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XNXX Trio con Mi Esposa el Fuego Desatado

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XNXX Trio con Mi Esposa el Fuego Desatado

Todo empezó una noche calurosa en nuestro departamento en la Condesa, con el ventilador zumbando como un moscardón loco y el olor a tacos de suadero flotando desde la calle. Mi esposa, Karla, estaba recostada en el sofá, con su blusa escotada dejando ver el nacimiento de sus chichis perfectas, esas que me vuelven loco cada vez que las miro. Llevábamos casados cinco años, y aunque la neta el sexo seguía siendo chido, ambos sentíamos que faltaba algo de picante. "Órale, carnal, ¿y si probamos un trío como en esos videos de XNXX?" me soltó ella una vez, riéndose con esa picardía que me pone la verga dura al instante.

Yo, que soy un pendejo curioso, empecé a imaginarlo.

¿Y si de verdad lo hacemos? Un XNXX trio con mi esposa, pero en carne y hueso, con sus gemidos reales y el sudor pegajoso de la piel.
La idea me carcomía por dentro. Karla es morena, con curvas que parecen esculpidas por un dios cachondo: nalgas redondas que rebotan al caminar, labios carnosos que chupan como diosa, y unos ojos negros que te desnudan con la mirada. Yo soy promedio, moreno clarito, con una verga decente que la hace gritar, pero sabía que para un trío necesitábamos a alguien confiable.

Ahí entró Marco, mi compa de la uni, un wey alto, atlético, con tatuajes en los brazos y una sonrisa de conquistador. Lo invité a una chela un viernes, y entre birrias y caguamas frías, solté el rollo. "Oye, Marco, ¿qué onda con un trío? Karla está en onda." Él se quedó con la boca abierta, pero sus ojos brillaron. "¿Neta? ¿Un XNXX trio con tu esposa? Chido, carnal, pero todo con respeto." Aceptó, y esa misma noche mandamos un whatsapp al grupo: "Mañana en casa, sin mamadas."

La tensión crecía como el calor de un comal. Karla se arregló como reina: falda corta negra que apenas cubría su culazo, top ajustado sin bra, y un perfume dulzón a vainilla que me hacía salivar. Yo sentía el pulso acelerado, el corazón latiéndome en las sienes, mientras preparaba la recámara: luces tenues, velas aromáticas a jazmín, sábanas de algodón fresco y una botella de tequila reposado en la mesita. El aire olía a anticipación, mezclado con el aroma de su piel jabonosa.

Marco llegó puntual, con jeans prietos que marcaban su paquete generoso y una camisa desabotonada mostrando pectorales duros. Nos dimos un abrazo de osos, pero ya se sentía la electricidad. Karla lo recibió con un beso en la mejilla, rozando su tetita contra el brazo de él. "Pásale, guapo, qué chulo verte." Nos sentamos en la sala, sirviendo shots de tequila que quemaban la garganta como fuego líquido, aflojando lenguas y nervios. Hablamos pendejadas al principio: del tráfico en Insurgentes, del pinche Pumas perdiendo, pero las miradas se cruzaban cargadas de deseo. Yo veía cómo Karla mordía su labio inferior, sus pezones endureciéndose bajo la tela, y mi verga ya palpitaba contra el pantalón.

El segundo shot y ya las manos empezaron a volar. Marco rozó la pierna de Karla "accidentalmente", y ella no se apartó; al contrario, abrió un poco las piernas, dejando ver el encaje de su tanga roja.

Pinche calor, pienso, pero es el deseo lo que suda mi espalda. Verla así, coqueteando, me excita más que nada.
Yo me acerqué, besándola profundo, lengua contra lengua con sabor a tequila y menta. Marco observaba, respirando pesado, y Karla extendió la mano para acariciar su muslo. "¿Listos para el XNXX trio con mi esposa?" solté yo, rompiendo el beso, y todos reímos nerviosos, pero el ambiente se cargó de erotismo puro.

Nos movimos a la recámara, el colchón crujiendo bajo nuestro peso. Karla se paró en medio, quitándose el top lento, como en un striptease profesional. Sus chichis saltaron libres, grandes y firmes, con pezones oscuros erectos como botones de chocolate. Marco y yo jadeamos al unísono. "Qué mamadas tan ricas," murmuró él, y ella sonrió, girando para mostrar su culo perfecto. Yo la desvestí de la falda, besando su ombligo, oliendo su excitación: ese musk dulce y salado que emana de su panocha cuando está mojada.

