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XXX Trio con Mi Novia (1)

6882 palabras

XXX Trio con Mi Novia

La noche en la playa de Cancún estaba perfecta, con el mar susurrando contra la arena blanca y el aire cargado de sal y promesas. Yo, Alex, había llegado con mi novia Sofía hacía un par de días para celebrar nuestro aniversario. Ella, con su piel morena brillando bajo la luna, su cabello negro suelto y ese bikini rojo que apenas contenía sus curvas generosas, me volvía loco cada vez que la veía. Teníamos veintiocho años los dos, libres, sin ataduras más que nuestro deseo mutuo.

Sofía se recargó en mi pecho mientras tomábamos tequila en la terraza de nuestra cabaña rentada, el humo de la fogata lejana mezclándose con su perfume de vainilla y coco. Órale, mi amor, me dijo con esa voz ronca que me erizaba la piel, ¿y si le echamos una vuelta loca esta noche? Algo como un XXX trio con novia, ¿no? Mi amiga Luna llega mañana, pero neta, ¿te late? Su mano bajó por mi abdomen, rozando el borde de mi short, y sentí mi verga despertar al instante. Luna era su mejor amiga desde la uni, una chava de veintinueve con tetas firmes, culo redondo y una sonrisa pícara que siempre me guiñaba el ojo. Nunca habíamos cruzado la línea, pero las pláticas subidas de tono con Sofía siempre giraban en torno a eso.

Yo tragué saliva, el corazón latiéndome como tambor.

¿En serio, Sofi? ¿No te vas a arrepentir?
le pregunté, pero ella rio bajito, su aliento caliente en mi cuello. Al contrario, pendejo. Quiero verte perder el control conmigo y con ella. Todo consensual, todo chingón. El pulso se me aceleró, imaginando sus cuerpos entrelazados, el olor a piel sudada, el sabor salado de sus labios. Esa noche dormimos con las manos explorando, pero sin ir al fondo, dejando la tensión crecer como una ola.

Al día siguiente, Luna llegó en un taxi, con un vestido ligero que se pegaba a sus caderas anchas por el viento playero. Traía una botella de mezcal y un bikini diminuto en la mochila. ¡Weyes! ¿Listos para la fiesta? gritó al bajar, abrazando a Sofía con un beso en la boca que duró un segundo de más. Yo las vi desde la hamaca, mi short tensándose. Cenamos mariscos frescos en la terraza, el sol poniéndose en tonos naranjas, el sonido de las olas rompiendo como un ritmo hipnótico. El mezcal fluía, las risas se volvían confidencias.

Sofía, sentada entre nosotras, empezó el juego. Su pie descalzo rozó mi entrepierna bajo la mesa, mientras le contaba a Luna sobre nuestras fantasías. Él siempre dice que le late un XXX trio con novia, ¿verdad, mi rey? Luna se mordió el labio, sus ojos cafés clavados en mí, el pecho subiendo y bajando rápido. Neta, Sofi? ¿Y si lo hacemos realidad? He soñado con probar a tu carnal. El aire se espesó, cargado de feromonas, el olor a mar y sudor fresco mezclándose. Mi piel ardía, el corazón martilleando contra las costillas.

Entramos a la cabaña, la luz tenue de las velas parpadeando en las paredes de madera. Sofía me jaló del short, bajándolo de un tirón, mi verga saltando dura y palpitante. Mira esto, Luna. Todo para nosotras. Luna se acercó, su mano tibia envolviéndome, el contraste de sus uñas largas raspando suave. Yo gemí, el tacto eléctrico enviando chispas por mi espina. Sofía se quitó el vestido, quedando en tanga, sus pezones oscuros endurecidos apuntando al techo. Se besaron frente a mí, lenguas danzando, saliva brillando en sus labios carnosos. El sonido húmedo de sus bocas me volvió loco, el sabor imaginado a tequila y deseo.

Ven, amor, murmuró Sofía, guiándome a la cama king size cubierta de sábanas blancas. Me acosté, ellas dos arrodilladas a mis lados. Luna lamió mi pecho, su lengua trazando círculos en mis pezones, mientras Sofía bajaba por mi abdomen, besando cada músculo tenso. Olía a su excitación, ese aroma almizclado y dulce que me hacía babear.

Esto es lo que quería, joder, dos diosas devorándome
, pensé, mientras Sofía tomaba mi verga en su boca caliente, succionando lento, la saliva chorreando por mis bolas. Luna se subió a mi cara, su panocha depilada rozando mi nariz, jugosa y tibia. La probé, lamiendo sus labios hinchados, el sabor salado y ácido explotando en mi lengua. Ella gimió fuerte, ¡Ay, cabrón, qué rico!, moviendo las caderas contra mi boca.

La tensión crecía, mis manos amasando sus culos perfectos, piel suave como seda bajo mis palmas sudorosas. Sofía se levantó, montándome despacio, su calor envolviéndome centímetro a centímetro. Sí, mi amor, fóllame duro, jadeó, mientras Luna se recargaba en su espalda, besándole el cuello y pellizcando sus tetas. Yo embestía desde abajo, el slap-slap de carne contra carne resonando, mezclado con sus gritos ahogados. El sudor nos unía, resbaloso y caliente, el cuarto oliendo a sexo puro, a panochas mojadas y verga palpitante.

Cambiaron posiciones, el deseo escalando como fuego. Luna se puso a cuatro patas, su culo alzado invitándome. Sofía debajo de ella, lamiéndole el clítoris mientras yo la penetraba por detrás. ¡Chíngale, Alex! ¡Más profundo! gritó Luna, sus paredes apretándome como vicio. Sofía gemía contra su piel, vibraciones que la volvían loca. Yo sentía cada contracción, el pulso de sus cuerpos sincronizándose con el mío. Mis bolas se tensaban, el orgasmo acechando, pero aguantaba, queriendo alargar el éxtasis.

El clímax llegó en oleadas. Primero Luna, temblando violentamente, chorros calientes salpicando las sábanas. ¡Me vengo, pinche wey! Luego Sofía, frotándose contra mi muslo, sus uñas clavándose en mi espalda, dejando marcas rojas ardientes. Yo no pude más, explotando dentro de Luna con un rugido gutural, semen caliente llenándola mientras ella se contraía. Nos derrumbamos en un enredo de piernas y brazos, pechos agitados, el aire pesado con nuestro aroma compartido.

Después, en la calma, Sofía se acurrucó en mi pecho, Luna en el otro lado, sus dedos trazando lazy circles en mi piel. El mar seguía cantando afuera, una brisa fresca colándose por la ventana. Esto fue épico, ¿verdad? susurró Sofía, besándome suave. Un XXX trio con novia que no olvidaremos. Luna rio bajito, Y repetimos cuando quieran, carnales. Yo sonreí, el cuerpo pesado de placer, el corazón lleno. No era solo sexo; era conexión, confianza, un lazo más fuerte entre nosotros tres. Cerré los ojos, saboreando el afterglow, el sal en sus pieles, el pulso calmándose al unísono.

La mañana llegó con café y risas, sin culpas ni arrepentimientos. Sofía y Luna planeaban el desayuno mientras yo las veía, agradecido por esa noche que había transformado nuestra relación en algo salvaje y profundo. En la playa, caminando de la mano, supe que esto era solo el principio de aventuras compartidas, siempre con respeto y puro fuego mexicano.

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