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Trio Ardiente con Shemale

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Trio Ardiente con Shemale

La noche en Cancún estaba caliente como el infierno, con el aire cargado de sal marina y el ritmo de la música reggaetón retumbando en el beach club. Yo, Marco, acababa de llegar con mi novia Lupe, esa morra preciosa con curvas que te hacen babear y una sonrisa que ilumina todo. Habíamos venido de la CDMX a desconectarnos, a gozar como se debe en vacaciones. Lupe traía un vestido rojo ceñido que dejaba poco a la imaginación, y yo no podía quitarle las manos de encima desde que bajamos del avión.

Estábamos en la barra, pidiendo unos tequilas con limón, cuando la vi. Alta, con piernas interminables envueltas en un short de jean roto, una blusa escotada que mostraba unos senos perfectos y un cabello negro largo que caía como cascada. Pero lo que me dejó con la boca seca fue su mirada: felina, juguetona, con labios carnosos pintados de rojo fuego. Se llamaba Alexa, y cuando se acercó a pedir un trago, su voz ronca me erizó la piel. Órale, wey, esta morra es otra cosa, pensé, mientras Lupe la checaba de arriba abajo con una sonrisa pícara.

¿Vienen seguido por acá? —preguntó Alexa, inclinándose un poco para que oliéramos su perfume dulce, mezcla de vainilla y algo más primitivo, como deseo puro.

Charlamos un rato, riendo de tonterías, y neta que la química fluyó chida. Lupe, siempre la más aventada, soltó que andábamos abiertos a nuevas experiencias. Alexa arqueó una ceja, y ahí lo supe: esta noche iba a ser épica. Invitamos a Alexa a nuestra suite en el hotel de enfrente, con vista al mar. Caminamos por la playa, la arena tibia bajo los pies, el sonido de las olas rompiendo como un latido acelerado. Mi verga ya empezaba a despertar solo de imaginarlo.

En la habitación, las luces tenues del balcón pintaban todo de dorado. Abrí una botella de champagne que traíamos, el pop del corcho rompiendo el silencio cargado. Lupe se sentó en la cama king size, cruzando las piernas con gracia, y Alexa se paró frente a mí, tan cerca que sentía el calor de su cuerpo. ¿Será que esto es real? Un trio con shemale, justo como lo he fantaseado tantas veces, me dije, el corazón latiéndome a mil.

¿Listos para jugar? —susurró Alexa, su mano rozando mi brazo, enviando chispas por mi espina.

Lupe se levantó y la besó primero, un beso lento, húmedo, con lenguas que se enredaban como serpientes. Yo las vi, hipnotizado, oliendo su excitación en el aire: ese aroma almizclado que te pone cachondo al instante. Me uní, besando el cuello de Lupe mientras Alexa me desabotonaba la camisa, sus uñas largas arañando mi pecho suavemente. La piel de Alexa era suave como seda, pero firme, y cuando su mano bajó a mi pantalón, sentí su paquete endureciéndose contra mi muslo. Era shemale, sí, pero tan mujer en todo lo demás que me volvía loco.

Nos quitamos la ropa despacio, saboreando cada revelación. Lupe gemía bajito mientras Alexa le chupaba los pezones, duros como piedras, y yo lamía el ombligo de Alexa, bajando hasta su verga semierecta, gruesa y venosa, con un olor masculino mezclado con su esencia femenina. Neta, esto es el paraíso. Lupe se arrodilló conmigo, y juntas —bueno, los tres— nos turnamos en mamarla. La boca de Lupe era caliente, jugosa, y la de Alexa experta, succionando con un ritmo que me hacía jadear.

La tensión crecía como una tormenta. Lupe se recostó en la cama, abriendo las piernas, su coño rosado brillando de humedad. Alexa y yo la devoramos: yo lamiendo su clítoris hinchado, saboreando su jugo dulce y salado, mientras Alexa le metía dos dedos, curvándolos para tocar ese punto que la hacía arquear la espalda.

¡Ay, cabrones, no paren! —gritaba Lupe, sus uñas clavándose en las sábanas.
El sonido de los labios chupando, los gemidos ahogados, el crujir de la cama... todo se mezclaba en una sinfonía de placer.

Pero yo quería más. Alexa me empujó contra el colchón, montándose en mi cara. Su verga rozaba mis labios mientras yo la lamía, tragándome su pre-semen salado, y Lupe se sentó en mi verga, cabalgándome despacio al principio, su coño apretado envolviéndome como un guante caliente. Siento su calor, su pulso latiendo contra el mío. Alexa se movía, frotando su verga contra mi pecho, dejando rastros húmedos que olían a sexo puro.

Intercambiamos posiciones como en un baile erótico. Ahora Alexa penetraba a Lupe por atrás, doggy style, mientras yo la chupaba desde abajo, sintiendo la verga de Alexa entrar y salir, rozando mi lengua. Lupe gritaba de placer, sus tetas balanceándose, sudor perlando su piel morena. —

¡Más duro, Alexa, fóllame como puta! —pedía, y Alexa obedecía, sus caderas chocando con un slap slap rítmico.

Mi turno llegó. Me puse de rodillas, y Alexa me untó lubricante fresco, frío al principio, que se calentó rápido con mi piel. Entró en mí despacio, centímetro a centímetro, esa sensación de plenitud ardiente que me hacía gemir como loco. Lupe se acostó debajo, mamándome la verga mientras Alexa me cogía, sus bolas golpeando mi culo. El dolor se mezcla con éxtasis, su verga llenándome, pulsando dentro. Olía a sudor, a lubricante, a mar lejano. Los gemidos se volvieron rugidos; Lupe se masturbaba viéndonos, sus dedos chapoteando en su coño empapado.

La intensidad subía. Cambiamos otra vez: yo follaba a Lupe misionero, profundo y lento, mientras Alexa me la metía por atrás a mí, los tres conectados en una cadena de placer. Sentía su verga rozando la mía a través de la delgada pared, un roce fantasma que nos volvía locos. Lupe clavaba las uñas en mi espalda,

¡Ven, amor, lléname!
y Alexa aceleraba, su respiración jadeante en mi oído.

El clímax se acercaba como una ola gigante. Primero Lupe, convulsionando, su coño apretándome la verga mientras squirteaba, mojándonos a todos con su esencia dulce. —

¡Me vengo, pinches cabrones!
—chilló. Yo no aguanté más, explotando dentro de ella, chorros calientes que la llenaban, mi cuerpo temblando. Alexa salió de mí y se masturbó furiosa sobre nosotras, su leche espesa salpicando tetas y caras, caliente y pegajosa.

Caímos exhaustos en la cama revuelta, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El aire olía a sexo crudo, a satisfacción profunda. Lupe se acurrucó en mi pecho, Alexa a mi lado, su mano aún acariciando mi verga flácida. Esto fue más que un trio con shemale; fue conexión pura, deseo compartido sin límites.

Nos duchamos juntos después, risas y besos bajo el agua tibia, jabón resbalando por curvas y músculos. Salimos al balcón, envueltos en toallas, viendo el amanecer teñir el mar de rosa. Lupe susurró: —

La neta, wey, hay que repetir.
Alexa sonrió, y yo supe que esta aventura nos había cambiado para siempre. En ese momento, con el sol besando nuestra piel, sentí una paz chida, un afterglow que duraría días.

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