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La Pasión de los Porhub Trios

6348 palabras

La Pasión de los Porhub Trios

Era una noche calurosa en mi depa en Polanco, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Yo, Alex, acababa de llegar de un día pesado en la oficina, pero al ver a Sofía esperándome con esa sonrisa pícara, se me olvidó todo el estrés. Sofía, mi morra de ojos verdes y curvas que quitan el hifo, estaba recargada en el sofá con una chela en la mano. Al lado de ella, su carnala Carla, una chava de cabello negro azabache, tetas firmes y un culo que parecía esculpido por los dioses. Las dos vestidas con shortcitos diminutos y blusitas que dejaban poco a la imaginación.

¿Qué pedo, carnal? Ven pa'cá, me dijo Sofía con esa voz ronca que me pone como moto. Me senté entre ellas, oliendo su perfume mezclado con el aroma fresco de las chelas. Carla me dio un beso en la mejilla, su piel suave rozando la mía, y sentí un cosquilleo que me bajó directo a la verga.

Estábamos platicando de la vida, de lo aburrido que es el día a día, cuando Sofía sacó su cel. Neta, wey, mira esto, dijo riendo mientras abría la app de Porhub. Porhub trios, eso es lo que necesitamos pa'espantar el tedio. Las dos se rieron, y yo me quedé viendo la pantalla iluminada con videos de tríos calientes: cuerpos entrelazados, gemidos que salían del parlante como un susurro prohibido.

El corazón me latía fuerte mientras veíamos. El sonido de piel contra piel, los jadeos ahogados, el olor a excitación empezaba a llenar el aire. Sofía se recargó en mi hombro, su mano bajando despacio por mi pecho.

¿Te late, amor? Imagínate si lo hacemos nosotro'
, murmuró en mi oído, su aliento caliente como fuego.

Carla no se quedaba atrás. Sus dedos jugaban con el borde de mi short, rozando mi muslo. Yo sí me animo, neta. Sofi me ha contado lo bien que la pasas contigo. Su voz era puro miel, y el roce de sus uñas me erizaba la piel. Sentí mi verga endureciéndose, presionando contra la tela, mientras en la pantalla una chava mamaba dos vergas al mismo tiempo. El deseo crecía como una ola, lento pero imparable.

Apagamos el cel, pero las imágenes seguían quemándome la mente. Sofía me besó primero, sus labios carnosos saboreando a cerveza y a ella misma, dulce como mango maduro. Su lengua se enredó con la mía, y el beso se volvió hambriento. Carla observaba, mordiéndose el labio, sus pezones marcándose bajo la blusa. ¿Puedo unirme? preguntó con ojos brillantes.

La jalé hacia mí, y ahora éramos tres bocas devorándose. Manos por todos lados: las de Sofía desabrochándome la camisa, sintiendo el calor de mi piel expuesta; las de Carla bajando mi short, liberando mi verga que saltó dura y palpitante. El aire se llenó del olor a sudor fresco y excitación, ese musk que te enloquece.

Estás cañón, wey, dijo Carla antes de arrodillarse. Su boca caliente envolvió la cabeza de mi verga, chupando suave al principio, lamiendo como si fuera un helado derretido. El sabor salado de mi pre-semen en su lengua, el sonido húmedo de su succión... joder, era mejor que cualquier porhub trios. Sofía se quitó la blusa, sus tetas perfectas rebotando libres, y se acercó para que yo las mamara. Mordí sus pezones rosados, sintiendo su dureza contra mi lengua, mientras ella gemía bajito: ¡Ay, cabrón, sí así!

La tensión subía como el volumen de un corrido prohibido. Las llevé al cuarto, la cama king size esperando como un altar. Desnudamos a Carla: su panocha depilada brillando de humedad, oliendo a deseo puro. Sofía se acostó primero, abriendo las piernas.

Ven, amor, cógeme mientras Carla te mame las bolas
. Me posicioné entre sus muslos, sintiendo el calor de su entrada. La penetré despacio, centímetro a centímetro, su chocha apretada envolviéndome como terciopelo mojado. Cada embestida hacía que su cuerpo se arqueara, sus uñas clavándose en mi espalda, dejando surcos de placer doloroso.

Carla se unió desde atrás, lamiendo mis bolas mientras yo cogía a Sofía. Su lengua juguetona, el roce de sus tetas contra mis nalgas... era una sinfonía de sensaciones. Cambiamos posiciones: ahora Sofía mamaba mi verga empapada de sus jugos, saboreando su propio sabor mezclado con el mío, mientras Carla se sentaba en mi cara. Su panocha era un manjar: jugosa, con un clítoris hinchado que chupé con ganas. El sabor ácido-dulce me volvía loco, sus caderas moviéndose al ritmo de mis lamidas, goteando en mi boca.

El cuarto apestaba a sexo: sudor, fluidos, perfume revuelto. Los gemidos se volvían gritos: ¡Más duro, pendejo! ¡No pares! de Sofía, y Carla susurrando Me vengo, me vengo mientras temblaba sobre mi lengua. Mi pulso era un tambor de guerra, el calor subiendo por mi columna. Las puse a las dos de rodillas, verga en mano, y ellas lamiéndola juntas, lenguas entrelazadas sobre mi glande. El contraste de sus bocas, una suave y la otra voraz, me llevó al borde.

El clímax llegó como un volcán. Primero Carla, frotándose el clítoris mientras yo la cogía por detrás, su culo rebotando contra mi pelvis con palmadas sonoras. ¡Sí, Alex, lléname! gritó, su chocha contrayéndose en espasmos, ordeñándome. Saqué y me metí en Sofía, que ya estaba al borde, sus paredes internas pulsando. La follé con furia, sintiendo el orgasmo construyéndose en mis bolas. Ellas se besaban encima de mí, tetas rozándose, gemidos compartidos.

Exploté dentro de Sofía, chorros calientes llenándola mientras gritaba su nombre. Carla lamió lo que goteaba, y luego las tres colapsamos en un enredo de piernas y brazos sudorosos. El afterglow era puro éxtasis: pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas, el olor a semen y jugos impregnando las sábanas. Sofía me acarició el pecho:

Mejor que cualquier porhub trios, ¿verdad, amor?

Carla rio bajito, besándonos a los dos. Neta, tenemos que repetir. Nos quedamos así, abrazados bajo la luz tenue de la lámpara, el corazón latiendo en unisono. Esa noche no solo follamos; conectamos en un nivel que no conocía. El deseo inicial se transformó en algo más profundo, un lazo de placer compartido que prometía más noches locas. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, éramos reyes de nuestro propio paraíso carnal.

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