Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo El Tri Triste Canción Letras de Pasión Prohibida El Tri Triste Canción Letras de Pasión Prohibida

El Tri Triste Canción Letras de Pasión Prohibida

6481 palabras

El Tri Triste Canción Letras de Pasión Prohibida

La noche caía sobre la colonia Roma como un manto de terciopelo negro, con ese olor a jazmín mezclado con el humo lejano de las taquerías. Yo, Ana, acababa de llegar a mi depa después de un día de puro desmadre en la oficina. Mi carnal, Javier, me había invitado a su casa en Polanco para desestrésarnos con unas cheves y música chida. Neta, necesitaba eso. La ruptura con mi ex me tenía con el alma en un hoyo, pero Javi siempre sabía cómo levantarme el ánimo.

Entré y lo encontré en la sala, con la luz tenue de las velas parpadeando sobre la piel morena de su pecho desnudo. Vestía solo unos bóxers ajustados que marcaban todo lo que una chava como yo soñaba tocar. "¡Wey, qué buena onda que viniste!" gritó, abrazándome fuerte. Su olor, a jabón de sándalo y sudor fresco, me invadió las fosas nasales, haciendo que mi cuerpo se erizara sin permiso. Nos sentamos en el sofá de piel suave, y él puso play a El Tri. Sonó Triste Canción, esa rola que tanto me gustaba de El Tri triste canción letras que hablaban de amores perdidos, de noches vacías.

Me recargué en su hombro, sintiendo el calor de su piel contra mi mejilla. "

En la noche oscura, solo estoy pensando en ti...
" canturreé bajito, recordando las letras. Javi me miró con esos ojos cafés intensos, como si me estuviera desnudando con la mirada. "Mamacita, esa canción siempre me pone melancólico, pero contigo aquí, se siente diferente", murmuró, su aliento cálido rozándome el cuello. Mi corazón latió más rápido, un pulso traicionero entre mis piernas. ¿Era el tequila que empezaba a correr por mis venas o su cercanía lo que me hacía sentir así? Neta, Javi era mi carnal, pero en ese momento, lo veía como hombre puro, deseable.

La canción seguía sonando, las guitarras roncas llenando el aire con su lamento rockero mexicano. Bailamos lento, sus manos en mi cintura, mis caderas rozando las suyas accidentalmente. Sentí su verga endureciéndose contra mí, dura y caliente a través de la tela fina. "Ana, neta que te ves chingona esta noche", susurró, su voz grave vibrando en mi oído. Me giré, nuestros labios a centímetros. El deseo era un fuego lento que subía desde mi vientre, haciendo que mis pezones se endurecieran bajo la blusa de encaje.

Acto seguido, sus labios capturaron los míos en un beso suave al principio, probando, tentándome con su lengua juguetona que sabía a tequila y menta. Gemí bajito, mis manos explorando su espalda musculosa, sintiendo cada tendón tensarse bajo mis uñas. La música de El Tri seguía, triste canción letras que ahora sonaban como un himno a nuestra pasión oculta. Nos fuimos cayendo al sofá, él encima de mí, su peso delicioso oprimiéndome, haciendo que mi coño palpitara de anticipación.

En el medio de la noche, la tensión se volvió insoportable. Javi me quitó la blusa con delicadeza, besando cada centímetro de mi piel expuesta. El aire fresco de la AC erizó mi piel, contrastando con el calor de su boca succionando mis tetas. "¡Ay, cabrón, qué rico!" jadeé, arqueando la espalda. Sus manos bajaron a mi falda, deslizándola con lentitud tortuosa, revelando mis tangas empapadas. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que lo volvía loco. "Estás chorreando por mí, ¿verdad, princesa?" dijo con una sonrisa pícara, metiendo un dedo dentro de mí, curvándolo justo en ese punto que me hacía ver estrellas.

Mis pensamientos eran un remolino:

Esto está mal, es mi carnal... pero se siente tan chido, tan correcto en esta noche de El Tri triste canción letras que nos envuelve
. Lo empujé hacia atrás, quitándole los bóxers. Su pito saltó libre, grueso y venoso, con una gota de pre-semen brillando en la punta. Lo tomé en mi mano, sintiendo su pulso acelerado, caliente como hierro forjado. Lo lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando su salmuero salado, mientras él gruñía como bestia, enredando sus dedos en mi pelo.

La escalada fue brutal. Me puse a cabalgata sobre él, guiando su verga dentro de mi coño resbaloso. Entró perfecto, llenándome hasta el fondo, estirándome con placer doloroso. "¡Sí, métemela toda, pendejo!" grité, cabalgando con furia, mis nalgas chocando contra sus muslos en un ritmo que ahogaba la canción de fondo. Sudor perló nuestras pieles, goteando entre mis tetas que rebotaban hipnóticamente. Él me agarraba las caderas, clavando los dedos, marcándome como suyo. El sonido de carne contra carne, húmedo y obsceno, se mezclaba con nuestros gemidos y las guitarras de El Tri.

Internamente luchaba: el tabú de ser primos lejanos nos hacía más calientes, pero el amor fraternal se transformaba en lujuria pura. Él se incorporó, chupándome el cuello, mordisqueando mi oreja mientras embestía desde abajo, golpeando mi clítoris con cada thrust. Olía a sexo, a nosotros, a esa mezcla embriagadora de fluidos y piel caliente. Mi orgasmo se acercaba como una ola, tensando mis músculos, haciendo que mi visión se nublara.

En el clímax, explotamos juntos. Yo grité su nombre, mi coño contrayéndose alrededor de su pito, ordeñándolo mientras él se vaciaba dentro de mí en chorros calientes, inundándome. "¡Ana, te amo, carajo!" rugió, temblando bajo mí. Nos quedamos unidos, jadeantes, el corazón latiéndonos como tambores en fiestas patronales. La canción terminó, pero su eco permanecía en el aire cargado de nuestro aroma.

Después, en el afterglow, nos acurrucamos bajo una cobija suave, sus dedos trazando patrones perezosos en mi espalda. El sabor de su semen aún en mi lengua, el olor de nuestro amor en las sábanas revueltas. "Wey, esto fue lo mejor que me ha pasado", murmuré, besando su pecho. Él sonrió, apagando la luz. "Las letras de El Tri triste canción nos unieron de una forma que nunca imaginé, hermanita".

La mañana llegó con rayos de sol filtrándose por las cortinas, calentando nuestra piel entrelazada. No había remordimientos, solo una paz profunda, un lazo fortalecido por la noche de pasión. Salimos a la terraza con café humeante, riendo de tonterías, planeando más noches así. El recuerdo de esas El Tri triste canción letras ahora era nuestro secreto sensual, transformando tristeza en éxtasis eterno.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.