. Nuestros alientos se entrechocaban, besos salvajes con lengua y dientes.

Dame más, Alejandro. I tried to be professional, but fuck it —susurró en mi oído, mezclando idiomas en su delirio.

La volteé a cuatro patas, admirando su culo perfecto. Le di nalgadas suaves, viendo la carne ondular roja. Entré de nuevo, profundo, agarrándola de las caderas. Ella empujaba hacia atrás, follándome tanto como yo a ella. El olor a sexo impregnaba el aire, espeso, animal.

Sentí el clímax venir, un volcán rugiendo en mis bolas. —¡Me vengo, Carla! —avisé.

¡Dentro, wey! ¡Lléname! —ordenó, y exploté. Chorros calientes la inundaron, mi verga pulsando mientras ella gritaba su segundo orgasmo, sus paredes ordeñándome hasta la última gota.

Caímos exhaustos, enredados en sábanas húmedas. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. Besé su frente sudada, oliendo nuestro amor mezclado.

La mejor lección de past simple de try —bromeó ella, riendo suave.

Neta, la repetiría todos los días —respondí, acariciando su espalda.

Esto no era solo sexo. Era conexión, deseo liberado. Y sabía que volvería por más "clases".

Nos quedamos así, en afterglow, con el sol poniéndose afuera, tiñendo la habitación de naranja. El mundo afuera podía esperar; aquí, en su piel, había encontrado mi perfecto past simple. Finito.

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