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Venus Prueba Verga Enorme

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Venus Prueba Verga Enorme

El sol de Playa del Carmen se ponía como un chisme ardiente, tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejaban en el mar Caribe. Yo, Venus, con mi vestido ligero de tirantes que se pegaba a mi piel sudada por el calor húmedo, caminaba por la arena tibia, sintiendo cada grano rozándome los pies descalzos. Hacía meses que no salía de la rutina de la ciudad, y esa noche quería soltarme el pelo. ¿Por qué no? pensé, mientras el olor a sal y coco de los vendedores ambulantes me envolvía. Mis amigas en Monterrey me habían contado historias locas de vergas enormes que las habían dejado temblando, y yo, con mi curiosidad de siempre, me preguntaba si alguna vez probaría una de esas.

Ahí lo vi. Marco, un moreno alto y fornido, con ojos cafés que brillaban como el tequila bajo las luces de la fiesta playera. Estaba rodeado de risas y chelas frías, pero cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí un cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo ya supiera lo que venía. Se acercó con esa sonrisa pícara, oliendo a loción fresca y mar. "Órale, mamacita, ¿vienes sola o traes a alguien que te cuide?", me dijo con voz grave, extendiendo una mano grande y callosa.

Le seguí el juego. "Sola, pero no desprotegida, cabrón", respondí, riendo mientras chocábamos las botellas de cerveza helada. Hablamos de todo: de la vida en la Riviera Maya, de tacos al pastor que extrañaba de DF, de cómo el mar te hace sentir vivo. Su risa era ronca, vibrante, y cada vez que se inclinaba, su pecho musculoso rozaba mi brazo, enviando chispas por mi piel. El deseo empezó como un calor bajito en mi vientre, subiendo lento.

Esta noche, Venus, vas a probar algo grande. Algo que te haga gritar.

La fiesta se ponía más intensa con la música de cumbia rebajada retumbando en los parlantes, cuerpos bailando pegados bajo las palmeras. Marco me jaló a la pista, sus manos en mi cintura firme pero suave, guiándome al ritmo. Sentí su aliento caliente en mi cuello cuando me susurró: "Estás bien rica, Venus. Me traes loco". Mi corazón latía fuerte, el sudor nos unía, y cuando su cadera rozó la mía, ay, Dios, sentí la dureza presionando contra mí. Era enorme, inconfundible. Mi panocha se mojó al instante, un pulso caliente y húmedo que me hacía apretar los muslos.

Acto de escalada. Nos escabullimos de la fiesta hacia su bungaló en la playa, el sonido de las olas rompiendo como un tambor lejano. Adentro, el aire olía a sándalo y deseo, la luz tenue de las velas bailando en las paredes de madera. Nos besamos con hambre, sus labios carnosos saboreando a sal y cerveza, su lengua explorando mi boca como si fuera un tesoro. Mis manos bajaron por su espalda, arañando suave su piel morena, cálida como el sol del mediodía.

Me quitó el vestido despacio, sus dedos ásperos rozando mis pezones que se endurecieron al aire fresco. "Qué chula eres, Venus", murmuró, lamiendo mi cuello, bajando por mis tetas hasta chuparlas con succiones que me arrancaban gemidos. Yo, jadeante, metí la mano en su short. Santa madre, era verdad. Mi mano apenas lo abarcaba. Grueso, venoso, latiendo caliente contra mi palma. "¿Te gusta, preciosa?", preguntó con voz ronca, mientras yo lo acariciaba, sintiendo su pre-semen resbaloso en mi dedo.

Venus tries huge cock. Sí, cabrón, justo esto es lo que quiero. Probar esta verga enorme que me va a partir en dos.

Me arrodillé, el piso de madera fresca bajo mis rodillas, y lo miré desde abajo, esa torre de carne palpitante frente a mi cara. Olía a hombre puro, almizclado, excitante. Abrí la boca y lo lamí desde la base, saboreando la piel salada, subiendo hasta la cabeza hinchada. Gemí al sentirlo tan grande, estirando mis labios. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo: "Así, mija, chúpamela rica". Lo tragué lo más que pude, mi lengua girando, saliva chorreando, mientras mis manos lo masajeaban. El sonido de su respiración agitada, mis arcadas suaves, el slap de mi boca contra él... todo me volvía loca. Mi clítoris palpitaba, pidiendo atención.

Me levantó como si no pesara nada, sus brazos fuertes rodeándome, y me llevó a la cama king size con sábanas de algodón crujiente. Me abrió las piernas, besando mi interior de muslos, oliendo mi excitación. "Hueles a miel, Venus", dijo antes de hundir la lengua en mi panocha empapada. ¡Qué rico! Lamía mi clítoris con maestría, chupando, metiendo dos dedos gruesos que me abrían, curvándolos contra mi punto G. Grité, arqueándome, el placer como olas chocando. "¡Sí, Marco, no pares, pendejo delicioso!" Mis jugos le corrían por la barbilla, el cuarto lleno del sonido chapoteante y mis alaridos.

Pero quería más. Lo empujé sobre la cama, montándome encima, frotando mi entrada húmeda contra su vergón enorme. Sentí la presión, el estiramiento lento al bajar. Dolor y placer puro. "Despacio, amor", jadeó él, agarrando mis caderas. Inch por pulgada, lo acomodé dentro, mi pared vaginal cediendo, llena como nunca.

Esto es Venus probando verga enorme. Me siento reina, poderosa, rota y recompuesta.
Empecé a moverme, cabalgándolo con ritmo, mis tetas rebotando, sudor goteando entre nosotros. Él embestía desde abajo, profundo, golpeando mi cervix con cada thrust. El slap de piel contra piel, mis gemidos roncos, su "¡Qué apretada, carajo!"... la tensión subía como un volcán.

Cambié de posición, él atrás, doggy style sobre las almohadas suaves. Sus manos en mi culo, abriéndome, y entró de nuevo, más duro. Cada embestida mandaba ondas de éxtasis por mi espina, mi clítoris rozando la sábana áspera. Olía a sexo crudo, a nosotros dos fundidos. "¡Más fuerte, cabrón!", exigí, empoderada, controlando el ritmo con mis caderas. Él obedecía, gruñendo como animal, su verga enorme pulsando dentro.

El clímax llegó como tormenta. Primero yo, explotando en espasmos, mi panocha contrayéndose alrededor de él, chorros calientes saliendo, gritando su nombre. Él se corrió segundos después, llenándome con chorros espesos y calientes, su cuerpo temblando contra el mío. Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos, el corazón tronando en unisono.

El afterglow. Yacíamos enredados, el mar susurrando afuera, brisa fresca secando nuestro sudor. Marco me besó la frente, suave. "Eres increíble, Venus". Yo sonreí, sintiéndome plena, saciada. Lo probé. Venus tries huge cock y sobrevivió para contarlo. No era solo sexo; era conexión, liberación. Mañana volvería a mi vida, pero con este recuerdo ardiente grabado en la piel, en el alma. El deseo satisfecho deja un eco dulce, prometiendo más aventuras bajo el sol mexicano.

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