Relatos Salvajes
Inicio Sexo en Grupo Cogiendo en un Trío Ardiente Cogiendo en un Trío Ardiente

Cogiendo en un Trío Ardiente

6382 palabras

Cogiendo en un Trío Ardiente

Tú estás en la terraza de esa casa en Polanco, con el skyline de la CDMX brillando como un puto diamante bajo la luna llena. El aire huele a jazmín y a tequila reposado, mezclado con el sudor ligero de la fiesta que acaba de terminar. Tus amigos, Marco y Lupe, te miran con esos ojos que gritan quiero más. Marco, con su sonrisa pícara y ese cuerpo atlético de quien juega fut en las mañanas, te pasa un shot. Lupe, tu carnala de toda la vida, con curvas que matan y un vestido rojo que apenas contiene sus tetas, se pega a ti riendo.

"Órale, güey, ¿ya te late la idea?" dice Marco, su voz ronca rozándote la oreja. Sientes su aliento cálido, con ese toque ahumado del cigarrito que fumó hace rato. Lupe asiente, mordiéndose el labio, y su mano sube por tu muslo, suave como seda, despertando un cosquilleo que te va directo al centro.

Todo empezó inocente: una peda entre cuates para celebrar el cumple de Lupe. Pero las miradas se cruzaron, las risas se volvieron coquetas, y ahora aquí están, los tres solos, con la ciudad zumbando abajo. Tu corazón late fuerte, como tamborazo en una verbena.

¿Y si sí? ¿Y si me lanzo a cogiendo en un trío con ellos? Sería la verga, puro fuego.
Piensas, mientras el calor sube por tu piel morena.

Marco te besa primero, sus labios firmes y jugosos, saboreando a limón y sal. Lupe no se queda atrás; su lengua se une, danzando entre los dos, un remolino húmedo que te hace gemir bajito. Sus manos everywhere: las de él apretando tu culo, las de ella desabrochando tu blusa. El roce de sus dedos contra tu piel erizada es eléctrico, como chispas en la noche húmeda de México.

Entran a la recámara, la king size con sábanas de algodón egipcio que huelen a lavanda fresca. La luz tenue de las velas parpadea, proyectando sombras que bailan como en un ritual prehispánico. Te tumban con cuidado, pero con hambre. Lupe se quita el vestido, revelando unas lencerías negras que enmarcan sus chichis perfectos, pezones duros como piedras de obsidiana. Marco se saca la playera, mostrando ese six pack que te hace salivar.

"Ven, mi amor, déjame probarte", murmura Lupe, su voz como miel de maguey. Baja por tu cuerpo, besando tu cuello, chupando tus tetas hasta que arqueas la espalda. Sientes su aliento caliente en tu ombligo, luego más abajo. Marco te besa la boca, su verga ya dura presionando contra tu pierna, gruesa y pulsante bajo el pantalón. El olor a macho sudado te invade, mezclado con su colonia cítrica.

Te quitan la falda, y ahí estás, en tanga, expuesta y empoderada. Lupe lame tus labios vaginales por encima de la tela, un roce húmedo que te hace jadear. "Estás chingona, carnala", dice ella, y mete la lengua, saboreando tu humedad salada y dulce. Tus caderas se mueven solas, buscando más. Marco se libera la verga, venosa y tiesa, y te la pone en la mano. La aprietas, sintiendo su calor vivo, el pulso latiendo contra tu palma.

El deseo crece como volcán en erupción. Esto es lo que necesitaba, puro vicio consentido, piensas mientras chupas la punta de Marco, su pre-semen salado en tu lengua. Lupe se sube encima de tu cara, su concha rosada y jugosa rozando tus labios. La pruebas, lamiendo su clítoris hinchado, oyendo sus gemidos agudos que rebotan en las paredes. "¡Sí, así, pendejita rica!" grita ella, agarrando tus chichis.

La tensión sube, tus nervios vibran como cuerdas de jarana. Cambian posiciones: tú de rodillas, Marco detrás, frotando su verga contra tu entrada mojada. Lupe enfrente, abriendo sus piernas para que la sigas comiendo. Entras en éxtasis cuando él te penetra despacio, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. Ese estirón delicioso, el roce de su piel contra la tuya, sudada y brillante. Empieza a bombear, ritmado, chupando sonidos obscenos que llenan la habitación: plaf plaf plaf, mezclado con vuestros jadeos.

"¿Te late cogiendo en un trío, amor?" te susurra Marco al oído, mordisqueando tu lóbulo. Asientes, ahogada en placer, mientras Lupe se retuerce bajo tu lengua, sus jugos corriendo por tu barbilla. El olor a sexo es espeso, almizclado, como tierra mojada después de tormenta. Sientes cada vena de su verga dentro de ti, golpeando ese punto que te hace ver estrellas aztecas.

La intensidad escala. Marco acelera, sus manos clavándose en tus caderas, dejando marcas rojas que mañana recordarán esta noche. Lupe se viene primero, un chorro caliente en tu boca, gritando "¡Me vengo, cabrones!" Su cuerpo tiembla, tetas botando. Eso te empuja al borde. Marco sale, te voltea, y ahora Lupe te come mientras él te mete los dedos, curvados justo ahí. Gritas, el orgasmo te parte en dos, olas de placer convulsionando tus músculos, jugos chorreando.

Pero no paran. Quieren más. Te pones encima de Marco, cabalgándolo como reina tlatoani. Su verga te traga entera, tus paredes apretándola como guante. Lupe se une, sentándose en la cara de él, pero volteando para besarte, lenguas enredadas, tetas rozándose. El sudor nos une, pieles resbalosas. Marco gime vibrando contra ti, sus bolas tensas golpeando tu culo.

El clímax colectivo se acerca. Sientes su verga hincharse, tus caderas moliendo más rápido, Lupe masturbándose viéndonos. "¡Córrete conmigo, güey!" le ordenas, y explota, chorros calientes llenándote, desbordando. Tú lo sigues, un segundo orgasmo más brutal, visiones de fuegos artificiales en tus ojos. Lupe se une, frotándose contra tu clítoris, viniéndose en un trío de gemidos que deben oírse hasta en Reforma.

Caen los tres en un enredo de brazos y piernas, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El aire huele a semen, sudor y satisfacción. Marco te besa la frente, Lupe acaricia tu pelo.

Esto fue épico, puro cogiendo en un trío que no olvidaré. Somos cuates para siempre, con este secreto ardiente.

Te quedas ahí, sintiendo los latidos sincronizados, la piel pegajosa enfriándose. Afuera, la ciudad duerme, pero tú flotas en afterglow, empoderada, deseando que amanezca para ver si repetimos. Lupe susurra "Te quiero, carnala", y Marco añade "Chingón lo que armamos". Cierras los ojos, saboreando el eco del placer en tu cuerpo exhausto pero vivo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatossalvajes.cc.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.