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El Xnx Trio Inolvidable

6360 palabras

El Xnx Trio Inolvidable

La noche en Puerto Vallarta estaba calientísima, con ese aire salado del mar que se pegaba a la piel como una promesa de placer. Yo, Ana, acababa de llegar a la casa de la playa que rentamos con mis carnales de toda la vida, Marco y Luis. Habíamos crecido juntos en Guadalajara, pero ahora, ya grandecitos y solteros, las miradas se cruzaban con un hambre que no podíamos ignorar más. El sol se había puesto dejando el cielo morado, y el sonido de las olas chocando contra la arena era como un ritmo que nos invitaba a soltar todo control.

Estábamos en la terraza, con chelas frías en la mano y un playlist de cumbia rebajada sonando bajito. Marco, con su sonrisa pícara y esos brazos tatuados que tanto me gustaban, me pasó una cerveza. Órale, Ana, ¿ya te cansaste de tanto bailar? dijo riendo, mientras sus ojos bajaban un segundo a mis chichis apretadas en el bikini. Luis, el más calladito pero con esa mirada de fuego, se acercó por detrás y me rozó la cintura con los dedos. Si no, seguimos la fiesta aquí nomás, güey, murmuró cerca de mi oreja, su aliento cálido oliendo a tequila y limón.

Mi corazón empezó a latir como tamborazo. ¿Qué pedo? ¿Esto va en serio? pensé, mientras sentía el calor subir por mis muslos. Siempre habíamos bromeado con fantasías locas, pero esa noche el aire estaba cargado de algo más. ¿Y si armamos nuestro propio xnx trio? soltó Marco de repente, con esa voz ronca que me ponía la piel chinita. Los dos se miraron y rieron, pero yo vi el deseo en sus ojos. No era chiste. Era invitación.

Entramos a la casa sin decir mucho, solo con miradas que lo decían todo. La habitación principal tenía una cama king size con sábanas blancas crujientes y un ventilador que giraba lento, moviendo el aroma a coco de mi loción. Me senté en el borde, nerviosa pero mojada ya de solo imaginarlo. Marco se arrodilló frente a mí, sus manos grandes subiendo por mis piernas. ¿Estás en onda, nena? preguntó, y asentí, mordiéndome el labio.

Esto es una locura, pero qué chido se siente. Sus toques me queman, y quiero más.

Luis se paró detrás, besándome el cuello con labios suaves que sabían a sal. Sentí su verga dura presionando contra mi espalda, y un gemido se me escapó. Marco desató mi bikini de arriba, dejando mis tetas al aire fresco de la noche. Las tomó en sus manos, chupando un pezón con lengua experta, mientras Luis me quitaba la parte de abajo, exponiendo mi panocha lista para ellos.

El escalamiento fue pausado, delicioso. Me recostaron en la cama, y Marco se quitó la playera, mostrando ese pecho moreno y musculoso que olía a sudor limpio y mar. Luis lo siguió, sus cuerpos brillando bajo la luz tenue de la lámpara. Me besaron alternadamente, lenguas explorando mi boca, mi cuello, mis pechos. Eres una diosa, Ana, susurró Luis, mientras sus dedos rozaban mi clítoris hinchado, haciendo que mis caderas se arquearan.

Yo no me quedé atrás. Tomé la verga de Marco en mi mano, dura como piedra, palpitando caliente. La acaricié despacio, sintiendo las venas bajo mi palma, y él gruñó bajito. Así, mami, qué rico. Luis se acercó, y yo alterné, lamiendo la punta de la suya, saboreando ese gusto salado y masculino que me volvía loca. Sus gemidos llenaban la habitación, mezclados con el rumor del océano afuera. Esto es el paraíso, carnales, pensé, mientras el calor entre mis piernas se volvía insoportable.

Marco se posicionó entre mis muslos, su lengua bajando por mi vientre hasta llegar a mi centro. Lamía lento, chupando mi jugo con hambre, mientras Luis me besaba la boca y pellizcaba mis pezones. Sentía sus dedos dentro de mí, curvándose justo ahí, haciendo que olas de placer me recorrieran. ¡Ay, cabrones, no paren! grité, mis uñas clavándose en sus hombros. El olor a sexo empezaba a impregnar el aire, dulce y almizclado, con toques de nuestro sudor mezclado.

Querían más equilibrio, así que me puse de rodillas. Marco detrás, frotando su verga contra mi entrada húmeda. Dime si quieres, Ana, jadeó. ¡Sí, métela ya! respondí, y él empujó despacio, llenándome centímetro a centímetro. Ese estirón delicioso me hizo jadear. Luis frente a mí, su verga en mi boca, y yo la chupé con ganas, sintiendo cómo se hinchaba más. Movimientos sincronizados: Marco embistiendo profundo, sus bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas, Luis follando mi boca con cuidado pero firme.

Es perfecto, como un xnx trio de película, pero real y nuestro. Cambiamos posiciones fluidamente. Ahora yo encima de Luis, cabalgándolo con mis caderas girando, sintiendo su grosor rozando cada rincón adentro. Marco se unió, penetrándome el culo con lubricante fresco que hacía todo resbaloso y placentero. Doble penetración, llena hasta el tope, sus vergas frotándose separadas solo por una delgada pared. Gritos ahogados, pieles chocando con sonidos chapoteantes, el sabor de sus besos salados en mi lengua.

La tensión subía como marea alta. Mis músculos se contraían alrededor de ellos, ordeñándolos. Me vengo, pinches dioses, anuncié, y el orgasmo me golpeó como rayo: temblores violentos, jugos chorreando por mis muslos, visión borrosa de tanto placer. Ellos no tardaron. Luis explotó primero dentro de mí, su leche caliente inundándome, gruñendo mi nombre. Marco siguió, llenando mi culo con chorros calientes, su cuerpo temblando contra el mío.

Colapsamos en un enredo de piernas y brazos sudorosos, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. El ventilador secaba nuestro sudor, dejando un brillo en la piel. Marco me besó la frente, Luis acarició mi cabello. Eso fue épico, ¿verdad? Nuestro xnx trio perfecto, dijo Marco con voz ronca. Reímos bajito, exhaustos pero felices.

Nunca imaginé que con mis mejores amigos sería así de intenso, de conectados. Me siento poderosa, amada, satisfecha hasta los huesos.

Nos quedamos ahí, escuchando las olas, oliendo a sexo y mar, saboreando la paz del afterglow. Afuera, la luna iluminaba la playa, pero adentro habíamos creado nuestro propio mundo. Sabía que esto no era el fin, solo el principio de más noches locas. En Puerto Vallarta, con ellos, todo valía la pena.

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