La tumbamos suave en la cama, y empezamos a devorarla. Yo lamí su cuello, mordisqueando la piel suave y salada, mientras Marco chupaba un pezón, succionando con sonidos húmedos que llenaban la habitación. Karla gemía bajito al principio, "Ay, sí, cabrones, no paren," arqueando la espalda. Sus manos volaban: una en mi verga, apretándola por encima del bóxer, la otra en la de Marco, que ya estaba tiesa como fierro. El tacto de su palma cálida me hacía pulsar, pre-semen humedeciendo la tela.

Escalamos. Karla se arrodilló, nos jaló los bóxers abajo. Mi verga saltó, venosa y gruesa, goteando; la de Marco era más larga, curva, con cabeza roja brillante. Ella los miró con hambre, oliendo nuestro aroma masculino mezclado con sudor. "Qué vergas tan chingonas," dijo con voz ronca, y empezó a mamarlas alternando. Primero la mía, labios envolviéndome hasta la garganta, lengua girando en la cabeza, saliva chorreando por el escroto. El sonido era obsceno: slurp slurp, con ella tosiendo un poco cuando se atoraba. Luego Marco, tragándosela entera, sus bolas golpeando su barbilla. Yo la veía, el corazón retumbando,

Esto es el paraíso, mi esposa chupando verga como en un XNXX trio con mi esposa, pero mejor, real, con su amor propio brillando.

La tensión subía como fiebre. La pusimos boca arriba, yo abrí sus piernas: su panocha depilada brillaba de jugos, labios hinchados rosados, clítoris asomando como perla. Lamí primero, lengua plana lamiendo desde el ano hasta el botón, saboreando su miel salada y dulce. Marco mamaba sus tetas, pellizcando pezones. Ella gritaba, "¡Chinguen, sí, métanme lengua!" Cuerpo temblando, caderas moviéndose contra mi boca. Olía a sexo puro, a feromonas mexicanas calientes.

Marco se posicionó primero. Ella lo guió, "Métela despacio, guapo." Él empujó, centímetro a centímetro, su verga desapareciendo en su coño apretado. El sonido de carne contra carne empezó: chap chap chap, húmedo y rítmico. Yo la besaba, tragando sus gemidos, mientras ella me pajeaba.

Siento celos un segundo, pero no, es placer puro ver su cara de éxtasis, ojos en blanco, boca abierta.
Marco la taladraba fuerte, sus nalgas flexionándose, sudor goteando en sus chichis. "¡Qué panocha tan rica, Karla!" gruñía él.

Cambié turnos. La puse en cuatro, culazo en pompa. Entré de un jalón, su calor envolviéndome como guante de terciopelo mojado. Marco en su boca, follándole la cara. Ella se ahogaba de placer, babas chorreando, "¡Más, pendejos, rómpanme!" El cuarto olía a sexo intenso: sudor, semen, su corrida. Yo la azotaba suave las nalgas, dejando marcas rojas, sintiendo su esfínter pulsar. Aceleré, bolas golpeando su clítoris, hasta que sentí el orgasmo subir como volcán.

El clímax explotó. Karla gritó primero, convulsionando, chorros de squirt mojando las sábanas, "¡Me vengo, cabrones!" Su coño me ordeñaba la verga. Marco se corrió en su boca, ella tragando con deleite, semen escurriendo por la comisura. Yo último, sacándola y pintándole el culo de leche caliente, chorros blancos contrastando su piel morena.

Colapsamos en un enredo de cuerpos sudados, respiraciones agitadas, risas cansadas. Karla en medio, besándonos alternos, "Eso fue el mejor XNXX trio con mi esposa que pudieron haber soñado." Limpiamos con toallas tibias, oliendo aún a nosotros. Marco se fue con un abrazo, prometiendo discreción. Nosotros nos acurrucamos, su cabeza en mi pecho, pulsos calmándose.

Esto nos unió más, carnal. El deseo satisfecho deja un glow eterno.
Durmiendo, soñé con más noches así, el fuego desatado para siempre.

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