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Try Colbie Caillat Lyrics en Tu Piel Desnuda

7827 palabras

Try Colbie Caillat Lyrics en Tu Piel Desnuda

Tú estás en la playa de Puerto Vallarta, el sol del atardecer tiñe el cielo de naranjas y rosas, y el aire huele a sal marina mezclada con el aroma dulce de las cocadas que venden los ambulantes. La música retumba desde los altavoces de la fiesta privada en esa villa chida con palmeras y alberca infinita. Tus pies hunden en la arena tibia, aún caliente del día, y sientes el cosquilleo del viento juguetón en tus piernas desnudas bajo el vestido ligero de algodón que se pega un poquito a tu piel por el sudor. Neta, te sientes nerviosa, wey. Hace rato que no sales con alguien así de guapo, y miras de reojo a Marco, ese moreno alto con ojos cafés que brillan como el tequila reposado.

Él se acerca con dos chelas frías en la mano, el hielo chorreando sobre sus dedos morenos. "¿Qué onda, preciosa? Toma, para que refresques esa boca tan rica", dice con esa voz grave que te eriza la piel. Tú sonríes, tomas la cerveza y das un trago largo; el líquido helado baja fresco por tu garganta, sabe a limón y malta, y sientes el burbujeo en tu estómago. Justo entonces, la canción cambia. Es Try de Colbie Caillat. Las letras flotan en el aire: "Put your makeup on, fix your hair up pretty. Meet me tonight in Atlantic City..." Pero la versión en vivo que pinchan aquí la hace sonar como un susurro playero, y de repente, esas palabras te pegan directo en el pecho. No tienes que esforzarte tanto, piensas. Tú, que te pasaste la tarde mirándote al espejo, preocupada por si tu celulitis se notaba o si tus chichis estaban lo suficientemente firmes.

"You don't have to try, you don't have to try..."
Esas Try Colbie Caillat lyrics se te meten en la cabeza como un mantra, y sientes un alivio chingón, como si el universo te dijera: relájate, carnala, sé tú misma.

Acto uno termina cuando Marco te toma de la mano y te jala a la pista improvisada en la arena. Sus palmas son ásperas por el trabajo en la construcción de hoteles de lujo, pero cálidas, y te envían chispas hasta la nuca. Bailan pegaditos, su pecho duro contra tus tetas suaves, el ritmo lento de la canción los mece. Hueles su colonia barata mezclada con sudor masculino, ese olor terroso que te hace mojar las panties sin querer. "Estás cañón así, naturalita", te murmura al oído, su aliento caliente rozando tu lóbulo. Tú ríes, nerviosa, pero las letras de Try te dan valor: no tienes que try tanto.

La noche avanza al acto dos, y la tensión sube como la marea. Se alejan de la fiesta, caminan por la orilla donde las olas lamen la arena con un shhh constante, espumosas y frías contra tus tobillos. Marco te besa por primera vez bajo la luna llena, sus labios suaves pero firmes, saben a cerveza y a mar. Tú respondes con hambre, tu lengua explorando la suya, el sabor salado de su piel. Qué rico, piensas, mientras sus manos bajan por tu espalda, apretando tu culo con ganas. "Ven, vamos a mi cabaña", dice él, voz ronca, y tú asientes, el corazón latiéndote como tamborazo zacatecano.

Adentro, la cabaña huele a madera de palma y velas de coco encendidas. Él cierra la puerta con un clic que suena definitivo, y te empuja suave contra la pared. Sus besos se vuelven urgentes, mordisquea tu cuello, dejando rastros húmedos que te hacen gemir bajito. Tú sientes su verga dura presionando contra tu muslo, gruesa y palpitante bajo los shorts. Pinche Marco, me traes loca, internalizas mientras tus manos recorren su pecho velludo, los músculos tensos bajo tus uñas. Se quita la playera, y tú admiras su torso bronceado, el sudor brillando como aceite. "Quítate el vestido, güey, déjame verte toda", pide, ojos hambrientos.

