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La Noche Ardiente de Digimon Tri Sora

6212 palabras

La Noche Ardiente de Digimon Tri Sora

Tú llegas al Comic Con México con el corazón latiéndole a mil por hora, vestida impecable como Sora de Digimon Tri. El uniforme rojo ajustado resalta tus curvas adultas, la falda plisada ondea con cada paso coqueto que das entre la multitud. El aire huele a palomitas, sudor emocionado y perfumes baratos mezclados. Sientes el roce sedoso de las medias contra tus muslos, y cada mirada que te echa la gente te hace sentir poderosa, deseada.

Órale, wey, hoy me voy a comer el mundo con este cosplay
, piensas mientras ajustas la peluca castaña que te cae perfecta sobre los hombros.

El bullicio es ensordecedor: gritos de fans, música de animes retumbando, flashes de cámaras que te ciegan un segundo. Te paras frente al stand de Digimon, posando para unas chavas que te piden fotos. Ahí lo ves: un vato alto, moreno, con ojos cafés intensos, vestido como Tai de Digimon Tri, pero versión adulta, musculoso, con esa sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago. Se acerca, cámara en mano, y te dice: "¡Qué chido cosplay de Sora! Neta que te quedaste igualita, pero más cañón."

Le sonríes, sintiendo un calor subirte por el cuello. "Gracias, carnal. Tú tampoco estás tan pendejo como Tai en la serie." Ríen juntos, y platican de episodios, de cómo Digimon Tri los marcó en la prepa, pero ahora son adultos listos para todo. Su voz grave te vibra en el pecho, y notas cómo su camiseta ajustada marca sus pectorales. El deseo inicial es como una chispa: sus ojos recorren tu cuerpo sin descaro, y tú le devuelves la mirada, mordiéndote el labio.

Este wey me trae loca, su olor a colonia fresca y hombre me está volviendo loca
.

El primer acto del día pasa volando entre fotos juntos, risas y roces "accidentales". Su mano en tu cintura para una pose, el calor de su palma a través de la tela delgada. Sientes tu piel erizarse, los pezones endureciéndose bajo el top. Él te invita a un panel de Digimon, pero en el camino, en un pasillo menos concurrido, te acorrala juguetón contra la pared. "Sabes, Sora, en la serie eras la líder fuerte, pero aquí... te veo y solo pienso en devorarte." Su aliento cálido en tu oreja huele a chicle de menta, y presionas tu cadera contra la suya, sintiendo su verga ya semi-dura bajo los pantalones.

"¿Y qué esperas, Tai? Muéstrame qué tan valiente eres." Lo besas primero, tus labios suaves contra los suyos firmes, lengua explorando con hambre. Sabe a café y deseo puro. Sus manos bajan a tus nalgas, apretándolas con fuerza posesiva pero tierna. El beso se alarga, el mundo se apaga: solo existe el latido de tu pulso en las sienes, el roce húmedo de lenguas, el gemido bajo que se le escapa. Te separan aplausos lejanos, pero ya no hay vuelta atrás.

Chingado, este beso me dejó la panocha palpitando, necesito más
.

Deciden escaparse del con. Salen tomados de la mano, el sol de la tarde en CDMX calentándoles la piel, taxis pitando alrededor. En el hotel cercano, el lobby fresco contrasta con el fuego interno. Suben al elevador, solos, y él te empuja contra el espejo, besándote el cuello mientras sus dedos suben por tu falda. Sientes sus uñas raspando tus muslos, el calor de su erección contra tu vientre. "Estás tan mojada ya, Sora. Neta que me traes al borde." Metes la mano en su pantalón, palpando la verga gruesa, venosa, latiendo en tu palma. Es enorme, caliente como hierro forjado.

En la habitación, la luz tenue filtra por cortinas pesadas, oliendo a sábanas limpias y anticipación. Se desnudan lento, saboreando. Tú te quitas el top, dejando ver tus tetas firmas, pezones rosados duros como piedritas. Él gime, "Qué ricas, wey." Las chupa, lengua girando, dientes mordisqueando suave. Sientes descargas eléctricas al clítoris, jugos corriendo por tus piernas. Lo empujas a la cama, te subes encima, frotando tu chocha depilada contra su verga desnuda. El olor a sexo inminente llena el aire: almizcle, sudor dulce, tu excitación pegajosa.

El medio acto escala con tensión deliciosa. Lo montas primero, guiando su punta a tu entrada. Entras lento, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena hasta el fondo. "¡Ay, cabrón, qué gruesa la tienes!" Gritas, y él te agarra las caderas, embistiéndote desde abajo. El slap-slap de piel contra piel, tus tetas rebotando, su aliento jadeante en tu cara. Cambian: él arriba, misionero profundo, besos salvajes. Tus uñas en su espalda, dejando marcas rojas.

Esto es puro fuego, cada empujón me acerca al cielo, no pares, no mames
. Sudor perla sus músculos, gotea en tu piel, salado al lamerlo. Él baja, come tu clítoris, lengua experta chupando, dedos curvados adentro tocando ese punto que te hace arquear.

La intensidad sube: perrito, él detrás, verga golpeando tu culo, bolas chocando. Agarras las sábanas, mordiendo la almohada para no gritar demasiado. "Cógeme más duro, Tai, hazme tuya como en mis sueños con Digimon Tri." Él obedece, una mano en tu pelo jalando suave, la otra frotando tu clítoris. El orgasmo se construye como ola: vientre tenso, muslos temblando, visión borrosa. Explota primero para ti, chocha contrayéndose en espasmos, chorros mojando sus bolas. "¡Sí, sí, chingado, me vengo!"

Él sigue, gruñendo, hasta que se corre dentro, semen caliente llenándote, goteando al salir. Colapsan juntos, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. El afterglow es puro éxtasis: sus brazos rodeándote protector, besos suaves en la frente. Huelen a sexo satisfecho, a conexión real.

Qué chido fue esto, no solo un polvo, sino algo que me dejó el alma en paz
. Platican bajito de más cosplays, de verse en el próximo con, de cómo Sora de Digimon Tri los unió en esta noche ardiente.

Se duchan juntos después, agua caliente lavando el sudor, manos explorando de nuevo pero tiernas. Sales del hotel al atardecer, piernas flojas pero corazón lleno, sabiendo que esta aventura con tu Tai personal fue el clímax perfecto de un día inolvidable.

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