Aquí viene el conflicto interno: dudas un segundo, pensando en tus estrías, en si luces perfecta. Pero las Try Colbie Caillat lyrics resuenan en tu mente: "Take your make up off, let your hair down, take a breath, look into the mirror at yourself..." Te lo quitas despacio, el vestido cae al piso con un susurro de tela, quedas en bra y tanga. Él jadea: "Neta, eres una chulada, no mames". Te desabrocha el bra con dedos torpes, tus chichis saltan libres, pezones duros como piedras por el aire fresco. Los chupa uno a uno, lengua juguetona, dientes suaves, y tú arqueas la espalda, gimiendo "¡Ay, cabrón, qué chido!". El olor de tu arousal sube, almizclado y dulce, mezclándose con el suyo.

La escalada física es brutal. Te tumba en la cama king size con sábanas frescas de algodón egipcio, el colchón hundiéndose bajo su peso. Sus manos expertas bajan tu tanga, dedos rozando tu clítoris hinchado, y tú abres las piernas instintivamente. "Estás empapada, preciosa", dice riendo pícaro, y mete dos dedos adentro, curvándolos justo ahí, el squish húmedo llenando el cuarto. Tú retuerces las caderas, uñas clavadas en sus hombros, el placer subiendo como ola gigante. "¡Más, pendejo, no pares!" gritas, y él obedece, lamiendo tu coño con lengua ancha, saboreando tus jugos como si fueran el mejor pozole. El sabor salado-dulce en su boca lo enloquece, y tú sientes las contracciones primeras, el orgasmo acechando.

Pero no soltás todavía; la tensión psicológica crece cuando él se para, se quita los shorts, y su pito salta libre, venoso y grueso, goteando precum. "¿Quieres esto?" pregunta, voz temblorosa de deseo. Tú asientes, empoderada: "Sí, métemela toda, wey". Se pone condón rápido –siempre responsable, chido–, y se hunde en ti poquito a poquito. El estiramiento duele rico, lo sientes llenándote centímetro a centímetro, pulsando contra tus paredes. Empieza a bombear lento, luego rápido, piel contra piel plaf plaf, sudor volando. Tú lo agarras del culo, clavando talones en su espalda, gimiendo suspiros entrecortados. Hueles el sexo puro: sudor, semen contenido, tu esencia. Sus bolas chocan contra tu ano, y él gruñe "¡Estás apretada, chingada madre!".

El clímax del medio acto es cuando cambian posición: tú encima, cabalgándolo como reina. Tus tetas rebotan, él las amasa, pellizcando pezones. Las letras de Try vuelven: you don't have to try, y te mueves natural, instintiva, círculos y rebotes que lo hacen jadear. El roce en tu clítoris contra su pubis te manda al borde, y explotas primero: olas de placer sacudiendo tu cuerpo, coño contrayéndose alrededor de su verga, grito ahogado "¡Me vengo, Marco!". Él te sigue segundos después, embistiendo profundo, rugiendo como león mientras se vacía dentro del látex, caliente y abundante.

Acto tres: el afterglow. Se derrumban juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor enfriándose al viento del ventilador. Él te abraza, besando tu frente húmeda. "Fue increíble, nena. Tú eres perfecta así, sin try tanto", murmura, citando sin saberlo las Try Colbie Caillat lyrics que te salvaron la noche. Tú sonríes en su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse, el olor de sus axilas mezclado con el tuyo en una fragancia íntima. Afuera, las olas siguen su canción eterna, y sientes paz profunda, empoderada. No mames, esto es vida, piensas, mientras el sueño los envuelve en esa cabaña playera, con la promesa de más noches sin esfuerzo, solo puro feeling.

Al amanecer, el sol entra por la ventana, dorando sus cuerpos entrelazados. Tú abres los ojos, lo miras dormir, y tarareas bajito: "You don't have to try..." Él despierta sonriendo, y ya sabes que esto no acaba aquí. La playa los llama de nuevo, pero ahora con confianza total.

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